Mi 2018 acaba con un gran desasosiego y desconfío que estas fiestas me devuelvan un poco de cordura. En estos últimos siete días un cowboy disfrazado de guardia urbano le ha pegado un tiro en la cabeza a la perra de un joven sin techo en plena calle; un mozo de Escuadra se ha reído en la cara de un patriota de su república antes de abrirle la cabeza con la porra y los concejales convergentes, republicanos y cuperos de Barcelona han hecho novillos del pleno para manifestarse contra Sánchez. En el caso de los dos primeros, ya está bien porque les pagamos para que nos peguen y disparen. En el caso de los segundos, no. Así que espero que les descuenten del sueldo las horas no trabajadas como nos hacen al resto de mortales cuando hacemos huelga.

Como pasa siempre, los árboles no nos dejan ver el bosque. Por eso, de la victoria del patriota Graupera en la primera vuelta de unas falsas primarias para encabezar la lista de la ANC en Barcelona ya casi nadie se acuerda. Según el comunicado del lunes 17, el filósofo –que no periodista- se ha impuesto por 7.700 votos al otro candidato, un tal Alsina que no acierta ni una y que no ha llegado ni a los 2.000. Teniendo en cuenta que la población de Barcelona es de poco más de 1,6 millones de habitantes, vaticino para Graupera un futuro muy negro como alcalde. Ahora que también podría estar equivocada si al final lo adopta alguien que no sea Neus Munté.

El escogido para salvarnos se ha declarado muy satisfecho de su genuina victoria  y ha recordado que “no existe ningún partido barcelonés que haya presentado nunca candidatos con tanto aval social, tanta participación, tanto debate y tanta relación entre votantes y acción política”. Dejando de lado el tanto de todo que empacha, Graupera empieza mal si se cree que poniendo a parir a la competencia –y sobre todo sus formas poco democráticas de confeccionar las listas- hará algún amigo. La segunda vuelta del culebrón de este chico de buena familia se ha hecho este fin de semana pasado, pero todo el pescado ya estaba vendido.

Queda lejos aquel lluvioso y traumático 1-O cuando el filósofo se arrastró  por el suelo con su traje de Armani. Supongo que escarmentado por la clavada de la tintorería, Graupera debe de haber pensado que es mejor ver los toros desde la barrera con un sueldo espléndido que le garantice la limpieza en seco de los trajes. Y la primera oportunidad de buscarse un lugar seguro son las elecciones municipales (si no hay sorpresas de última hora).

El cabeza de cartel barcelonés de uno de los dos lobbies independentistas ha comenzado a desgranar su programa electoral. Destaco que quiere legalizar el top manta concediendo licencias de venta ambulante y olvidando que los manteros no tienen ni para pipas; y rechaza regular el parque de viviendas y muchos menos reservar el 30% de las promociones privadas a vivienda pública. Él considera que la regulación de los precios es un medida anticapitalista que “degradará” el parque de viviendas barcelonés. Mejor seguir como estamos ahora: quien no pueda pagarse cuatro paredes y un techo, que viva bajo un puente.

El periodista –este sí- Manel Lucas ya avisaba el pasado abril de los parecidos entre el independentista Graupera y el dependentista Valls. Los dos son de derechas y provienen de la burguesía catalana, los dos utilizan Barcelona de plataforma para otras guerras, los dos se creen que están aquí para salvarnos y los dos están aburridos y juegan a hacer política. Igual que el Ciudadano Valls, Graupera dice que no quiere que la hAda Colau repita como alcaldesa y se entiende. También coincide con el jacobino en que no es de derechas ni de izquierdas, cosa que solo dicen los que son de derechas.

Graupera se autodefine pluralista. Yo, que soy una ignorante, he buscado qué demonios significa el palabro y he descubierto que eran un grupo de filósofos griegos que –y cito la Wikipedia- “optaban por una explicación mecanicista del mundo”. También se define el pluralismo como una tendencia filosófica próxima al relativismo que alimenta la teoría liberal, tal como afirma Isaiah Berlin, uno de sus principales pensadores del siglo pasado. Si este 2019 dudáis entre votar a Graupera o a Valls, es que también podéis votar al popular Bou. La patria es relativa. El dinero, no.