Recuerdo que de pequeño me tragaba con deleite los casos del televisivo abogado Perry Mason. Incluso, llegué a leer alguna novela de Erle Stanley Gardner, creador del famoso letrado. Ahora, por razones diferentes, me trago el juicio del 'procés'. Desengañémonos, no es lo mismo. Allí, Mason, interpretado elegantemente por el célebre Raymond Burr, con singular maestría discernía los buenos de los malos sin casi parpadear, y, siempre, inseparablemente, los malos acababan enchironados. Aquí, a pesar de los errores cometidos en el trajín del ‘procés’, que no han sido pocos, uno tiene la sensación de que los pretendidos malos no lo son, o no tanto, y que todo ello se nos ha salido de madre.

Un día coincidí con Josep Rull en una tertulia en RAC1 y otro entrevisté Oriol Junqueras para la revista El Jueves. Así, cuando el juez Manuel Marchena pregunta en el juicio del ‘procés’ a los testigos el grado de consanguinidad y/o amistad con los acusados ​​para saber si esto puede condicionar la veracidad de sus testimonios, yo podría testimoniar sin ninguna incompatibilidad, ya que no guardo con ellos ninguna otra relación que la descrita y, por tanto, no me une a ellos ningún grado de amistad. Sin embargo, siempre me pregunto qué pasaría si uno de los testigos, tras confesar amistad con alguno de los acusados, declarara que no se ve capaz de declarar sin condicionantes...

Fue después de la trágica confesión del ex presidente Jordi Pujol y antes de las elecciones de 2015. Por lo tanto, si bien ya comenzaba a encresparse la tormenta procesal, eran tiempos menos convulsos. Tras la tertulia con Rull, conversamos haciendo corro entre pasillos de la emisora ​​del grupo Godó, hablando de lo humano y lo divino. Afable. Recuerdo que hablamos de Igualada después de que me identificara como igualadino. Me quedó claro que, como buen consejero de Territorio, tenía Cataluña en la cabeza. Desconozco como la conversación nos llevó a ello, pero también terminamos hablando de Tintín, personaje del que ambos somos fans. Todo fue muy fugaz.

Después, en el Parlamento, entrevisté a Junqueras. Teníamos una hora estipulada, pero por unos movimientos inesperados en el orden de día del pleno del Parlamento, no duró ni veinte minutos. Hablando de independencia, me juraba y perjurio que todos viviríamos mejor: Cataluña, pero también España. Titulé: "Vamos a ser muy buenos vecinos". Incrédulo, le pregunté por un plan b y me dijo que sólo tenía un plan: "Democracia". Le pregunté por su huerto y me confesó que lo tenía descuidado, sólo había plantado guisantes. Me encantan. Después, cuando ya se habían agotado los veinte minutos, prorrogamos para hablar de Igualada, también; hace cuatro años de aquella conversación y faltaba poco para las elecciones municipales; le habían informado mal y su porra sobre el resultado en la capital del Anoia no era demasiado realista y discutimos el tema amigablemente unos pocos minutos.

Ahora, ambos están en la cárcel, y con ellos siete líderes independentistas más que, junto con tres ex consejeros, que en este caso no están en prisión, están siendo juzgados por el Tribunal Supremo. Más allá de Tintín y los guisantes, nos unen pocas cosas más. Sin embargo, y a pesar de ser crítico a cómo se han hecho las cosas, no puedo evitar recordar aquellos encuentros y lamentar la desproporción de la prisión provisional y de las penas que se solicitan. Y, como este es un país pequeño, "que desde lo alto de un campanario siempre se puede ver el campanario vecino", es fácil pensar que los catalanes arrastran encuentros más o menos estrechos con los líderes encarcelados y deducir desasosiego entre la sociedad catalana, independentista o no.

Volviendo al inicio. En el caso del juicio del proceso, quien sería Perry Mason? Tras unas primeras dudas iniciales, ahora me decantaría por el abogado de Quim Forn y Meritxell Borràs, Xavier Melero. Con su toga afilada, el letrado se ha ganado el honor.