Han pasado diez años del terremoto que sacudió Haití. Poco antes de las cinco de la tarde del 12 de enero de 2010, el terremoto, de 7,3 grados en la escalera de Richter, se produjo a 10 kilómetros de profundidad y a 15 de la capital, Puerto Príncipe. Duró unos 35 segundos y fue devastador. Murieron 316.000 personas. Cerca de 400.000 resultaron heridas. Miles sufrieron mutilaciones. Un millón y medio tuvieron que buscar un lugar donde vivir. Más de 100.000 viviendas resultaron totalmente destruidas y 200.000 sufrieron daños muy graves.

Estos días, muchos medios de comunicación han girado un rato la mirada hacia aquel país caribeño. Y han constatado que, a pesar del alud de ayuda humanitaria que aterrizó entonces allí, continúa siendo el más pobre de América Latina. Andrea Costafreda, directora de programas de América Latina y el Caribe de Oxfam Intermón, cifra en seis de cada diez el número de haitianos que viven con menos de dos dólares al día. Desde hace meses, se producen protestas en las principales ciudades contra la corrupción de la clase política y la situación de emergencia social histórica en que está instalado el país.

Cambian los presidentes, caen los primeros ministros uno tras otro pero la población se siendo abandonada. Muchos dinero de la ayuda humanitaria no se sabe muy bien donde fueron a parar y la gran mayoría no pasaron por la administración haitiana. Todavía hay 34.000 personas que perdieron sus casas por culpa del terremoto y que viven en campamentos temporales. Uno de cada tres haitianos necesita ayuda alimentaria. En los diez últimos años, el país ha sufrido varios ciclones y sequías, otro terremoto y una epidemia de cólera que ha provocado más de 9.000 muertos.

Costafreda no subscribe la idea de que el mundo se ha olvidado de Haití. Su organización trabajaba antes del terremoto y continúa haciéndolo ahora. Haití, sin embargo, no aparece nunca en nuestros medios de comunicación. El dibujante Forges reclamaba nuestra atención cuando en sus viñetas incluía un llamamiento: "Pero no te olvides de Haití". Cuando se cumplieron cinco años del terremoto dibujó una donde las dos viejecitas con mantilla que salían en ellas a menudo lo recordaban. "Pero no te olvides de Haití" decía una y la otra añadía "...5 años ya del terremoto y too sigue esborciolao". "¡Quinjusticia!", remachaba la primera.

¡Qué injusticia, sí!

¿Seguro que no nos hemos olvidado de Haití?