El patrimonio privado depositado en paraísos fiscales se estima en unos 6 billones de dólares; un 8% de la riqueza financiera mundial. El 80% de este patrimonio pertenece al 0,01% más rico de la población.

Son datos del informe Presente y futuro de los paraísos fiscales, del Instituto de Economía de la Universitat de Barcelona. Pera su elaboración se han usado, entre otras, las filtraciones de datos de clientes del banco suizo HSBC y del bufete panameño Mossack Fonseca, los conocidos como Papeles de Panamá. En esta filtración figuran 2.000 personalidades españolas; gente del mundo de la cultura, el arte, políticos, empresarios, deportistas y banqueros.

Según el informe de la Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales del Ministerio de Economía, en 2016, en España hubo más de 414.000 transferencias superiores a 30.000 euros a paraísos fiscales.

Se denomina paraíso fiscal el país o territorio que tiene un sistema tributario muy favorable para los ciudadanos o empresas no residentes y en el que generalmente domina el secreto bancario y el anonimato de los titulares. No todas las inversiones son ilegales. Tener sociedades, inversiones o cuentas en lugares como las Islas Caimán, Suiza o Delaware no es ilegal; lo que es ilegal es no declarar su existencia y no pagar los impuestos en el país de origen. En general, el objetivo de usar los paraísos fiscales es esconder patrimonio y su rentabilidad. tro objetivo mucho más oscuro es esconder dinero negro procedente de corrupción política o de acciones criminales.

En el año 2017 se filtraron los famosos Paradise Papers en los que aparecen más de 120.000 personas y empresas de todo el mundo con inversiones en paraísos fiscales. Entre ellos destacan políticos de la Casa Blanca, de Canadá, y otros países, oligarcas rusos, deportistas, empresarios, profesionales, cantantes, millonarios africanos y grandes multinacionales.

Los países más importantes del mundo, el G20, muy asustados por la crisis financiera de 2008, pidieron a la OCDE que identificara los territorios que no cooperaban en la lucha contra la evasión fiscal. Aparecieron los sospechosos habituales como Andorra, Gibraltar, las islas del Canal (Jersey, Guernsey, Man), Suiza y un largo etcétera. La presión internacional hizo que estos, para no aparecer en la lista negra, firmaran tratados de intercambio de información fiscal con los países de los inversores, simulando así, no ser paraíso fiscal (Suiza, por ejemplo). Pero el resultado final es que a pesar de los acuerdos, las agencias tributarias y los jueces no tienen fácil ni rápido acceso a esta información. Esto supone que millones de delincuentes fiscales no pagan lo que tendrían que pagar y no son sancionados.

En unas sorprendentes conclusiones, el G-20 reunido en junio de 2017, consideró que ya sólo había un paraíso fiscal, mientras que la ONG Oxfam, que incluye los países con baja o nula tributación, considera que hay 73 y entre ellos figuran países como Holanda o Irlanda.

En los últimos años ha habido una recuperación del crecimiento económico, que ha creado riqueza, la cual en buena parte ha ido a parar a un número reducido de personas que la han transferido a paraísos fiscales. La evasión fiscal supone una menor recaudación de impuestos que son necesarios para financiar servicios públicos como la sanidad o la educación y, por lo tanto, contribuye a aumentar la desigualdad social. Cada euro que se deja de pagar en impuestos, es un euro que se traduce en la degradación de los servicios públicos, o que injustamente tienen que pagar el resto de contribuyentes.

En Catalunya se estima que en 2015, la pérdida de recaudación por la no declaración de activos financieros en paraísos fiscales fue de 187 millones de euros en el impuesto sobre el patrimonio y de 110 millones en sucesiones y donaciones. En estas cifras no se incluye el IRPF, el impuesto más importante.

Los paraísos fiscales no son un instrumento financiero neutro sin consecuencias, son un atentado económico y moral a la sociedad. ¿Qué impide la eliminación de los paraísos fiscales que tantos prejuicios provocan? El poder de los poderosos y de sus lobbys son más fuertes que los gobiernos. Son ellos los que frenan cualquier intento de eliminar un instrumento tan injusto y moralmente condenable. Y así de bien, va el mundo.