Se nos va 2014, el de la conmemoración del Tricentenario, con una "sorprendente" encuesta del Centro de Estudios de Opinión (CEO) de Presidencia de la Generalitat donde, por primera vez, aflora una realidad ya intuida por todo el mundo que en este país mantenga el cerebro frío: la independencia no es la opción mayoritaria de la sociedad catalana. Encuesta "sorprendente", porque no estaba programada en las previsiones del CEO, porque se ha hecho deprisa y corriendo, porque la muestra demoscópica ha sido muy pequeña y porque la empresa elegida para hacer el trabajo de campo, el Instituto Dym, no es la misma que acostumbra a realizar el Barómetro de Opinión Política (BOP), la sociedad Opinòmetre SL.

El otro dato clave que ofrece esta encuesta –escandalosamente "cocinada", como todas las que hace el CEO- es que CiU ganaría a ERC en unas elecciones al Parlament de Catalunya, rompiendo el supuesto ascenso imparable de Oriol Junqueras que reflejaban los últimos BOP. ¿Qué sentido tiene este "misil", en forma de encuesta, que Presidencia de la Generalitat ha enviado a Esquerra? Pues que la independencia sólo será "posible" a partir de la lista unitaria que reclama el presidente Artur Mas y que, supuestamente, tendría un efecto multiplicador en la opinión pública. Es decir: si quiere "realmente" la independencia, ERC se tiene que dejar hacer la OPA por CDC.

Las elecciones municipales están a la vuelta de la esquina y los alcaldes convergentes están cada vez más nerviosos. La confesión del expresidente Jordi Pujol del 25 de julio, admitiendo que tenía dinero no declarado e el extranjero, ha sido un terremoto de efectos demoledores. Inevitablemente, las siglas de CDC ya están asociadas a la corrupción y esto el electorado lo castigará duramente en las urnas. Los alcaldes y cargos municipales lo saben muy bien. ¿Cómo puede aspirar a ganar, por ejemplo, el actual alcalde de Reus, Carles Pellicer, presentándose a los comicios del 25 de mayo en nombre de un partido totalmente desacreditado? La oposición lo tiene muy fácil para batirlo.

Para entendernos, no es lo mismo el caso Gürtel que el caso Pujol. El PP puede hacer limpieza de sus cargos corruptos y mantener las siglas presentando unas caras nuevas. En este caso prima la ideología –la derecha españolista- por encima de sus dirigentes coyunturales de cada momento. Pero Convergència ha sido y es Jordi Pujol: un partido fundado y estructurado al servicio de un líder y de sus intereses, que confundía perversamente con los de "Catalunya". Con el 'clan Pujol' imputado por una retahíla de casos de corrupción es "todo" CDC quien sufre las consecuencias.

Artur Mas vive en una olla a presión. Sabe que tiene que refundar el partido antes de las elecciones municipales, porque si no el revés en las urnas será monumental. La única manera de hacerlo es "absorbiendo" a ERC y a la ANC en una lista unitaria, que sirva tanto para unas hipotéticas plebiscitarias como, y esto es lo que cuenta de verdad, para las próximas municipales. Pero la operación es de altísimo riesgo y el calendario aprieta: la fecha tope para disolver el Parlament y hacer las plebiscitarias vence el próximo 29 de enero, dos días después de que el matrimonio Pujol y tres de sus hijos comparezcan en el juzgado de instrucción n. 31 de Barcelona por el caso de los dineros de Andorra.

Este es la urgencia del presidente de la Generalitat: convencer a Oriol Junqueras que es imprescindible, con la "zanahoria" de la independencia, fusionar CDC y ERC para que los "pecados" de la familia Pujol queden perdonados y olvidados y, en cambio, pueda perdurar el pujolismo. En los próximos días y semanas la ofensiva del "Sometent mediático" –debidamente untado e instruido desde Presidencia- contra Oriol Junqueras para que acepte la fórmula de la lista unitaria propuesta por Artur Mas será brutal.

Ahora bien, y siguiendo con el ejemplo de Reus: ¿aceptará la sección local de ERC formar una lista conjunta con Carles Pellicer de cara al 25 de mayo? Esta es la cuestión. No son las plebiscitarias, ¡son las municipales!