Cuando se recurre a la poesía para hablar de política, se suele correr el riesgo muy grave de equivocarse. Muy a menudo pasa también cuando los eslóganes y los lemas políticos se limitan a copiar la poesía, a hacer un uso abusivo de ella. En Catalunya esto ha tenido y tiene muchos ejemplos a lo largo de la historia. Tenemos unos cuántos de muy recientes. Decir, de forma enfática y solemne, que "todo está por hacer" y que "todo es posible", unas frases de una belleza poética muy expresiva y contundente, políticamente es un disparate monumental. Ni "todo está por hacer", afortunadamente, ni "todo es posible", desgraciadamente.

No "todo está por hacer", por suerte, porque la mucho más que milenaria historia de la humanidad entera es la sucesión ininterrumpida de acontecimientos que nos han traído a la situación actual, aquí y en todo el mundo. Con innumerables errores de consecuencias negativas, muy a menudo dramáticas y trágicas, pero también con un número incontable de aciertos, la historia de la humanidad nos ha permitido avanzar hasta lograr unos niveles de bienestar vital muy superiores a los de nuestros antepasados, sobre todo los más lejanos pero también los más recientes. Es muy cierto que continuamos teniendo carencias muy graves, que hay unos niveles estremecedores de desigualdad territorial y social, que hay todavía por todas partes, y también aquí, bolsas de pobreza e incluso de miseria. Pero nadie puede negar que el mundo de hoy, en estas primeras décadas del siglo XXI, es un mundo donde la gran mayoría de la población mundial vive más años, con mejor salud y con mejores condiciones de vida. Sí, a pesar de todas las carencias, de todos los déficits no sólo económicos y sociales sino también políticos, de carencia de justicia, libertad y paz, el mundo de ahora es sustancialmente mejor y mucho más vivible que los anteriores. Y en nuestro país, tanto en Catalunya en concreto cómo en el conjunto de España, esta mejora ha sido espectacular después de la caída de la dictadura. Está claro que nos queda mucho, quizás muchísimo, por hacer. Pero "no todo está por hacer". Afortunadamente.

Y no, no "todo es posible". Lamentablemente, no lo ha sido nunca, tampoco lo es ahora y no lo será tampoco en el futuro, por mucho que algunos todavía quieran creer en espejismos poéticos. Quienes tienen esta fe en una utopía mágica suelen olvidar que detrás de todas las grandes utopías de la historia, desde las grandes religiones y grandes corrientes espirituales hasta todas las ideologías y políticas iliberales, y por lo tanto con principios autoritarios, dogmáticos y totalitarios, y como consecuencia de su concreción práctica, se han producido, a lo largo de toda la historia de la humanidad, las peores grandes tragedias humanitarias: invasiones, guerras, genocidios, exterminios masivos, odios étnicos, crueles persecuciones contra todo tipo de disidentes… La historia nos demuestra claramente como, desde los tiempos más lejanos hasta la actualidad que nos toca vivir, bajo algunas interpretaciones demagógicas de este tan utópico y alentador lema del "todo es posible", en versiones muy diversas y muy a menudo incluso opuestas, se han cometido y se cometen todavía algunos de los crímenes más abominables. Porque demasiado a menudo el "todo es posible" sirve para justificar todos los medios, incluso los más perversos y detestables, para el logro de un objetivo que, además, no es alcanzado.

Ni "todo está para hacer", ni "todo es posible". Hay que desterrar ambas frases, de una belleza poética impresionante, ilusionante e impactante, a pesar de que son sueños o espejismos. Como mínimo nos hace falta desterrar estas frases del discurso político. Del mismo modo que nos hace falta desterrar todos los sueños y todos los espejismos, para pasar a hacer caso a aquel hombre tan sereno, lúcido y combativo que fue el escritor italiano Césare Pavese, que escribía que "libre es quien se inserta en la realidad y la transforma, no aquel que se mueve detrás las nubes". O hacer caso a otro inteligente y combativo pensador italiano, António Gramsci, que escribió aquello de "contra el pesimismo de la inteligencia, el optimismo de la voluntad". O del mismo Gramsci, tener presente siempre que "el viejo mundo muere; el nuevo tarde a aparecer, y en este claroscuro surgen los monstruos".

Ya sé que no son frases ilusionantes ni de impacto fácil, de aquellas que dominan en el lenguaje político habitual. Pero son frases a tener muy en cuenta, ahora y aquí pero también siempre y por todas partes. Cuando menos, por parte de aquellos que no confundimos los espejismos con los espejos y que abonimamos de aquello de "cuanto peor, mejor".