El semanario EL TRIANGLE ha iniciado la publicación de los Papeles Secretos de Pujol. Se trata de un voluminoso archivo que permite conocer con detalle el funcionamiento interno del gobierno de la Generalitat durante los años 80 y 90 del siglo pasado, con multitud de documentos escritos de puño y letra por el mismo Jordi Pujol.

La mayor parte de este archivo tiene un interés histórico -¡todo esto pasó hace más de 20 años!-, pero retrata, de manera precisa, un estilo de ejercer el poder con criterios autoritarios, muy a menudo arbitrarios y sesgados para favorecer intereses empresariales y partidistas muy concretos. Una de las piezas documentales más relevantes de este archivo es el Plan de Nacionalización para manipular y controlar la sociedad catalana, que empezamos a publicar en la pasada edición y que continuamos exhumando esta semana. Este documento –a pesar que de él hay referencias periodísticas en el pasado- era hasta ahora inédito en su integridad.

La lectura del Plan de Nacionalización, que consta de 33 páginas y tres anexos -con una relación final de las personas encargadas de ejecutarlo- pone los pelos de punta. Se trata de una guía exhaustiva para conseguir la adhesión efectiva de la población catalana a la doctrina identitaria y profundamente reaccionaria que caracteriza el pensamiento político de Jordi Pujol. Entre los responsables de propagarla e inocularla destacan los maestros, los periodistas y los intelectuales.

Este documento, que lleva fecha del 10 de agosto del 1990, es importante porque ayuda a entender qué ha pasado en Cataluña en los últimos años y, sobre todo, porque enlaza, sin solución de continuidad, con los acontecimientos que nos marcan el presente, con políticos independentistas en prisión y otros desplazados en el extranjero. El Plan de Nacionalización de Jordi Pujol es la piedra Rosetta que nos permite descifrar las lamentables vicisitudes que nos ha tocado vivir y que han llevado a Cataluña al actual colapso institucional y político.

La mentalidad uniformizadora y totalitaria que destila este documento es totalmente contraria a los principios de libertad y pluralidad inherentes a la democracia. A un pueblo confiado y abierto, que acababa de salir de una larga dictadura, se le aplicó, desde el poder de la Generalitat, un maquiavélico proyecto de ingeniería social perfectamente pautado, como refleja el Plan de Nacionalización. Todo esto, contando con los ingentes recursos económicos que daba el control de las administraciones en manos de Jordi Pujol y de su instrumento político, CDC, y la capacidad de influir en la orientación editorial de todos los medios de comunicación de Cataluña, untados con subvenciones y publicidad.

La publicación de este documento debería abrir una profunda reflexión y debate en la sociedad catalana. Su filosofía y su implementación han marcado a una parte considerable de la población, la que ahora –exasperada- protagoniza el movimiento independentista y que debería reconocer la perversa manipulación a la cual ha sido sometida desde el poder, de manera planificada.

Es curioso que el Plan de Nacionalización se elaborara en 1990. Es el mismo año que nació el semanario EL TRIANGLE, precisamente para hacer frente y combatir la deriva fascistoide que amenazaba la democracia en Cataluña. Obviamente, en aquel momento no teníamos conocimiento de este plan secreto diseñado y aprobado por el gobierno de la Generalitat, pero sus efectos –censura, omertà, “muerte civil” de los disidentes...- ya empezaban a ser evidentes y alarmantes.

Como periodista, yo tenía dos opciones: o doblegarme y resignarme al nuevo orden pujolista imperante o mantener, al precio que fuera, mi independencia y mi libertad profesional. Han pasado casi 30 años. El Plan de Nacionalización ha estado a punto de lograr sus objetivos finales. Solo el descubrimiento y denuncia de la asquerosa corrupción inherente a los regímenes con pulsiones totalitarias ha conseguido detenerlo y desmontarlo. Nos hemos salvado de milagro.

La sociedad catalana necesita hacer un reset, como sucedió en Alemania después de la derrota del nazismo. El punto de partida es el reconocimiento de nuestra diversidad en libertad y que el referéndum de independencia es un factor de división estéril y de enfrentamiento civil. Después de sufrir el Plan de Nacionalización necesitamos un Pla de Reconciliación

(Desgraciadamente, ni TV3 ni Catalunya Ràdio no se han hecho eco de los documentos que publica EL TRIANGLE. En el ámbito de los medios de comunicación públicos –convertidos en un reducto de hooligans procesistas- es urgente abrir las ventanas).