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Ahora que nos enfrentamos a un período de fuerte presión electoral, conviene reflexionar sobre las opciones que se nos presentan y quienes las proponen. Se habla mucho de líderes, carismáticos, tránsfugas, mediáticos, “doctorados”, sospechados, mediopensionistas y hasta llegan desocupados de países vecinos.

Todo vale, y me pregunto si es necesario que nos vendan “líderes” fabricados por los gurús creadores de campañas, o gente que por su trayectoria contrastada, sean un referente de coherencia ideológica, conciencia y respeto institucional, moral intachable, inteligencia demostrada y con la suficiente y exigible dosis de empatía para hacerse eco de los verdaderos problemas de los ciudadanos.

Me resisto y me niego a ser tratado como un gregario, que recurre al amparo de un líder por escases de ideas o iniciativas propias. Si analizamos las alternativas electorales que se nos presentan por la titularidad de los que las encabezan, nos están poniendo en un serio dilema de conciencia. Pero hemos llegado a este punto por el perverso sistema que nos impone los liderazgos. El líder es un ser casi divino, al que hay que seguir sin cuestionar, ni albergar la más mínima sombra de duda sobre sus decisiones, éstas se convierten en dogma de fe y sabemos que la fe está seriamente reñida con la razón y la realidad.

Recordemos célebres embarazos provocados por aves milagrosas. El sistema para sobrevivir se substancia en el alejamiento del ciudadano de sus compromisos cívicos, provoca una desafección que permite la manipulación y el total manejo de la vida pública por estamentos e intereses por desgracia ya conocidos.  Para tal fin se crean los líderes, con aureolas inventadas para acceder a su condición de incuestionables. Es un fenómeno planetario y lo hemos asimilado como normal. Hay en el mundo mandatarios que han asumido las más altas responsabilidades de sus países, acumulando más de un centenar de causas penales. Hemos asumido con total naturalidad algo que hace escaso medio siglo hubiera significado la muerte política del personaje en cuestión.

En el panorama político actual de España, estamos asistiendo a un verdadero aquelarre de personajes que compiten por ver quién gana más minutos de micrófonos o cámaras, seres que les da igual mentir que demostrar su lamentable anemia intelectual y moral. La sonrisa artificial, falsa y artera que dibujan en sus rostros es una de las facetas más identificativa de sus virtudes. Les preguntes lo que les preguntes, ellos se colocan la sonrisa y luego contestan. Son la imagen del triunfo, del sobrado que tiene las soluciones para todos los problemas de la humanidad, aunque no tengan ni puñetera idea de lo que le preguntan, ni de lo que responden. Alumnos aventajados de aquella Biblia de triunfadores que fue el “Como ganar amigos” de Dale Carnegie.  Ya vendrán otros micrófonos y otras cámaras que harán olvidar rápidamente las metidas de pata, las mentiras y los exabruptos.

Los líderes actuales invierten la mayor parte de su tiempo ante micrófonos y cámaras, nos venden figuras mediáticas no políticos. Llegado a este estado de cosas, también los medios de comunicación deberíamos hacer un acto de conciencia y asumir nuestra responsabilidad en el fenómeno. Conseguir un titular vendedor es la premisa, pero no debería ser el ley motiv de nuestra profesión.

Deberíamos exigir con todo rigor, las cuotas mínimas de seriedad y responsabilidad de nuestros interlocutores, de otra forma está siendo seriamente cuestionada nuestra razón de ser. La credibilidad de una profesión que nació para ser fiscalizadora y garante de las buenas praxis de los mandatarios en la vida pública ante la sociedad. Necesitamos POLITICOS, referentes intelectuales y morales, gente que asuma la alta responsabilidad de velar y trabajar por el bienestar y progreso de sus conciudadanos, conocedores profundos del significado del servicio público. Debemos exigirles compromisos constatables, justos e irrenunciables. La honestidad, la firmeza y la dignidad deben ser otros elementos exigibles e irrenunciables en la conducta de un mandatario.

Nuestra generación será responsable del futuro de nuestros descendiente. No podemos ni debemos dejar en manos de los vendedores de humo una responsabilidad tan grande. Necesitamos referentes no líderes.