En Catalunya, además de la larga tradición de luchas sanitarias de las asociaciones de vecinos, dentro del ámbito de la salud, que es el que conozco más de cerca y dónde he militado como activista desde que me jubilé en 2008, comenzamos el 2011 creando la Plataforma por el Derecho a la Salud, de protesta y defiensa contra los recortes, el euro por receta y las privatizaciones de servicios públicos.

Esta Plataforma dio paso a la constitución de la Marea Blanca de Catalunya el 2015, en que se pasó de la protesta a la propuesta con su Decálogo por un auténtico Servicio Nacional de Salud, los contenidos del cual fueron aportados por varias entidades, y fruto de las discusiones y seminarios de mucha gente (el CAPS, Dempeus, Pasucat, FOCAP, Defensa de la Sanidad Pública, GREDS-UPF, sindicados, partidos, asociaciones de vecinos y territoriales). 

¿Qué características tienen estos movimientos? Los movimientos´de luchas globales son reacciones de indignación sobre la situación en el mundo que explotan con fuerza, con consignas imaginativas y de contenido político: "No somos mercancía en manos de políticos y banqueros", "Democracia real, ya".

En estos movimientos de luchas globales, la primera fase de acciones suele ser limitada en el tiempo, no tienen continuidad directa. Mayoritariamente son protagonizadas por gente joven o de mediana edad, con presencia de las clases sociales favorecidas (universitarios, estudiantes, profesionales, clases medias...).

Por el contrario, en el caso de la salud que nos ocupa hay plataformas y acciones por problemas concretos o territoriales, suelen durar más tiempo y acaban teniendo un programa alternativo, incluso unas demandas a los políticos. Aquí la edad de los activistas es más variada, hay gente mayor (antiguos luchadores en otras batallas) y presencia de la gente de los barrios más desfavorecidos.

¿Qué tenemos que hacer? Los males los conocemos, los efectos los sufren, sobre todo, las personas más desfavorecidas, las desigualdades aumentan, los movimientos populares de respuesta están presentes, incluso hay movimientos politics que han ganado las instituciones. ¿Pero cómo se puede avanzar hacia este mundo mejor, más común (dentro de la diversidad) con más igualdad, libertad y solidaridad, a partir de la realidad de la globalización y de la invisibilidad de los que toman las decisiones?

Este es todavía el reto hoy: ¿cómo podemos cambiar la hegemonía social y económica? De momento, hay que seguir en el camino de reclutar personas en esta misión, seguir con las luchas y experiencias locales, de nueva economía y nuevas formas de democracia directa, y seguir aprendiendo en las políticas municipalistas.

Hoy hay que recuperar la esperanza. Pero la pregunta ahora es: ¿existe realmente lo que llamamos un movimiento social de defensa y propuesta de un Sistema Nacional de Salud en Catalunya?

La historia de las Plataformas por el Derecho a la Salud, Marea Blanca, Defensa de la Sanidad Pública para el Acceso Universal y otras, que han estado trabajando por estos valores y alternativas políticas desde hace ocho años, tienen hoy una presencia y legitimidad social en la defensa de sus valores, pero todavía no son bastante fuertes como para hacer realidad cambios importantes. Tienen hoy un logo adquirido, una legitimidad ganada, pero escasa acción con poder transformador.

Habría que analizar más profundamente las causas de esta evolución de los movimientos sociales emergentes. Quizás la carencia de un nuevo modelo de valores (ideología),la carencia de referentes en el mundo y la globalización hacen más difícil la lucha por su hegemonía y hacen que la acción decaiga.

Esto hace que mucha gente haya perdido la esperanza en que podamos cambiar esta situación. La hegemonía del poder del capital y el dominio de los medios es muy importante, se ha perdido también la confianza en los partidos, sindicatos tradicionales mayoritarios y la política institucional.

En este terreno crecen los monstruos: el populismo, el fascismo y el regreso a la tribu. Por eso hay que recuperar la esperanza. Quizás lo más importante hoy en los programas, más que propuestas de medidas específicas, será recuperar esta esperanza, recrear la conciencia y el ánimo hacia una voluntad colectiva (aunque difícil) de trabajar por otro mundo de igualdad, libertad y solidaridad que garantice los derechos sociales para todo el mundo y la consecución del bien común.