El deterioro general de la convivencia en Cataluña hace que perdamos la memoria de quién somos, de dónde venimos y cuáles son los referentes que nos han traído hasta aquí. La situación manicomial que ha provocado el “proceso independentista” -por otro lado, parecida a la que sufren los británicos con el Brexit- hace que tengamos que recordar y apelar a cuestiones básicas si no queremos caer definitivamente en el caos mental y social.

Por eso quiero hablar hoy de mi amigo Nereo Garbin, a quien conocí el 1986 en Vicenza (Italia) y que me ayudó mucho en una investigación periodística que hacía sobre un mafioso catalán. Años después, se trasladó a vivir a Cataluña y, con mucho trabajo, esfuerzo y padecimientos -de los cuales soy testigo directo- ha conseguido levantar una empresa ejemplar dedicada al fomento y a la producción de cerveza artesana de altísima calidad.

No solo esto: ha desarrollado toda la maquinaria necesaria para hacerla y ha sido pionero en este sector, actualmente muy de moda, habiendo instalado y asesorado con su empresa la mitad de cervecerías artesanas que funcionan en la península Ibérica. Además, ha abierto un establecimiento público en el barrio del Poble Sec de Barcelona, el Abirradero, donde se pueden degustar las magistrales cervezas que elabora su compañero Daniel y donde, además, se come muy bien.

Persona idealista y con una dilatada trayectoria de izquierdas -tanto en Italia como en Cataluña-, Nereo Garbin se ha involucrado en mil y una iniciativas sociales y políticas, con especial dedicación a los supervivientes italianos de las Brigadas Internacionales que combatieron en España durante la guerra civil. Juntos hemos colaborado en el pasado para organizar conferencias en Barcelona de personajes interesantes de la política italiana, como el exdirigente comunista y expresidente del consejo de ministros, Massimo d’Alema, o el emblemático alcalde de Palermo, Leoluca Orlando, fundador de La Rete y símbolo de la lucha contra la mafia.

La izquierda democrática europea, en su objetivo histórico de conseguir una sociedad más justa y más igualitaria, navega en un mar de dudas ante la fuerza arrasadora de la globalización, que nos trae más desigualdad y una respuesta autoritaria del poder para aplacar las protestas. Una de las voces que han surgido para denunciar este empobrecimiento alarmante que sufre la clase trabajadora es la del filósofo e intelectual italiano Diego Fusaro.

Y Nereo Garbin decidió invitarlo para que diera una conferencia en el Abirradero, en colaboración con la revista El Viejo Topo. Diego Fusaro es un personaje brillante y controvertido, que ha sido acusado en Italia de blanquear a la extrema derecha con sus invectivas contra la izquierda oficial, a la cual critica por haber pasado del rojo al fucsia y de traicionar los intereses del proletariado y de la clase media italiana.

Después de un par de artículos muy desafortunados publicados en dos medios de comunicación de aquí (El Temps y Zona Sec), donde se consideraba que Diego Fusaro era, en realidad, un peligroso agente camuflado de la extrema derecha, de repente mi amigo Nereo Garbin se ha convertido, según estas revistas, en un “fascista” (!!!) y el Abirradero es, en consecuencia, víctima de una agresiva campaña de boicot en las redes sociales. Demencial.

Como dice mi amigo Nereo Garbin, es cierto que Diego Fusaro es polémico, pero también lo es que su pensamiento y su compromiso con los ideales de izquierdas son coherentes e incontestables. Y me invita a mirar el montón de vídeos que hay colgados en YouTube con intervenciones de este prolífico y provocador filósofo para contrastarlo.

La simplificación y la polarización de la política en la que estamos inmersos conduce a estas aberrantes esquematizaciones y errores de bulto. El problema empieza cuando el presidente de la principal superpotencia mundial, Donald Trump, gobierna a través de Twitter y acaba con la absurda demonización de mi amigo Nereo Garbin.