Ya se veía venir que la cosa acabaría mal porque empezó con mal pie. Hace cuatro años aterrizó en movilidad con sus collares y su vestuario de escuela de monjas que tan poco se estila entre la militancia de los comunes. Asumía sin ninguna experiencia y por cuota de partido una cartera difícil de gestionar, un regalo envenenado con muchos frentes abiertos, comenzando por el polémico proyecto de conexión del tranvía y acabando por el enquistado conflicto laboral en TMB, con un personal muy quemado por años de desidia institucional y recientemente por el tema del amianto. Y si con este currículum no tenía suficiente para cagarla, también tuvo que aguantar el desprecio machista de algunos sectores sindicales y el ansia de protagonismo de Janet Sanz, mucho menos cuestionada, a pesar de haberla cagado tanto o más que ella.

Me recuerda el caso de Joan Saura. Inspirado por las buenas vibraciones del primer tripartito del imprevisible Pasqual Maragall, el líder ecosocialista aceptó el reto de encargarse de la consejería de Interior que el sinuoso José Montilla le puso sobre la mesa. No sirvió de nada que Iniciativa aprovechase un aquelarre de partido para recriminarle, una vez que echaron a los periodistas de la sala, que hubiera aceptado la cartera. Entonces todavía hacíamos periodismo de verdad y nos enteramos de las críticas por sus propios cuadros. La más repetida fue el desgaste que comportaría para la formación progresista asumir la represión policial catalana. Y así fue. Se convirtió en el hazmerreír del gobierno al querer poner cámaras en las salas de interrogatorio para evitar las torturas y se quemó como Varys, pero sin fuego de dragón.

Mercedes Vidal ha sido una de las regidoras del gobierno Colau que más hostias ha recibido de la oposición, con el permiso de Gala Pin, otra mosquita muerta que ha huido a la desbandada. No se puede decir que fuera una pánfila que no sabía nada del follón en el que se metía porque ella es comunista de pura cepa aunque para disimular su militancia anacrónica en un partido residual se haya pasado toda la legislatura pegada al móvil –en el pleno, las comisiones e incluso caminando por la calle- en un intento de evitar todo contacto humano. Con esta carta de presentación, y con el hecho de que el partido que representa no pinta nada y tiene fama de dejarse comprar barato, la disciplinada Vidal era la regidora ideal para ejercer de invitada de piedra, diciendo amén a todo lo que decidía la jefatura central.

Esto es lo que hubiera pasado si Joan Josep Nuet no hubiese decidido irse al Congreso con los republicanos. Mercedes Vidal ya tenía asegurado el número 10 en la candidatura de Colau para el 26-M, tal como lo confirmó la alcaldesa ahora en funciones. Es cierto que de acuerdo a los sondeos igual no salía reelegida y también es cierto que estaba hasta el moño del trato recibido por sus compañeros de viaje, pero también entendía que tenía que continuar al pie del cañón si su partido así lo consideraba. Estaba quemada y no solo por la erosión política que comporta gobernar en minoría y ser el objetivo más fácil a abatir tanto por los sindicatos como por la oposición. Porque si con alguien ha tenido que vérselas de verdad ha sido con Sanz, que no ha parado de ignorarla. El último episodio fue con el anuncio del descafeinado acuerdo sobre el tranvía. Vidal se enteró por radio macuto.

Me está saliendo un panegírico y no es esta mi intención porque no me gusta la gente que abandona el barco cuando las encuestas apuntan a una derrota electoral. Por suerte, la imagen de mártir que Vidal ha dado todo este tiempo ha saltado por los aires en un pim-pam-pum. Pocos días antes de cerrar las candidaturas municipales definitivamente la regidora de movilidad anunciaba que “daba un paso al lado”, como hizo un día el rey Artur, y se desvinculaba del proyecto común. Vidal atribuía el hecho a las tensiones internas entre EUiA –su partido- y Barcelona En Comú por culpa de la traición de Nuet. Aseguraba que esta situación estaba afectando mucho a su vida personal, pero por sus palabras parecía que el abandono de la nave colauista se haría de forma civilizada, como un matrimonio que ha dejado de quererse pero que todavía se respeta. Pues no.

Supongo que ahora debe de haber pensado que quien ríe el último, ríe dos veces. El hecho es que Merceditas no es el alter ego de la dulce Lisa Simpson que todos pensábamos y ha renunciado a sus responsabilidades de gobierno dejando a la hAda Colau con un palmo de narices y al ejecutivo municipal colgado hasta la constitución del nuevo consistorio el próximo 15 de junio. A destacar el hecho que ya no es responsable de movilidad ni regidora de Horta-Guinardó ni vocal del consejo de gobierno de la Agencia de Ecología Urbana ni miembro de la Junta de gobierno del Consorcio de Alta Velocidad de Barcelona. Sin embargo, continuará cobrando como regidora y seguirá como presidenta de TMB y representante del Ayuntamiento barcelonés en el AMB porque todos tenemos unos principios y, si no os gustan, tenemos otros.