Sara Canning, la compañera de la periodista Lyra McKee que fue asesinada por un disparo mientras informaba de unos disturbios en Derry en Irlanda del Norte el pasado abril, declaró: "Me importa más el reconocimiento de los derechos de los homosexuales que si la soberanía la tiene Londres o Dublín. La mayoría de mis amigos son políticamente no alineados. Queremos que todo el mundo viva mejor". A Sara Canning y a sus amigos se les conoce como integrantes del colectivo de los 'Neither' (ni una cosa ni la otra).

Los 'neither' van ganando terreno a los que están hablando siempre de la necesidad de unir Irlanda del Norte con Irlanda o de que siga formando parte del Reino Unido. No es que no crean que sea mejor una cosa o la otra. Es que consideran que este debate no tiene que tapar otros, desde la aceptación de la homosexualidad al combate contra la pobreza y la precariedad, el predominio de la religión en la sociedad irlandesa o la legalización del aborto.

En un reportaje publicado en La Vanguardia este mes de agosto sobre el peso de los no alineados en Irlanda del Norte una trabajadora social decía que "tanto los republicanos como los unionistas tienen sus héroes y sus villanos, sus muertos, sus víctimas, sus himnos, sus canciones, sus murales y sus leyendas, historias de atrocidades que explicar a sus hijos y sus nietos. Han sufrido y han triunfado. Han hecho de esto su vida y su identidad, y declararse neutral en este mundo parecía incluso frívolo. Era mejor que uno se callara y fuera a su bola".

En Irlanda del Norte, especialmente ahora que suenan campanas de un Brexit  duro, se escucha más la voz de los neither, de los no alineados. El término más cercano que usamos en Catalunya es el de 'equidistantes '. Pero es un término inadecuado. El abanico de las opciones de los catalanes para determinar cuál es la mejor forma de relacionarse con España es amplio. De no alineados hay de muchos tipos. También de independentistas y de anti-independentistas.

¿Quién tiene la razón? Cada cual la suya, ya lo sabemos. De lo que se trata es de no imponer la propia a la de los demás. Y respetar todas las ideas. Construir en vez de insultar. Dialogar en vez de abuchear.

La lección que tenemos que aprender de Irlanda del Norte no es la de los asesinos de Lyra McKee sino la de su compañera Sara Canning y sus amigos.