Alguna vez me ha tocado hacer de relator y no me gusta nada. El trabajo consiste en asistir a unos debates o ponencias realizadas en una asamblea, congreso o jornada y hacer un resumen al concluir. Se trata, por lo tanto, de ir tomando nota de lo que dice todo el mundo y después relatarlo ante el plenario del encuentro. Esto quiere decir que, en vez de estar pendiente de lo que se dice y disfrutar del debate, tienes que estar pendiente que no se te escape nada de lo que se comenta e intentar resumirlo de la mejor manera posible.

Total, que si os piden que participéis en alguna actividad pública, mucho mejor que os toque sentaros en la fila cero o hacer de ponente que de relator.

Hay relatores y relatores, claro. No es lo mismo hacer de relator de una reunión de trabajo de una pequeña ONG que ser relator de las Naciones Unidas. Precisamente, la visita de uno de los relatores de la ONU a España hace unos días provocó el enojo de Ciudadanos. Su portavoz en la Comisión de Exteriores del Congreso, Fernando Maura, pidió al gobierno explicaciones del porqué había invitado al relator de las Naciones Unidas para cuestiones relacionadas con las minorías, Fernand de Varennes. Maura temía que los independentistas aprovecharan la visita para promocionar su causa.

En las reuniones entre representantes del gobierno español y de la Generalitat, seguro que cada cual entendía el trabajo del relator en función de sus intereses. Pedro Sánchez quería un Siscu Baiges que tomara nota de las reuniones y que levantara el acta correspondiente y Quim Torra, un Fernand de Varennes, que diera a entender que el encuentro era casi, o sin el casi, una negociación internacional.

La derecha española, envalentonada después del pacto que la ha llevado al gobierno andaluz, salivea imaginando un pacto idéntico a nivel del Estado. Presentando enmiendas a la totalidad de los presupuestos generales del Estado, los independentistas catalanes parecen decididos a avocar a España a las elecciones que pueden hacer posible este pacto de las tres derechas para conseguir la presidencia del gobierno. Entre unos y otros nos hemos quedado sin mesa de conversaciones, sin relator y, vete a saber, si nos quedaremos también con los diputados de Vox decidiendo quien es el próximo presidente español.

¡Un pan como unas hostias, vaya!