Además de ser una joven capitana de barcos, Carola Rackete proviene de una familia acomodada alemana, es blanca, ha podido estudiar lo que le gustaba (ciencias náuticas), ha cursado un doctorado en la Gran Bretaña y habla varias lenguas, y last, but not least, lleva los cabellos con rastas, rasgo distintivo de un humanismo antiautoritario. Antes de pilotar el Sea-Watch 3, ha navegado por ambos polos de la tierra y también ha sido vicecapitana de un barco de Greenpeace. En una entrevista publicada después de su arresto en Lampedusa por haber salvado vidas humanas de la muerte segura, a la pregunta de si se sentía alemana y cómo, respondió que más que alemana se sentía europea.

En esta entrevista podemos encontrar todas las respuestas que necesitamos para mejorar e incrementar el proyecto europeo en una clave radicalmente ligada a los derechos sociales y ambientales, y a la vez tenemos la ocasión para redescubrir las ideas que casi hace 80 años, desde la pequeña isla-prisión italiana de Ventotene, tomaron el vuelo hacia Europa entera, que acababa de salir de una guerra mundial obscenamente trágica.

Los antifascistas italianos que redactaron el Manifiesto de Ventotene (título original: Por una Europa libre y unida) estaban recluidos en una isla árida, casi sin agua y árboles, azotada por los vientos constantemente. Un lugar inhóspito, pero que tenía y tiene un mar precioso. Un mar que Mussolini usaba para aislar del mundo a los presos políticos antifascistas del mismo modo que ahora Europa intenta que el mismo mar sea un obstáculo insuperable para interponer entre ella y los mundos pobres el agua como elemento de distanciamiento y barrera.

Aun así, en 1941, precisamente en aquella isla, nació una idea de Europa federal y solidaria, basada en la unidad política, la paz, el Estado del bienestar y la democracia, y creemos que en este interregno histórico, del mar de Lampedusa (otra isla perdida en medio del Mediterráneo) puede renacer y consolidarse una nueva Europa, de igualdad y fraternidad. La capitana Carola, con sus respuestas concisas, ha sabido sintetizar qué significa ser europeistas hoy en día. No un europeismo retórico, finalizado sólo en la arquitectura institucional (importantísima, claro está), sino también un europeismo militante que plantea un demos democrático común supranacional, de las identidades cambiantes, nunca fijas, y al mismo tiempo lucha por los derechos sociales y civiles de todas las personas (nativos y migrantes) que vivan en Europa (y no sólo).

De hecho, el agua puede transformarse en algo que acompaña, transporta ideas y personas, mezclándolas. Hace 80 años fueron dos mujeres: Ursula Hirschmann, otra mujer alemana, antinazi, judía, y Ada Rossi, militante antifascista italiana, quienes a través de la misma agua mediterránea consiguieron llevar de la isla de Ventotene a la tierra firme, a escondidas, el Manifiesto de fundación de la moderna Europa que tenía que comprometerse en la construcción de los Estados Unidos de Europa. Hoy en día, otra mujer ha usado el agua para traer a tierra firme a las nuevas ciudadanas y los nuevos ciudadanos europeos que salvarán Europa, enriqueciendo el demos europeo (biunívocamente, quiero decir), a quien le hace falta sin lugar a dudas un rejuvenecimiento.

En 1975, Ursula Hirschmann y Jacqueline de Groote, entre las fundadoras de Femmes pour l'Europe, escribían preocupadas: A las mujeres les afecta tanto como a los hombres la elección que se hará en nuestra parte del mundo entre el regreso al nacionalismo y la unidad europea. De hecho, sólo una Europa verdaderamente unida, dotada de instituciones fuertes y democráticas, podría impedir, en la actual coyuntura, la sumisión de nuestros países a una u otra superpotencia y garantizar el desarrollo del progreso social en el interior de nuestros países. Aun así, la construcción europea parece, de momento, que está en un punto muerto. Incluso se podría hablar de regresiones debidas a la presión de los grupos sociales y políticos más reaccionarios.

Aquí renovamos su preocupación. Europa o barbarie.