Del 22 al 28 del pasado febrero se celebró en Caracas la primera Asamblea Internacional de losPueblos, con el objetivo de articular las luchas que los diferentes pueblos están llevando a cabo contra el imperialismo, el capitalismo y el machismo. Con mucha alegría, fui una de las 500 personas de 90 países que fueron invitadas a participar en esta Asamblea.

Así pues, el 21 de febrero estaba a punto de marchar hacia Caracas. Pero lo que tenía que ser un viaje tranquilo, se convirtió en un viaje peligroso hacia un posible infierno. Mi compañero, mi hija, las amigas y amigos estaban muy asustados, casi cómo si me fuera a la guerra.

Y tenían razón. Según todos los medios me iba a un país donde gobernaba un "Dictador, corrupto y usurpador", Maduro, que según el sr. Alonso (PP) "es un personaje espantoso, una persona sin cultura, sin valores, sin moralidad. No hay nada peor. Es cutre y un criminal con cara de criminal" (El Mundo). Un país donde "Las viviendas, los comercios, las aceras de las calles y las plazas se transforman por las noches en albergues de venezolanos que se despiden de su país". Un país donde la gente emigra "empujados por el hambre, la falta de medicamentos, la inseguridad personal y jurídica, la persecución política o la necesidad de enviar dinero a los que se quedan" (El País)

Un país en el que, desde una plaza, un tal Guaidó (Presidente de la Asamblea Nacional) acababa de autoproclamarse Presidente y, curiosamente, era reconocido inmediatamente por Trump y alrededor de 60 gobiernos extranjeros, el nuestro entre ellos. Donde los aviones militares norteamericanos, cargados de ayuda acababan de aterrizar en la frontera colombiana y donde el mismo Trump no había "descartado una intervención militar". Y todas sabemos lo que implican las "ayudas humanitarias" y las intervenciones norteamericanas: no olvidamos Irak, Libia, Siria...

Con estas perspectivas, pues, y con el corazón un poco encogido, subí al avión. El viaje fue tranquilo y agradable y en el aeropuerto nos esperaban los compañeros venezolanos que participaban en la organización de la Asamblea. Nos trasladaron hasta el Hotel ALBA, un antiguo Hilton que ahora era del Estado. Un lugar agradable e incluso lujoso, pero sin agua caliente, ni toallas, ni jabón. Allá tuvieron lugar todas las reuniones de la Asamblea, sin ningún incidente remarcable y con una muy buena organización.

Al día siguiente por la mañana, mientras esperábamos que acabaran de llegar todos los delegados y delegadas (Air France había cancelado todos los vuelos en Venezuela en un acto de boicot sin precedentes), fuimos a pasear.

Y aquí encontramos "la otra Venezuela": calles tranquilas, gente paseando, una escuela que hacía un pasacalle con criaturas y globos, tiendas llenas de todo, vendedores ambulantes de diferentes productos: mandarinas, plátanos, huevos, verdura, fundas de móvil, cargadores, etc., gente sencilla paseando por el centro de Caracas, popular, como todos los centros de las capitales latinoamericanas, con plazas donde juegan las criaturas, pasean las parejas y toman el sol los parados. En una cafetería llena de dulces descansamos, después subimos al metro que era gratuito y estaba lleno de gente tranquila que volvía de trabajar. ¿Nos habíamos equivocado de país?

No. Estábamos en la Venezuela real, no en la Venezuela que los medios nos habían contado. Ni Maduro es un dictador (ha ganado 23 elecciones), ni la gente se está muriendo de hambre, ni la población está pidiendo a gritos que venga EEUU a salvarlos.

¿Por qué, pues, tanta mentira y tanta incúria? Por dos razones muy concretas. Una, la principal, porque Venezuela tiene una de las reservas mundiales de petróleo más grandes del mundo. Y dos, porque mejor o peor desde el gobierno de Chávez y su sucesor Maduro, han cambiado el reparto de la riqueza: antes las rentas del petróleo se las repartían entre multinacionales norteamericanas y el 10-15% de la población (blanca y adinerada) y ahora la reparten entre la totalidad de la población. Esto no quiere decir que ahora Venezuela sea un paraíso, ni Maduro el mejor presidente del mundo. Tienen problemas, hay escasez y conflictos, unos consecuencia de los errores propios y otros inducidos por el bloqueo de EEUU, pero aún así, "si bien todavía hay actualmente 3,7 millones de personas infra-alimentadas, es una cifra que está muy por debajo de los 16 millones que había antes de Chávez"(La Vanguardia. 17-02-2019) .

Y por eso, y otras muchas cosas, EEUU ha fracasado y Guaidó no ha conseguido ni que el ejército se pasara de bando, ni que la población le diera su apoyo.