Dice la leyenda que las tribus aborígenes se negaban a ser fotografiadas por los exploradores por miedo a que aquellos extraños ingenios -cámaras fotográficas- les robaran las almas. Los indígenas no encontraban mejor razón para justificar el hecho de ver su imagen en un papel y fuera de su cuerpo. La persistencia fotográfica de los conquistadores acababa a menudo de la peor de las maneras... En algunas culturas la superstición persiste, aunque los finales ahora suelen ser menos abruptos. Nos robe o no el alma, la verdad es que la fotografía siempre ha tenido un no sé qué de misterio que fascina. La foto que muchos temían y otros deseaban es ya una realidad: los doce políticos catalanes independentistas promotores del referéndum del 1 de octubre en el banquillo del Tribunal Supremo. En este caso, como en el de los aborígenes, quizás sí que la fotografía les roba el alma y, como diría el abogado Gonzalo Boye, "ahí el dejo"...

Si, más allá de la sentencia, que quisiera absolutoria, el juicio del 'proceso' acaba sirviendo de algo, será para cuestionar varias taras del sistema judicial español: la de la prisión preventiva y la de la acusación particular. Ya he escrito aquí, hasta abusar de la paciencia lectora, que, a pesar de los errores cometidos, que no oculto, la prisión preventiva a la que se está sometiendo a nueve de los doce acusados ​​independentistas es, cuando menos, desproporcionada. Parto de la base de que la resolución de este galimatías no debería haberse apartado nunca del sendero político. Sin embargo, aceptando el descarrilamiento judicial como irremediable, entiendo que era del todo prescindible la prisión por adelantado. Así, aunque en este caso llegamos tarde, sería bueno que el sistema revisara una prerrogativa que, haciendo un uso arbitrario, deviene perversa. Todo ello sin querer entrar en una arriesgada comparativa con otros casos coetáneos, como el de La Manada, en el que la arbitrariedad judicial se pone aún más de relieve.

La criatura llora también de otros males, como el de la acusación particular. Per se, esta figura poco o nada reconocida fuera de España, no parece negativa, al contrario, bien conducida puede convertirse en recomendable. Pero, en este caso la virtud viene cargada de defectos; ver la ultraderechista Vox, en pleno auge político, usando y abusando de la acusación particular revuelve más de un estómago, autóctono y foráneo. Llama especialmente la atención que ellos, Vox, digan que no quieren politizar el juicio. Fronteras allá, se ponen las manos en la cabeza al ver que una formación de extrema derecha comparta escenario con igualdad de condiciones con la fiscalía y la abogacía del Estado. Rápidamente e irremediable imaginan al Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen sentado en el tribunal de casación francés, y les explota el cerebro...

Volviendo a la foto, como decía el fotógrafo: "La fotografía no puede cambiar la realidad, pero sí puede visualizarla". Y la fotografía de los presos catalanes en el banquillo de acusados, no cambia nada, pero mostró mucho.