Las elecciones de este 26-M tienen un morbo especial: saber quién y cómo gobernará la ciudad de Barcelona en los próximos cuatro años. Las encuestas publicadas son equívocas y, en todo caso, dibujan un empate entre los candidatos Ernest Maragall (ERC), Ada Colau (BComú) y Jaume Collboni (PSC) que se decidirá en un apretado “sprint” final .

A la hora de votar es fundamental analizar el proyecto de ciudad que propugnan unos y otros. Barcelona necesita renacer de sus cenizas y convertirse, nuevamente, en un referente internacional para seguir creciendo y prosperando. Todavía hoy, vivimos de las rentas del maragallismo -que reivindican tanto los tres candidatos mejor posicionados como el paracaidista Manuel Valls-, pero la “herencia” se está agotando y la ciudad ha caído, en los últimos años, en una lenta, pero evidente, decadencia y melancolía de las glorias pasadas.

El terremoto del proceso independentista también ha impactado en el Ayuntamiento. La decisión de Ada Colau de romper unilateralmente el pacto con los socialistas, por la aplicación del artículo 155, ha debilitado la tarea del gobierno municipal y, de rebote, esto lo ha acabado pagando el conjunto de la ciudadanía, que ha visto cómo se han degradado sus condiciones de vida (vivienda, delincuencia, polución...) ante la parálisis de un Ayuntamiento en precaria minoría y reiteradamente reprobado por el resto de grupos políticos.

Este 26-M, Barcelona tiene que dotarse de un equipo municipal sólido que pueda afrontar, con garantías, los grandes retos que tiene planteados la ciudad y dar un nuevo impulso ilusionante a la realidad metropolitana, en su triple dimensión catalana, ibérica y mediterránea. Hace falta un liderazgo valiente y visionario en el Ayuntamiento -que Ada Colau no ha tenido- para, de entrada, solucionar las urgencias sociales, devolver la autoestima e incentivar la potencia creativa de los barceloneses.

De todas las propuestas de los programas electorales en liza, solo hay una que mira con ambición al futuro. La ha formulado el candidato socialista, Jaume Collboni, que propugna la celebración en Barcelona de la Exposición Universal del año 2030, focalizada en el desarrollo sostenible y la digitalización. Con este motivo, prevé una restauración a fondo del espacio de la Feria en Montjuic y la integración de la montaña como gran centro cultural de la ciudad.

Barcelona ha realizado las grandes transformaciones urbanas y económicas con la organización de acontecimientos de dimensión internacional: la Exposición Universal del 1888 y la del 1929, los Juegos Olímpicos del 1992 y el Fòrum del 2004. Esto nos enseña la historia y los resultados de esta apuesta estratégica, de la cual los ciudadanos se sienten muy satisfechos, son muy tangibles. Ahora, la ciudad necesita un nuevo estímulo para proyectarse con fuerza en el mundo globalizado del siglo XXI y la propuesta de Jaume Collboni de acoger la celebración de la Exposición Universal del 2030 es el proyecto más potente de los que se someten al veredicto de las urnas este próximo domingo 26.

Quedan 11 años por delante, pero ya se sabe que este tipo de acontecimientos, por su magnitud, requieren una larga etapa de preparación. La presencia del socialista Pedro Sánchez en la Moncloa puede ser una ayuda determinante para que el proyecto de la Exposición Universal del 2030, liderado por Jaume Collboni, empiece a andar con buen pie, dada  la excelente sintonía que hay entre los dos políticos y la tradicional fraternidad entre PSC y PSOE.

Si así lo deciden las barcelonesas y los barceloneses este 26-M, la ciudad puede tener un nuevo hito para cambiar de piel, volver a ponerse “guapa” y vibrar con orgullo. La clave la tiene la presencia, con peso específico, de Jaume Collboni en el próximo gobierno municipal.