Hay que incrementar la información real y la comunicación y difusión de los valores de defensa del bien común en un mundo con hegemonía del neoliberalismo, el poder del capital financiero y la deserción del socialismo real. Un mundo donde crecen las noticias falsas y la postverdad interesadas para los que quieren conservar el poder sobre la mayoría social y tienen secuestrados los medios de información y comunicación de masas.

La hegemonía del modelo de sociedad que hemos vivido en el llamado Estado del bienestar (en realidad Estado de derechos sociales) desde el final de la Segunda Guerra Mundial se está rompiendo. Estamos en una crisis: económica (el capitalismo fundamentalmente financiero/especulativo), social (de precariedad, pérdida de derechos y desigualdades crecientes), y política (los partidos y parlamentos tradicionales no nos representan, desacreditados por la corrupción, anteponen el poder y el clientelismo a la defensa del bien común. Han perdido sus valores sociales).

La socialdemocràcia, como el comunismo, han perdido. Ante esto han nacido movimientos sociales de indignados y de respuestas globales y reivindicaciones sectoriales (vivienda, medio ambiente, precariedad, pensiones, educación, salud, feminismo, agua, energía, y otros) que protestan y reclaman otra vez democracia real, libertad, igualdad y fraternidad. También en esta situación, contra la carencia de una ideología y un camino claro de modelo social de futuro aparecen los monstruos: los populismos, totalitarismos, el fascismo y los intentos de regreso a la tribu, que, aprovechando el descontento social y el miedo, intentan volver a valores conservadores y excluyentes, que les sirvan de excusa y camino para volver al poder y seguir explotando los derechos y las condiciones de vida de la mayoría de las personas.

Xavier Domènech, en su libro sobre hegemonías, nos habla en dos ejemplos de la importancia, en estas circunstancias, de la información y la comunicación. El primer ejemplo histórico, relatado por E.P Thompson: en el Londres de 1792 (!) se reúnen nueve personas en una tasca donde hablan de la situación social y política, concluyen que hay que luchar contra la ausencia de democracia y deciden fundar la "sociedad de correspondencia" con el objetivo, dicen, de que "el número de nuestros miembros sea ilimitado", y se envían cartas unos y otros (hoy hablamos de redes 2.0) creando información e identidades. Seis meses después tienen 2.000 miembros en la sociedad y dos años después miles de personas ocupan el centro de Londres (origen de la democracia de masas, hace 230 años).

El segundo ejemplo: durante la Segunda Guerra Mundial, con Europa ocupada por los nazis, el primer acto de la Resistencia contra el fascismo fue la edición de diarios clandestinos (de información y comunicación de la resistencia). Más de 10 millones de ejemplares editados en Dinamarca y más de 1.000 diarios clandestinos en la Francia ocupada fueron repartidos de forma clandestina. Hoy, hay que recuperar la esperanza de que un cambio de hegemonía de pensamiento, de cultura, economía y política es posible.

El cambio, ante un poder globalizado en el mundo e invisible, no son las revoluciones de unas minorías sociales o políticas contra el poder de las instituciones estatales. El cambio tendrá que ir de la mano del trabajo de las personas oprimidas y precarizadas. Para conseguir una nueva hegemonía hay que trabajar para que "el número de nuestros miembros sea ilimitado" e ir recuperando la democracia real, empezando por nuestro mundo local, con nuevas formas de organización y nuevas políticas económicas y sociales, que vayan mostrando a la mayoría del precariado el camino posible, contra el miedo, las desigualdades y el rechazo a la diversidad.

Hay que recuperar la esperanza e ir dibujando un nuevo modelo del mundo más justo y más solidario en el que sea cada vez más posible la vida con libertad y dignidad. En este camino la información y la comunicación libre y con valores del bien común es urgente.