El sujeto político del patriarcado es el hombre, adulto, heterosexual, blanco y propietario, una realidad que pervive aunque la mayoría social somos las mujeres, un 51% de la sociedad. Es una evidencia que, a pesar de las políticas de igualdad y la ley que empuja a la paridad, no se han logrado cuotas importantes de igualdad en muchos ámbitos. Un ámbito importante, por lo que tiene de público y de influencia social, son los medios y, de forma especial, los espacios de opinión de estos medios. Sean públicos o privados, la diferencia entre la participación de hombres y mujeres en la opinión es alta, y lo sigue siendo a estas alturas a pesar de las presiones y el ridículo que supone esta desigualdad.

El colectivo On Són les Dones nació en 2016 con la voluntad de denunciar la sobrerepresentación masculina y, por lo tanto, la ausencia de mujeres en los espacios de opinión de los medios de comunicación, exigiendo una representación más equilibrada a partir del recuento en diferentes espacios. El colectivo ha elaborado, en los últimos años, diferentes informes en los que analiza la presencia femenina, el último de los cuales se presentó el pasado mes de enero.

Si bien todos los informes recogen la infrarepresentación de las mujeres y demuestran con datos objetivos la invisibilidad, el último informe ha ido más allá y aporta un elemento de análisis que hace patente un ámbito importante en la discriminación múltiple: la blanquitud. Recoge que "el 99,5% de las intervenciones en los espacios de opinión correspondieron a personas blancas o que son leídas como blancas, y sólo el 0,5% correspondieron a personas en condición de racialización". Las mujeres como comunidad sólo representamos el 29% de la opinión, pero en el caso de las mujeres no blancas estamos hablando del 1'2% de las opiniones expresadas por mujeres.

¿Los medios son patriarcales y racistas? A la vista de los datos que se muestran, es una evidencia. El análisis se ha hecho en los meses de octubre, noviembre y diciembre de 2019 en cuatro periódicos de alcance nacional, cinco medios digitales, ocho tertulias radiofónicas y cinco televisivas. Se han contado 6.243 artículos de opinión en diarios en papel, 1.649 en medios digitales escritos, 2.078 participaciones en
tertulias de radio y 818 participaciones en tertulias de televisión, un total de 10.788 opiniones expresadas, de las cuales 3.122 son de mujeres, frente a 7.666 que han sido encargadas a hombres, un 29% ante un 77%. La sobrerepresentación no es una falacia, sino una realidad manifiesta en medios de cualquier tipo.

Tal como ya he indicado anteriormente, la diversidad tampoco es un fuerte en esta representación desequilibrada: de las 10.788 apariciones en espacios de opinión que ha habido en este periodo, sólo 49 han sido de personas no blancas. En una sociedad diversa cómo es la nuestra , la barbaridad es patente. La discriminación múltiple que sufren las mujeres gitanas, musulmanas, africanas, asiáticas o latinoamericanas no blancas es totalmente inadmisible y, a la vez, común a todos los medios.

La titularidad de los medios, pública o privada, marca diferencias en cuanto a la participación de hombres y mujeres. Si bien encontramos una
representación más paritaria en los medios públicos que en los privados, en cuanto a la diversidad, la diferencia es inexistente. Marta Selva,
historiadora que ha sido codirectora de la Mostra Internacional de Films de Dones lo expresa así:"La manera como los espacios comunicativos representan el mundo está siempre repleta de estereotipos que actúan de forma reduccionista con las complejidades, que a menudo son inaccesibles o resultan incómodas".

La invisibilización de las mujeres y de las personas racializadas en los medios de comunicación es una vulneración evidente de derechos. La mayoría social es minorizada e invisibilizada, y esto tiene efectos sociales que comportan el mantenimiento de los privilegios masculinos y siguen poniendo al hombre adulto, heterosexual, blanco y propietario en el centro de las prioridades.

El compromiso para avanzar hacia la paridad tiene que ser, evidentemente, político y legislativo, pero en la sociedad, y en especial en los medios como transmisores de información y opinión social, política, económica, cultural..., el compromiso tiene que ser palpable y no sólo simbólico.