Lo decía el pensador José Luís Sampedro con su precisa clarividencia: "Europa es como un jefe que nunca se pone al teléfono". En la tragedia de Open Arms la inacción europea clama al cielo. O el viejo continente duerme o comunica, el caso es que no se pone al teléfono.

El barco de la ONG badalonesa, que la madrugada del sábado rescató 39 personas más, cumple nueve noches en alta mar con 121 personas a bordo -ahora ya son 160-, esperando un puerto seguro en el que atracar. Tanto Malta como Italia, los puertos más cercanos, se niegan a recibirlos mientras el resto de países comunitarios no se comprometa a reubicar a los rescatados, un acuerdo que aún no se ha producido. Ahora, parece que Malta habría hecho un primer gesto, aceptando 39.

Mientras tanto, en un espectáculo bochornoso sin precedentes, España e Italia se van pasando la pelota. El ministro del Interior de Italia, el ultraderechista Matteo Salvini, en campaña electoral permanente, mantiene su negativa a acoger el Open Arms. Además, insiste en que "el barco es español y los inmigrantes a bordo están bajo la directa responsabilidad de Madrid". España, en cambio, se limita a devolverle el balón a Roma. El gobierno de Pedro Sánchez recuerda que en su día ya fueron solidarios con el Aquarius y que Salvamento Marítimo ya ha rescatado miles de personas, como si fuera suficiente. Se olvida de decir, por ejemplo, que las concertinas que debían desaparecer de las vallas de Ceuta y Melilla allí siguen.

¿Qué ha hecho Europa estos días de deriva en alta mar de los 121 migrantes? Entre poco y nada; el presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli, instaba Europa a hacerse cargo del drama, pero parece que nadie se da por interpelado. Es más fácil criticar el despropósito de Donald Trump de construir un muro en la frontera con México, que reconocer las vergüenzas de uno. Si bien es cierto que la idea de Trump es una salvajada, no lo es menos abandonar a su suerte a los migrantes que intentan salvar la vida, arriesgándosela, para llegar a Europa.

 

Open Arms sufre por la salud de los migrantes que ha rescatado y llama a Europa en general y a España en particular para que le ofrezcan una solución, pero estos, distraídos con sus bagatelas, no cogen la llamada. Esta no es la Europa que nos habían vendido y que muchos habíamos comprado; aquella primera idea no era la de un continente torpe y falto de sentimientos, que es en lo que se ha convertido. Open Arms pide ayuda y a su rescate sólo acude el actor Richard Gere, cargado de alimentos y buenas intenciones. ¿Dónde está España? ¿Dónde está Europa? No están, ni se les espera. Si Robert Schuman levantara la cabeza...