En el último Barómetro de Opinión Política, correspondiente al mes de julio de 2020, hecho por el Centro de Estudios de Opinión (CEO), dependiente del Departamento de Presidencia de la Generalitat, hay algunas tendencias significativas, si las comparamos con el mismo Barómetro realizado en 2018. Hay que tener en cuenta que los dos Barómetros han sido influidos por dos hechos muy importantes: el de 2018 por la tensión independentista vivida en Catalunya, que tuvo su clímax en el otoño anterior y el de 2020 por la sacudida social que ha significado la pandemia de covid-19 y el confinamiento de la población. Ambos hechos significan fuertes contrastes en muchos aspectos.

Sin duda, el independentismo significó la movilización de una parte importante de la gente en la calle (decían que las calles eran suyas), la fidelización hacia el grupo independentista en una movilización constante y participación en multitud de actos públicos y la desvinculación emocional con el resto de España. En el año 2018, ya se podían empezar a evaluar los estragos hechos por el final del proceso: juicios a los líderes, marcha de empresas, división social, no logro de los objetivos, etc. Pero la resaca en la población todavía era fuerte. En cambio, la pandemia ha significado todo lo contrario. La población se ha mantenido aislada, incluso de sus propios familiares, las preocupaciones se han desplazado de la política a la sanidad y posteriormente a la economía; los medios de obtención de información se han desplazado hacia los medios digitales y hemos visto a las diferentes CCAA reunirse por primera vez, para hacer frente colectivamente al problema común de la pandemia. En este caso, las calles estaban vacías. Un contraste, que sin duda ha enfocado las preocupaciones globales hacia otras materias y nos ha hecho reencontrarnos con nuestra propia individualidad. Hemos pasado de la preocupación de ver a los dirigentes independentistas en prisión a verlos con un pie dentro y otro fuera. Mientras tanto, vivimos el espectáculo del independentismo dividido  por la estrategia y el afán de protagonismo.

En el análisis del Barómetro, nos ha llamado la atención el cambio que ha habido respecto a los medios donde la gente se informa de las noticias políticas. En julio de 2018, el 42,2% de los encuestados lo hacía a través de internet y el 74,3% a través de la televisión. En cambio, en julio de 2020 el porcentaje de encuestados que se informan a través de internet ha subido al 53%, casi 11 puntos de diferencia. En este caso, las personas que continúan informándose por televisión es parecido en los dos casos y en 2020 ha subido dos décimas y es del 74,5. Posiblemente, el confinamiento debido a la pandemia Covid-19 ha incrementado las fuentes de información digitales. En cuanto al canal de televisión preferido, en 2018 un 47,1% preferían TV3 y en 2020 el porcentaje ha bajado al 43,6%. Esto es importante si pensamos que TV3 se una fuente importante de ideología nacionalista e independentista.

En cuanto al modelo organizativo y la relación de Catalunya con España, hay también una variación importante. Los porcentajes varían entre los dos años haciendo disminuir la polarización social, tanto en cuanto a un retroceso hacia una España regional, como en cuanto a la visión radical que significa romper amarras y separarse de España. En cambio, parece aumentar la preferencia por la consolidación del modelo autonómico y por un estado de cariz federal. En esta pregunta, además, parece que han aumentado ligeramente los dudosos.

Complementaria a la pregunta sobre el modelo territorial, el Barómetro de Opinión Política realiza la pregunta directa y polarizando sin matices sobre la preferencia o no de que Catalunya sea independiente. En este caso, también vemos cambios importantes: el porcentaje de personas que se decanta por el si a la independencia ha bajado un 4,7% y los que se decantan por el no a la independencia han subido un 5,6%. En esta pregunta, podemos decir que han bajado los dudosos y estos se han decantado, sobre todo por el no.

Se aproxima otro periodo complicado: una crisis económica muy fuerte; la pérdida progresiva de credibilidad de Catalunya; el descenso como motor económico de España y la amenaza permanente de un virus, todavía difícil de gestionar. Las siguientes elecciones catalanas podrían aumentar la percepción de que seguimos en un pozo que no tiene salida, si siguen mandando los mismos de siempre, o podrían significar una inyección de esperanza hacia unos cambios más positivos. En el marco de referencia: un gobierno de izquierdas y una Unión Europea que parece que se ha puesto las pilas para seguir haciendo camino todos juntos. Nosotros, descontextualitzados del marco general: Ya veremos como nos llega el otoño.