El suministro eléctrico es un servicio básico para el funcionamiento y el progreso de una sociedad. Endesa, la compañía que ha heredado los activos de La Canadiense –la histórica empresa que emprendió la electrificación de Cataluña–, siempre ha actuado con prepotencia y hostilidad hacia el territorio del cual extrae y donde hace negocio con los kilovatios.

El mal estado de conservación de sus líneas provocó, en 1994, el pavoroso incendio forestal del Berguedà, que destruyó más de 20.000 hectáreas. Los damnificados por esta catástrofe ecológica han tenido que esperar 25 años para que, finalmente, el Tribunal Supremo haya confirmado, hace pocos días, la culpabilidad de Endesa en el inicio de este siniestro.

La compañía eléctrica, en vez de reconocer y de asumir de entrada su responsabilidad, ha puesto todo tipo de obstáculos jurídicos y recursos para ahorrarse el pago de las indemnizaciones a los afectados. Esta estrategia dilatòria le ha salido cara. El Tribunal Supremo ha condenado Endesa a pagar 37,5 millones de euros, más el IPC acumulado durante la larga instrucción judicial del incendio del Berguedà. En total, la factura que ahora tendrá que pagar la empresa sube a unos 70 millones de euros.

Endesa también se hace la despistada con las diez centrales hidroeléctricas del Pirineu que sigue explotando, a pesar de que su plazo concesional ya ha vencido. Se trata de los primeros embalses que la compañía La Canadiense construyó en los valles de la Noguera Pallaresa y que significaron un importante dolor de cabeza para los habitantes de los Pirineo, que vieron como su hábitat quedaba negado por siempre jamás.

Estas diez centrales hidroeléctricas –de las 47 que tiene Endesa en Cataluña– tienen una potencia equivalente a la de un reactor nuclear y ya hace años que tendrían que haber pasado a ser de titularidad pública. Pero la desidia de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) y de la Generalitat ha hecho que la empresa eléctrica, propiedad del grupo italiano Enel, robe y venda descaradamente todos estos kilovatios.

A la carencia de respecto de Endesa por el territorio se suma su actitud desconsiderada hacia sus trabajadores, que –como en los tiempos de La Canadiense– tienen que recurrir a huelgas y a movilizaciones para intentar hacer valer sus derechos laborales más elementales. Desde hace meses los empleados de la empresa eléctrica protestan porque se han quedado sin convenio colectivo después de que la dirección -que se ha asignado unas remuneraciones escandalosas- lo anulara unilateralmente.

En Cataluña necesitamos electricidad limpia para iluminar nuestro mañana.