Esta primavera del año 2019 nos trae la renovación de la democracia española, que había quedado gravemente tocada por la lacra de la corrupción, los estragos de la crisis financiera y el conflicto planteado por el independentismo catalán. El primer capítulo de este proceso de renovación lo hemos vivido este domingo 28 de abril con la celebración de las elecciones generales. Pero, a continuación, llegan las elecciones municipales, autonómicas y europeas del 26 de mayo, que forman parte del mismo pack y que hay que abordar conjuntamente para tener la foto completa de este ciclo refundacional

Del primer capítulo que hemos vivido este 28-A querría destacar cinco aspectos que me parecen especialmente relevantes: 

1. La alta movilización del electorado (75,7%), hecho que demuestra la madurez democrática de la sociedad española y el carácter excepcional que la gente había otorgado a estos comicios 

2. La nítida victoria del socialista Pedro Sánchez (123 escaños), con la vital aportación del resucitado PSC, que le garantiza una cómoda continuidad de cuatro años en la Moncloa y le otorga un generoso abanico de posibilidades para garantizar la gobernabilidad 

3. El derrumbe del PP de Pablo Casado (66 escaños), que recibe un castigo durísimo por la corrupción y por su estrategia de la tensión social y de la crispación territorial 

4. El pinchazo de la extrema derecha populista de Vox (24 escaños), que ha quedado muy lejos de sus expectativas y que quedará como un grupo exótico y marginal en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo 

5. El cambio de hegemonía en el campo nacionalista catalán, con la ERC de Oriol Junqueras (15 escaños) que ha masacrado el invento teledirigido por Carles Puigdemont desde Waterloo y ha dejado sin representación al Frente Republicano de Albano-Dante Fachin

¿Con quien pactará Pedro Sánchez para sumar los escaños que le faltan para tener la mayoría absoluta? Esta respuesta no la obtendremos hasta pasadas las elecciones del 26 de mayo y dependerá –y mucho- de la dinámica de pactos postelectorales que se establezcan en las grandes ciudades y en las comunidades autónomas. 

En síntesis: habrá que ver si Ciudadanos (que ha pasado de 32 a 57 escaños) busca alianzas de gobernabilidad con el PSOE a escala local y autonómica o bien persevera allá donde pueda en su estrategia de reproducir el trifachito con PP y Vox, ensayado en Andalucía. También habrá que observar la dinámica de pactos municipales que practica ERC después de estos comicios y constatar si elige el eje en clave nacional con Junts per Catalunya o bien prima el eje social, con pactos de progreso con el PSC y los Comunes

Por consiguiente, es muy prematuro anticipar si Pedro Sánchez buscará la mayoría con Ciudadanos o bien con la suma frankenstein de Unidas Podemos (que ha caído de 57 a 42 escaños) y otros partidos locales (PNB, ERC, Coalición Canaria, Compromís, Partido Regionalista de Cantabria…). También será importante conocer los resultados de las elecciones europeas –sobre las que pesa la amenaza del auge de los movimientos identitarios-, saber cómo quedará la correlación de fuerzas entre los grupos popular y socialista y qué alianzas se dibujarán en la Eurocámara, en especial por parte del grupo liberal, en el cual está encuadrado Ciudadanos.

Pedro Sánchez ha consolidado este 28-A el retorno del PSOE a la Moncloa. Pero, sobre todo, ha conseguido tranquilizar, con su incontestable victoria, las agitadas aguas de la política española. Su personalísimo triunfo en las urnas es la expresión democrática de la gente que ya está harta de la demagogia cainita que hemos padecido estos últimos años y que apuesta por una convivencia en paz y por afrontar el futuro con esperanza constructiva. 

Mutatis mutandis, algo parecido podemos decir de la contundente victoria de ERC sobre Junts per Catalunya y su satélite del Frente Republicano. Oriol Junqueras, en su último viraje estratégico –arriesgado, pero que ha culminado con éxito- representa el nacionalismo/independentismo dialogante y negociador, que renuncia a la vía unilateral y que admite, sin tapujos, que Cataluña es plural, mestiza y diversa. 

Como es obvio, la situación de prisión preventiva que sufren nueve de los líderes políticos del 1-O y la probabilidad que el Tribunal Supremo los acabe condenando e inhabilitando pesa como una losa en el núcleo duro que puso en marcha el proceso secesionista. La última carta que les queda por jugar es la del indulto gubernamental y esto saben que solo será posible con Pedro Sánchez sólidamente instalado en la Moncloa

Después de este 28-A, el presidente de la Generalitat, Quim Torra, queda todavía más debilitado políticamente y se está convirtiendo en un alma en pena que vaga por los pasillos del Palau de la plaza de Sant Jaume. Alguien se tiene que apiadar de este buen hombre y hacerle entender que tiene que convocar elecciones cuanto antes mejor, para acabar con este cruel suplicio que se autoinflige.