Ya lo dicen, en política lo más importante no es tener la razón, sino que se la den a uno. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias están en estas. Ya se sabe que allí donde hay dos personajes de izquierdas, como mínimo encuentras tres pensamientos opuestos; en el caso que nos ocupa, tal vez la exageración incluso se queda corta. La izquierda vuelve a hacer lo que mejor sabe hacer: pelearse con ella misma. Mientras tanto, la derecha ensaliva y afila los colmillos, ansiosa de volver a morder poder. Para repartirse el dominio la derecha nunca ha hecho ascos, ni los hará; como diría el recién nacido estadista Rafael Rufián, mientras la izquierda discute el sexo de los ángeles, a estas alturas la derecha ya se habría repartido incluso los sobres.

Lo cierto es que la cuenta atrás para invertir Sánchez ya ha comenzado y, como diría el añorado Joan Tardà, ‘el més calent és a l’aigüera’. Los Picapiedra de la izquierda, Pedro y Pablo, no lucen la amistad de los míticos personajes de Hanna y Barbera, más bien lo contrario. Pedro desconfía de Pablo y Pablo de Pedro y con estos lastres se hace difícil emprender el vuelo. Primero, Pablo quería ser vicepresidente, pero la negativa de Pedro le obligó a dar un paso al lado; entonces, se habló de su pareja Irene Montero para ocupar el cargo, y de unos pocos ministros más de la formación lila. Parecía que podía haber acuerdo, o al menos estuvieron más cerca que nunca de conseguirlo, pero a Pablo le perdió la ambición y pidió más, y ahora es Pedro quien no quiere ni oír hablar de un gobierno de coalición.

Si las izquierdas miran por el retrovisor, se darán cuenta de que las derechas (unidas) se acercan peligrosamente. Pero las izquierdas están más preocupadas en culpar al otro del desacuerdo, que en resolverlo. Sánchez tiene encuestas que dicen que volvería a ganar las elecciones y que lo haría mejorando los anteriores resultados. Con estos triunfos, se siente fuerte y se muestra inflexible. Iglesias, que debe tener encuestas menos optimistas, va rebajando sus pretensiones para evitar el desastre; sin embargo, intenta conservar unos mínimos de dignidad para esquivar la ira de las bases.

Lo más paradójico de la desunión es que Esquerra, partido independentista hasta donde sé, quiere hacer de mediador entre las izquierdas españolistas. Así, blandiendo a dos manos una abstención que facilitaría la investidura, los regaña y toma partido a favor de Sánchez, reiterándole a Iglesias una y otra que quien más se sacrifica es Oriol Junqueras, que está en prisión. Jaume Asens lo resumía el otro día: Rufián se ha convertido en el portavoz del PSOE. Como dice el refrán, "uno por otro la casa sin barrer".

Sería bueno que un arrebato de cordura invadiera la izquierda española y que Pedro y Pablo dejaran de pensar únicamente en ellos. Un pacto requiere sacrificio por ambas partes. Si miran por el retrovisor, encontrarán las motivaciones que justifican los sacrificios.