La crisis económica trajo la aplicación de fuertes recortes a los presupuestos públicos, entre ellos los de Sanidad. Esto comportó una agravación de la precariedad del sistema. En Catalunya tenemos unos recursos para sanidad tradicionalmente insuficientes: se destinó a la salud, en 2016, un 5,2% del PIB, mientras que en la UE-15 fue un 7,5% y tenemos un 11,6% menos per cápita sobre la media del Estado. Además, con la crisis se perdió calidad, equidad (sobre todo en accesibilidad, resolución), condiciones laborales y calidad percibida. Los leves incrementos presupuestarios producidos a partir del 2015, no han resuelto las carencias originadas por los recortes y han reforzado el modelo existente tecnológico e intervencionista y poco centrado en las necesidades poblacionales y de las personas.

Estos hechos se han dado junto a los cambios demográficos y de la morbilidad (envejecimiento, aumento de la esperanza de vida, aumento de la cronicidad y complejidad de las patologías) y con un modelo sanitario propio del siglo pasado centrado en el hospital, muy medicalizado, dedicado sobre todo a la enfermedad ya instaurada y con dominio cultural de la alta tecnología, en lugar de una atención personalizada, continuada, preventiva y promotora de salud, como puede ofrecer la salud pública, focalizada en la salud poblacional y los determinantes sociales de la salud y la atención primaria y comunitaria en la salud, el cuidado de las personas y la comunidad.

Es con esta situación que el deterioro del sistema público ha comportado la deserción de las personas con capacidad económica hacia la sanidad privada, y el malestar creciente de los profesionales, las trabajadoras del sistema y de la ciudadanía. El proceso de desinversión en el sector público no ha ido acompañado de una evaluación rigurosa de aquellos procedimientos diagnósticos y terapéuticos que no aportan valor añadido, mientras que se han seguido introduciendo otros con efectividad limitada (con presiones de la industria y las grandes corporaciones). Todos estos factores generan cada vez más déficit e ineficiencia, y el sistema se hace insostenible a la vez que reduce el potencial beneficio sobre la salud de la población y aumenta los efectos yatrogènicos.

Un grupo de profesionales hemos estado analizando esta situación y hemos hecho unas propuestas de mejora, puesto que creemos que es el momento, con nuevos gobiernos en España y posiblemente en Catalunya. Así, teniendo en cuenta esta situación de deterioro del sistema de salud, proponemos medidas urgentes de mejora.

En primer lugar aportamos los valores, que según nosotros, tiene que contemplar el sistema público de salud.

Segundo, y más importante, creemos que no hay posibles mejoras intentando hacer programas o estrategias sectoriales, ni podemos mejorar el sistema sólo reclamando mas recursos económicos, que sí que son necesarios pero que tienen que ser bien gastados en salud.

Es por eso que ponemos como primera cuestión la necesidad de un cambio radical y estructural del modelo, un cambio de paradigma, pasando de un modelo centrado, cómo hemos dicho, en la enfermedad y la medicalización (muchas veces injustificada y peligrosa) a un modelo público de salud integral.

Algunos valores que proponemos

La salud de toda la población tiene que dirigir las políticas del sistema. La salud es aquello que importa, no sólo la atención sanitaria a la enfermedad, un sistema orientado a los determinantes económicos y sociales de la salud.

Proponemos: un sistema centrado en el cuidado de las personas y no exclusivamente en la investigación incansable de un diagnóstico.

Financiación suficiente del sistema con recursos fiscales, Con planificación, gestión y provisión públicas sin afán de lucro. En casos justificados en que el sistema público no pueda prestar el servicio, se tienen que aplicar cláusulas de calidad y transparencia absoluta,

La atención primaria como eje básico de la atención sanitaria, con un pleno desarrollo de sus competencias y una adecuada financiación y reconocimiento.

Governanza participativa de la sanidad pública, con participación de los profesionales y la ciudadanía en la governanza del sistema sanitario.

Un sistema independiente de los intereses de las compañías farmacéuticas, de productos sanitarios. Independencia también de los intereses corporativos y partidistas.

Garantizar, para las personas trabajadoras del sistema, la calidad de las condiciones laborales, la autonomía de las unidades asistenciales y la calidad de las retribuciones,