Una de las peores secuelas del proceso ha sido y es la caza de brujas que desde un lado u otro se ha puesto en marcha contra los que no comulgan con el dogma preeminente. El último ejemplo lo tenemos en el mayor Josep Lluís Trapero, que para la parroquia más fanática ha pasado de héroe a traidor en un abrir de ojos, de manera injustificable. Recuerda todo el 'maccarthisme' de los Estados Unidos de los cincuenta, cuando el senador Joseph McCarthy abrió un proceso de calumnias, denuncias y listas negras contra personalidades sospechosas de ser comunistas.

El entorno más cercano a Trapero sabe que el mayor no ha sido nunca independentista. Si bien es cierto que ha flirt con reconocidos independentistas (sólo hay que recordar la famosa paella de Pilar Rahola en Cadaqués, con el presidente Carles Puigdemont), él no se ha mostrado nunca partidario. Sin embargo, el movimiento 'indepe' vio en él al Mosso referente. Antes de que las aguas bajaran tan bravas, Trapero fue el mayor que gestionó con éxito el atentado de la Rambla de Barcelona de 2017. Se hizo especialmente famoso gracias a la frase "Bueno, pues molt bé, pues adiós", con que respondió a una periodista que, airada, abandonó una rueda de prensa porque Trapero respondía una pregunta en catalán. El policía intentó explicar a la periodista que él respondía a las preguntas en el idioma que se le habían formulado, pero la mujer persistió en su enojo. La respuesta de Trapero fue 'trending topic' mundial en Twitter e, incluso, se hicieron camisetas. Había nacido un héroe.

Pero, como decía el proverbio chino, si quieres que algo caiga, antes deberás poner bien alto... A Trapero, muchos de los que ahora lo fustigan le levantaron los altares, para luego dejarlo caer. El hombre, acusado de rebelión por la actuación de los Mossos en el referéndum del 1 de octubre, se ha defendido distanciándose tanto como ha podido de un movimiento independentista, con quien dice no comulgar; el Mosso califica de "barbaridad" algunas de las resoluciones del Parlamento dirigidas a declarar unilateralmente la independencia; a pesar de la paella, afirma que "no tenía ninguna relación estrecha" con Puigdemont; incluso, explica que tenían un plan para detener a Puigdemont y su Gobierno, en caso de que hubieran declarado la independencia. Una serie de afirmaciones que lo han descabalgado del pedestal en que lo habían instalado.

Si bien es cierto que muchos lo siguen apoyando, otros, los más radicales, no saben qué hacer con la camiseta del "bueno, pues molt bé, pues adiós", y se dedican a lapidar a su exhéroe en plaza pública (Twitter). Nada nuevo en la historia del ‘procés’. Otros que se han apartado, más o menos ligeramente, de la doctrina principal, como el hasta hace poco portavoz de Esquerra en Madrid, Joan Tardà, han pasado por el mismo jardín.