Gobernar democráticamente una próspera comunidad europea de 7,5 millones de personas con criterios de racionalidad, equidad y progreso económico no debería ser un gran problema, si tuviéramos a unos políticos capacitados y dispuestos a hacerlo. En el mundo hay estructuras demográficas mucho más grandes y mucho más complejas que, a pesar de las dificultades, funcionan bastante bien, afrontan los retos que implica la sociedad 2.0, los encaran, avanzan y lo consiguen.

A la política catalana le sobra pasión emocional y gesticulación y le falta planificación, rigor y mediación. Como decía el poeta, “todo está por hacer y todo es posible”. Situados en la Cataluña del 2019, graves y cruciales cuestiones restan pendientes de grandes debates públicos, discusiones y decisiones políticas. Mencionaré unas cuantas:

-El modelo energético, totalmente dependiente de las tres centrales nucleares de Ascó y Vandellòs, que tienen las licencias a punto de caducar y presentan múltiples problemas de seguridad. Su sustitución por energías no contaminantes está en pañales y pendiente de un decidido impulso gubernamental.

-El modelo de movilidad, condicionado por la próxima extinción de las concesiones de las principales autopistas de peaje. ¿Qué piensa decir y hacer la Generalitat al respecto? No se sabe.

-El modelo de gestión de los residuos, que pende de la ampliación del enorme vertedero de Can Mata (els Hostalets de Pierola), que cuenta con la oposición frontal de los municipios vecinos.

-El modelo de gestión del agua, que está en el limbo después de la anulación judicial de la privatización hecha por Artur Mas a la empresa Acciona.

-La sostenibilidad de la industria del porcino (en Cataluña hay más cerdos que personas), que ha provocado la contaminación de una tercera parte de las aguas freáticas y la denuncia de la Comisión Europea.

-También la Comisión Europea ha denunciado las explotaciones mineras de potasa del Bages, que contaminan la cuenca del Llobregat. Este año vence la prórroga judicial para parar los vertidos en Sallent y ya veremos qué pasa.

-El modelo sanitario público, muy damnificado por los recortes presupuestarios y que a menudo queda colapsado por interminables y angustiosas listas de espera.

-El modelo educativo público, que tiene que convivir con el sector privado subvencionado y que sufre déficits crónicos, como los impresentables y tercermundistas barracones.

-El modelo universitario público, penalizado por unas carísimas e injustas matrículas universitarias que excluyen y alejan a los jóvenes de familias con menos recursos, rompiendo la dinámica del ascensor social.

-El modelo de ayuda a las personas socialmente más fragilizadas, que ha naufragado estrepitosamente con la implementación de la renta mínima de inserción. La falta de inversiones para la creación de un potente parque de vivienda pública provoca que se cronifique el drama de los desahucios por impago del alquiler.

Pero el Parlamento de Cataluña y las instituciones de autogobierno no hacen el trabajo que deberían hacer. Al contrario, están secuestradas y paralizadas por unos y otros, por los motivos que todos sabemos.

En Cataluña necesitamos hablar claro, sin subterfugios que conducen a malentendidos y a la confusión. Por lo tanto, hay que ser serios y precisos. Aquí van diez preguntas y diez respuestas para saber dónde estamos.

-¿Está dispuesto el presidente Quim Torra y su gobierno a desobedecer la Constitución y las decisiones de los tribunales españoles?

-No. El 155 ya ha sido aplicado una vez y puede volver a serlo de nuevo, de manera más larga e implacable, si hace falta, con el consentimiento de las grandes potencias europeas y mundiales. De ninguna forma, el gobierno de la Generalitat presidido por Quim Torra creará una situación que lleve a la intervención de las instituciones catalanas, a la destitución (sin sueldo) de sus responsables y a la posible incoación de nuevos procedimientos judiciales que puedan comportar penas de prisión, empezando por él mismo.

¿Está dispuesto el presidente Quim Torra, en función de sus atribuciones competenciales, a abrir las puertas de las prisiones catalanas donde permanecen encerrados los líderes políticos del 1-O para que huyan?

-No.

-¿Están dispuestos los políticos independentistas presos a huir de los centros penitenciarios donde están y marchar al exilio si Quim Torra les abriera las puertas?

-No.

-¿Está dispuesta ERC a apoyar la investidura de Carles Puigdemont como presidente de la Generalitat?

-No y, por consiguiente, Junts x Catalunya (JxCat) no tiene los votos para hacer prosperar esta propuesta y no hace falta que perdamos más tiempo en ello.

-¿Está dispuesta la CUP a apoyar los Presupuestos de la Generalitat que presente el gobierno de JxCat y ERC?

-No y, por lo tanto, necesitan, para ser aprobados, el apoyo de los comunes y/o del PSC.

-¿Tiene previsto Quim Torra disolver el Parlamento y convocar elecciones anticipadas ante esta situación de bloqueo?

-No. Y aunque lo pensara, ni JxCat ni ERC no se lo dejarían hacer.

-¿Tiene previsto el independentismo hacer un frente común para las elecciones europeas y municipales del 26 de mayo?

-No. Ni ERC ni la CUP –que no se presenta a las europeas- renunciarán a presentar candidaturas propias. Además, hay que ver cómo acaba la aventura de Jordi Graupera, alimentada por la ANC y teledirigida por David Madí. También es una incógnita saber qué pasará con Ferran Mascarell y con la complicada fusión entre la Crida –el artefacto político creado por Carles Puigdemont- y el PDECat.

 actualidad política catalana está inexorablemente vinculada a los movimientos sísmicos de la política española, con epicentro en Madrid. Desde esta constatación, hay dos preguntas capitales a responder:

-¿Le interesa a JxCat y a ERC hacer caer el gobierno de Pedro Sánchez, impidiendo la aprobación de los presupuestos y provocando la convocatoria anticipada de elecciones generales?

-No. Todas las prospecciones demoscópicas indican que, en este caso, la suma de PP, Ciudadanos y Vox obtendría la mayoría absoluta, lo cual desvanece el horizonte del indulto de los nueve políticos independentistas presos, que es la única esperanza razonable que les queda para salir pronto de las prisiones.

-¿Le interesa a Carles Puigdemont hacer caer al gobierno de Pedro Sánchez?

-Sí. Su situación personal en Waterloo, muy complicada, solo tiene una solución: provocar el caos político en el Estado español y aprovechar el totum revolutum que se pueda crear para ver qué pesca e intentar abrir una ventana de oportunidad para poder volver a Cataluña sin pasar por un juicio y por la prisión. Pero todo esto son especulaciones inverosímiles, sin ningún fundamento empírico ni político.

-¿Quién manda en Cataluña?

-En todo caso, ha quedado demostrado que Carles Puigdemont no tiene suficiente poder ni tiene suficientes seguidores –el número de inscritos en su Consejo por la República es el termómetro- para imponer su voluntad al conjunto de la sociedad catalana.

Si queda una brizna de responsabilidad en la clase política catalana y española hay que pedirles que sean coherentes, que piensen en los demás y aprueben, con las sumas que hagan falta, sin más dilación y por el bien de todos, los presupuestos generales del Estado, los presupuestos de la Generalitat y los presupuestos del Ayuntamiento de Barcelona. Es un paso imprescindible para poder afrontar los problemas que afectan a la gente que les ha votado, precisamente, para solucionar problemas.