Ya que no la puedo hacer desaparecer, este 2020 yo me he pedido ganar lo que gana la señora Pilar. Porque puestos a pasar penas y trabajos por no llegar a final de mes con dignidad como ha explicado que le pasa a ella, prefiero hacerlo ganando 90.000 euros al año en lugar de pasarlas putas para arañar unos miserables 16.000. Y si me paro a pensar un rato más en las tonterías de esta plumífera orgánica, me maravillo de las dotes de ahorro a que me obliga la precarización del capitalismo que ella venera porque soy capaz de pagar la hipoteca y los recibos, y todavía hago un rinconcito pensando en las vacaciones sin tenerme que saltar ninguna comida. Los ricos también lloran y la Pilar es el ejemplo más claro.

No puedo dejar de preguntarme en qué se debe gastar los dineros la biógrafa del destronado rey Arturo. Yo me la imagino más bien nadando en una piscina llena de monedas de oro como hacía el tío tacaño del Pato Donald porque cuanto más rico eres, más garrapo te vuelves. Su tacañería siempre ha sido la comidilla entre mi gremio y algunos todavía recordamos cuando aterrizaba en los estudios de 8TV para pelearse con Cuní con los pelos sucios y despeinados para ahorrarse el dinero de la peluquería. Yo la entrevisté hace muchos años, cuando todavía era una de las dos ramas del PI, en su casa y me ofreció un vaso de agua del grifo.

Pero no quiero empezar el año amargando al lector. Aunque sorprenda, quiero transmitir esperanza porque es la primera vez que el año nuevo no viene solo con aumento de precios bajo el brazo. El transporte público barcelonés es más asequible para los usuarios habituales –que somos la mayoría- y ahora tenemos por delante todo un año para reclamar imposibles como más frecuencia de paso y más líneas comenzando por la conexión de los tranvías. Dicen que la cosa va de rebajar la contaminación, pero al puerto no se le toca y más de uno se tendrá que comprar coche nuevo. Felicitaciones, pues, a la hAda Colau por haberse sacado de la chistera una ZBE que no molesta ni al lobby portuario ni al de los coches.

La otra buena nueva es que de momento no tendremos que volver a votar en las elecciones del país vecino y nos podremos concentrar en buscar a un substituto digno del presidente del club de la ratafía. Me niego a valorar las barbaridades que se han dicho estos días sobre el bipartito de Pedro y Pablo por parte de diputados indignos de ser representantes públicos y me quedo con la felicidad que me provoca imaginar a los curas sondados rezando por España día y noche sin tener que ir al lavabo. Puestos a pedir, deseo que este 2020 sea el año de la política y que esto se traduzca en generosidad para construir una sociedad más justa y moderna, respeto a las diferencias, libertad para los presos políticos presos y cumplimiento de los compromisos.

Y si pensáis que soy una soñadora porque espero demasiado y pido todavía más, pues entonces me conformaré con que este nuevo año nos traiga salud y ganas de vivir a pesar de que el camino se nos haga cuesta arriba, la carga sea pesada y soplen vientos de guerra.