Es evidente que no hay dos Cataluñas. Dudo de que tuviera razón Antonio Machado cuando decía aquello de "españolito que vienes al mundo, una de las dos Españas tiene que helarte el corazón". Un ejemplo de lo que digo es la trayectoria ambigua y contradictoria que de Miguel de Unamuno nos ofrece Alejandro Amenábar en su última película "Mientras duro la guerra". Estoy más cerca de la expresión "Hay gente para todo ". Especialmente después de un trayecto en metro por Barcelona.

Por eso me subleva que se identifique a la administración política catalana como la del 3% por culpa de un número de personas –no pequeño, eso también es cierto- que la utilizaron para llenarse los bolsillos y financiar sus partidos y aventuras ideológicas. La administración catalana está repleta de gente trabajadora y honesta que intenta hacer su trabajo lo mejor que sabe y puede y que es amable y comprensiva con las reclamaciones de los ciudadanos y ciudadanas a los que atienden.

Me gustaría mucho que, pronto, asociemos esta administración no con el 3% de los corruptos sino con el 30% de la reducción de las tasas universitarias que el vicepresidente del gobierno, Pere Aragonés (ERC), ha anunciado que incluirá en los presupuestos de la Generalitat del año próximo.

Este anuncio coincidió con el del Sindicato de Estudiantes de los Países Catalanes que renunciaba a la huelga indefinida que promovió tras conocerse la sentencia del Tribunal Supremo del caso del referéndum del 1 de octubre de 2017. La presión de estos estudiantes llevó a los rectorados de las universidades públicas a aceptar que a los huelguistas se les habilitara una vía especial para calificarles las asignaturas del primer semestre sin necesidad de ir a clase. ¡A ver como resolvemos esto ahora!

Muchos alumnos nos recuerdan a los profesores universitarios que un suspenso les supone un coste económico al que les es difícil hacer frente después de pagar unas matrículas que superan los 2.000 euros. Si los nuevos presupuestos de la Generalitat recortan 600 o 700 euros estas tasas la ovación será generalizada en los pasillos de las facultades y en los hogares de los chicos y chicas que no se han matriculado en la Universidad en los últimos años por el coste de las matrículas.

La secretaría de Universidades depende de la consejera de Empresa y Conocimiento, Àngels Chacón, del PDeCAT, el partido heredero de la Convergencia Democrática que gobernaba en 2012 cuando se subieron las tasas un 67%. El secretario de Universidades e Investigación era, en aquel momento, Antoni Castellà, entonces dirigente de Unión Democrática de Catalunya y hoy diputado en el grupo de ERC en el Parlament.

La política da, a veces, unos tumbos extraños. Que Catalunya pase de ser la del 3% a la del 30% será uno de estos tumbos. Lo aplaudiré incluso con las orejas. Y haré ver que no veo lo que hace Antoni Castellà.