La semana pasada decía que a la izquierda del padre no puede quedar nadie y siete días después el desembarco de Errejón en la política española con la misión de destruir el podemismo es un hecho. El nuevo Frankenstein cocinado a fuego lento en las calderas del sótano de Ferraz mientras Pedro hacía ver que negociaba un acuerdo con Pablo todavía está a medio hacer, pero ya hace de las suyas inoculando el veneno de la escisión en algunos territorios y socios residuales. De momento, parece que Cataluña se mantiene fiel al pablismo a pesar de los intentos de clavar una pica en el reino de la hAda Colau. Sin embargo, conociendo la olla de grillos que es el podemismo catalán, con un historial de broncas, expulsiones e intercambio de insultos impropio de una organización progresista seria, recomendaría a la alcaldesa virtual que no se fiara ni de su sombra.

Tendremos que tener un poco de paciencia porque, de momento, el alud de adhesiones que se esperaba desde las filas podemitas no se está produciendo a la velocidad deseada. Uno de los argumentos que les hacía pensar en el éxito inmediato de la empresa era la cantidad de damnificados que han dejado atrás las purgas del matrimonio Ceausescu clamando venganza. Sabemos de sobras que Isabel y Fernando han gobernado con puño de hierro un partido nacido teóricamente para cambiar las formas de hacer política. Sin embargo, muchos de los que se creyeron el cuento del 15-M reposan desengañados en el cementerio de los bellos ideales y no sé yo si tendrán ganas de volver de entre los muertos por mucho que hayan bautizado la cosa Más País (llamarse Más España hubiera sido delirante).

A los desmemoriados les recuerdo que no es la primera vez que el socialismo español hace una opa hostil a todo lo que se mueve a su izquierda. Hace falta remontarse a los últimos años del felipismo y los primeros de Ansar para encontrar un experimento parecido. Entonces fue un éxito a medias porque acabó con el califa Anguita y su pinza, y dejó a Izquierda Unida al borde de la extinción, pero tampoco benefició tanto al PSOE porque el progresismo se desmovilizó hasta las elecciones del 2004. Por razones profesionales viví en primera línea aquel episodio, desde la creación del tumor en forma de corriente crítica liderado por Diego López Garrido y Cristina Almeida hasta su constitución como partido, su ruptura con la formación comunista y su desaparición devorado por el lobo socialista.

Desde Cataluña se dio un apoyo entusiasta al invento y Rafael Ribó, que pasará a la historia por más cosas malas que buenas, abrió el camino pactando con el PSC un acuerdo preelectoral que hizo aguas. La votación en el Congreso de la reforma laboral que incorporaba un despido más barato fue el detonante de la ruptura: los tres diputados de IU de la corriente crítica se negaron a votar en contra y fueron expulsados del partido. El resto de la historia es fácil de imaginar: se crea el PDNI, se presenta a las elecciones con el PSOE y se extingue. Todo en poco más de tres años. López Garrido recibió como premio ser portavoz del grupo socialista en el Congreso y Almeida, candidata del PSOE a la comunidad de Madrid.

Hay otros nombres ilustres que también participaron en aquel experimento que ahora se repite con otros protagonistas. Una es Rosa Aguilar, la alcaldesa de Córdoba y amiga del alma del califa que acabó de consejera y ministra con el PSOE. El otro es el periodista Rodolfo Serrano, padre y autor de muchas de las letras del cantautor Ismael Serrano, quien desde las páginas de El País instigó la revuelta con sus incendiarias crónicas. Aviso para navegantes: cuando el PSOE e IU fumaron la pipa de la paz, Serrano fue expulsado de la sección de política y arrinconado en local hasta que Aguilar lo convirtió en su jefe de prensa. Así que disfrutad del bonito espectáculo de destrucción que se avecina. Lo mejor que puede pasar el 10-N es que los pedristas necesiten de los pablistas y de los independentistas para gobernar. Lo peor, que el melón popular gane las elecciones.