El cuerpo de Valeria, una niña de 1 año y once meses, yace en el Río Bravo junto a su padre, Óscar Alberto. Venían huyendo de la violencia y la pobreza de El Salvador, buscando asilo en Estados Unidos. La decisión de la administración Trump de dejar en territorio mejicano a la espera de la respuesta positiva a la solicitud de asilo, ha llevado a que familias y personas tomen la decisión de entrar por vías peligrosas. Como fue el caso de Valeria y sus padres.

La imagen ha dado la vuelta al mundo poniendo de manifiesto la ineficacia y la dureza de las políticas migratorias actuales. Si esto sucedía en la zona norte de Méjico, en el sur, en la frontera con Guatemala, el pasado mes de junio el gobierno de López Obrador desplegó 6.000 efectivos de la Guardia Nacional para hacer frente a la migración. El anuncio de esta medida sucedía al concluir el segundo día de negociaciones para evitar la imposición de aranceles estadounidenses a los productos mejicanos.

La dura mano de Trump en la política migratoria no deja tregua. Mientras aún se resiente en la retina la imagen desoladora de los menores separados de sus padres en la frontera entre Méjico y Estados Unidos, nos llega ésta de Valeria y su padre, lo que muchos han llamado “de nuevo, un Aylan Kurdi”. Y tantas otras muertes, de las que ni nos enteramos. Un informe reciente del colectivo Caminando Fronteras alerta de que el 75% de los migrantes ahogados en la Frontera Sur nunca son encontrados.

Pero no hace falta ir tan lejos para constatar la dureza y la complejidad de la situación. Aquí, en Europa, se sabe que con el buen tiempo aumentan las embarcaciones que intentan arribar a “tierra segura”. Hace tan sólo unos días recibíamos la noticia de la trágica muerte de 22 personas que viajaban en una patera desde Marruecos rumbo a España. Un final que podría haber sido bien distinto teniendo en cuenta que Salvamento Marítimo había recibido el aviso de una ONG alertando que una embarcación se hallaba a la deriva con 49 personas. No hubo respuesta, y 22 de ellas murieron y fueron arrojadas al mar.

Otra ha sido la suerte de los 42 migrantes que han sido rescatados por el barco de rescate “Sea Watch 3”, que ahora esperan en tierras italianas que se defina su nuevo destino. Carola Rackete, la capitana del barco y responsable de salvar sus vidas, se encuentra arrestada y a la espera de conocer las consecuencias de su acción. Salvini ha sido contundente en un mensaje amenazante lanzado contra ella y las embarcaciones de salvamento marítimo, Open Arms y Aylan Kurdi. Por su parte, Óscar Camps ha decidido también desobedecer y seguir con su trabajo de salvar vidas en alta mar.

Hacia ellos - Rackete, Camps y otros – no cesan los elogios y los mensajes de apoyo en las redes. Y no es para menos. Sin embargo, es importante recordar que el objetivo no debería quedarse en regularizar ni legalizar estos rescates, sino evitar que las personas se lancen al mar poniendo sus vidas en peligro. Por ello, es necesario habilitar vías legales y seguras. Algunas medidas ya existen, pero falta aplicarlas. Los corredores humanitarios, poner en marcha la Directiva Europea de Protección Temporal, el reasentamiento y la reubicación o eliminar el visado de tránsito impuesto a determinados países, son algunos ejemplos.  Hace tiempo que también se vienen proponiendo otras medidas, como son los visados humanitarios o la posibilidad de pedir asilo en embajadas y consulados en los países de origen (artículo 38 de la Ley de Asilo del 2008, sin reglamento aprobado hasta la fecha).

Las predicciones apuntan que en los próximos años cada vez serán más personas las que decidan emprender viaje a tierras europeas. El Secretario de Igualdad, Migraciones y Ciudadanía de la Generalitat de Cataluña, Oriol Amorós, tomando los datos de Naciones Unidas,  señalaba recientemente: “De aquí al 2050, Europa perderá unos 150 millones de personas en edad de trabajar, mientras que África ganará cerca de 750 millones”. Explica Amorós que las previsiones anuales de expedición de visados de trabajo son de poco más de 30.000.

Un panorama actual y un visionado a futuro que no hace más que constatar que necesitamos un cambio en el planteamiento de las políticas migratorias. Por el derecho a la vida y la dignidad de las personas migrantes; y por respeto y dignidad de esta sociedad, porque no podemos ser cómplices de estas muertes, de estas políticas migratorias inaceptables.