Leía hace tiempo que el 9 de noviembre de 1966 moría de accidente de tráfico el cantante, bajista y compositor Paul McCartney. Una pérdida irreparable que sus socios de la banda británica de rock The Beatles sorprendentemente repararon haciendo un casting de dobles, que ganó un tal William Campbell, que a partir de entonces y hasta ahora interpreta a McCartney. A la inversa, también he leído que el cantante Elvis Presley aún está vivo, y que juega a las cartas con el actor Bruce Lee. O que el también actor Errol Flynn tocaba el piano con el pene cuando tomaba unas copas de más. Más reciente está el caso de cuando le dieron un Oscar a la actriz Marisa Tomei; Jack Palance, borracho, decidió por su cuenta y riesgo darle el preciado galardón, cuando en la papeleta estaba escrito otro nombre, pero él soltó un "And the winer is ... Marisa Tomei". O las escapadas en moto del rey, ahora emérito, Juan Carlos I, que ayudaba a los conductores con pana a cambiar las ruedas. Y tantas otras leyendas urbanas.

Las noticias falsas son más viejas que Matusalén. En la biblia encontramos buenos ejemplos. Antes las llamábamos leyendas urbanas y ahora 'fake news'. El problema no está en cómo llamamos las mentiras de toda la vida, si lo hacemos en castellano o tiramos de anglicismos; el problema radica en la  propagación. Antes, la onda expansiva era escasa; ahora, por lejos que sea el epicentro de la mentira, la divulgación se convierte en extraordinaria. Todo, gracias a las redes sociales, un ingenio que, para bien y para mal, ha venido para quedarse.

Como los Gremlins de Joe Dante, que no se pueden mojar ni darles de comer pasada la medianoche, las 'fake news' se multiplican en periodo electoral. Por lo tanto, de aquí al 26 de mayo somos carne de 'fake news'. Vendría a ser como si el Groundhog Day (día de la marmota) cayera en 28 de diciembre (día de los inocentes) y estuviéramos expuestos in aeternum a discernir las noticias verdaderas de las falsas.

En vísperas electorales, el candidato del PP, Pablo Casado, ha abierto la veda de las 'fake news' y, haciendo un triple salto mortal, ha denunciado una falsa noticia que se había inventado él mismo. El hombre acababa de rebajar el salario mínimo y, después, al ver el jardín en el que se había metido, negaba la mayor y decía que él nunca lo había dicho, que se trataba de una 'fake news'; un fenómeno que Casado dice que le persigue.

El antídoto de las falsas noticias es otro anglicismo: el 'fact check'. Una verificación de la verdad necesaria para combatir las 'fake news', que también se está poniendo de moda. No deja de ser un pez que se muerde la cola: el periodismo necesita verificar para intentar separar el grano de la paja, las falsas noticias de las auténticas.

Como decía el periodista Abbott Lieblig, "la gente generalmente confunde lo que lee en los periódicos con las noticias".