La humanidad afronta un reto colosal de civilización: la sustitución de los combustibles fósiles (carbón e hidrocarburos) como fuente principal para la producción de energía y la movilidad. Este es el objetivo que exige la conciencia científica a los gobiernos de todo el mundo para parar los efectos devastadores del cambio climático que amenaza nuestra supervivencia colectiva. 

Obviamente, esta es una tarea que tiene que asumir el conjunto de la comunidad internacional, empezando por los países más contaminantes del planeta, China y los Estados Unidos. Pero en este rincón llamado Cataluña también tenemos que hacer la parte de los deberes que nos corresponden y justo es decir que vamos muy atrasados y estamos muy mal enfocados: en la actualidad, solo el 20% de la producción eléctrica que se genera en nuestro territorio es de origen renovable.

Hay que señalar, con rotundidad, que Cataluña tiene las condiciones naturales idóneas para hacer una rápida transición ecológica y lograr el 100% de la electricidad de fuentes no contaminantes. El Sol, el viento, el mar, los ríos, la energía geotérmica, la biomasa… son abundantes y nos podrían abastecer con creces de los kilovatios que necesitamos para hacer funcionar y progresar el país. 

Sin querer presumir de nada, Cataluña es una de las zonas del mundo más privilegiadas en cuanto a la diversidad y riqueza de los recursos naturales susceptibles de ser aprovechados como fuentes energéticas no agresivas con el medio ambiente, de acuerdo con los principios y recomendaciones de la COP25. Pero para desplegar todo este enorme potencial latente hacen falta tres factores: 

· Voluntad política e impulso legislativo para crear el marco jurídico que haga posible emprender un gran plan de despliegue de las energías renovables

· Capacidad de generar consensos sociales y territoriales para llevarlo a cabo 

· Liberación de los recursos económicos, públicos y privados, que permitan ponerlo en marcha

Desgraciadamente, estamos muy lejos de tener este contexto de actuación para poder erradicar las emisiones de dióxido de carbono y luchar frontal y decididamente contra el cambio climático. 

· En primer lugar, por la carencia de un gobierno efectivo. El presidente Quim Torra está pendiente de una sentencia inminente que lo inhabilitará para continuar ejerciendo su cargo. El horizonte más plausible en Cataluña es la próxima convocatoria de unas elecciones al Parlamento, pero no sabemos cuándo. Carles Puigdemont juega, desde Waterloo, las pocas cartas que le quedan, pero es quien tiene, en definitiva, la decisión de pulsar el botón de la disolución del actual Parlamento y la celebración de nuevas elecciones. Este es su poder y lo utiliza, como un niño caprichoso y presuntuoso, para mantener bloqueada la situación política en Cataluña, porque considera que esto le beneficia. 

· El mapa energético catalán es totalmente dependiente de las tres centrales nucleares de Ascó y Vandellòs, explotadas por Endesa e Iberdrola, que producen el 50% de la electricidad en Cataluña. Por un lado, esto ya le va bien al poder político, que tiene la excusa para demorar sine die el impulso decidido de las energías renovables. Como el gobierno de Quim Torra, obcecado en las ensoñaciones procesistas, no hace los deberes, la Asociación Nuclear Ascó Vandellòs (ANAV) promueve la prolongación durante diez años más de los permisos de explotación de las tres centrales nucleares catalana. El problema es que el envejecimiento de estas instalaciones está provocando frecuentes percances técnicos y esto, cuando se trata de la energía atómica, es una irresponsabilidad criminal, como ya quedó demostrado con el incendio del reactor de Vandellòs I, en 1989, cuando Cataluña estuvo a punto de ser Chernóbil. Además, la larguísima radiactividad de los residuos nucleares es el talón de Aquiles de esta tecnología de producción eléctrica. 

· Endesa, propiedad del grupo italiano Enel, actúa con total impunidad y el gobierno de la Generalitat no osa pararle los pies. Ocho de las 47 centrales hidroeléctricas que tiene en el Pirineo catalán, con una potencia instalada de 800 Mw, ya tienen la concesión vencida y hace años que tendrían que ser de titularidad pública. Además, los pantanos de Mequinenza y Riba-roja, que explota en el río Ebro, son los grandes causantes de la catástrofe ecológica que está provocando la irreversible desaparición del delta, reserva de la biosfera de la Unesco.

· El ferrocarril es la alternativa más sostenible para la movilidad de personas y mercancías. Cataluña es la única comunidad española que tiene las cuatro capitales conectadas por el AVE. Pero, más allá de esto, que nos tiene que congratular, la red ferroviaria de proximidad es muy deficiente. No solo el servicio de Cercanías de Renfe, que sufre un retraso crónico de inversiones. La empresa pública Ferrocarriles de la Generalitat (FGC) también mantiene bajo mínimos las líneas de Igualada y Manresa, que no son competitivas. Proyectos imprescindibles, como el Eje Transversal ferroviario Lleida-Girona, el Orbital de Vilanova i la Geltrú-Mataró o el desdoblamiento del tramo Moncada-Vic duermen en los cajones desde hace años. 

· La Generalitat, desde los inicios del pujolismo, ha fomentado, de manera abusiva, el uso de los vehículos privados y del transporte por carretera. Esto explica que se haya promovido la construcción intensiva de nuevas autopistas de peaje y, con cargo a los presupuestos públicos, el Eje Transversal Lleida-Girona, al servicio de los intereses de la poderosa industria cárnica. 

· El sistema de recogida y tratamiento de residuos, en especial en el área metropolitana de Barcelona, está al límite del colapso. El principal vertedero, ubicado en Hostalets de Pierola (Anoia), es un foco de contaminación y, además, está asentado sobre una valiosísima zona paleontológica, hecho que escandaliza a los científicos. La incineradora de San Adrià del Besòs (“planta de valorización energética”, la llaman) es también objeto de las denuncias vecinales, por las dioxinas y los malos olores que emite. 

· La manga ancha de la Generalitat ha hecho que en Cataluña haya hoy más cerdos que personas. La ganadería intensiva es uno de los sectores empresariales que produce más CO2 y las granjas vierten cada año millones de litros de purines que acaban contaminando las aguas freáticas con nitratos. La situación de degradación ecológica es insostenible y ha motivado la intervención sancionadora de la Unión Europea. 

· La explotación de las minas de potasa del Bages es una catástrofe medioambiental que se ha cargado los acuíferos centrales del Llobregat. La solución pasa por la construcción de un nuevo colector de salmueras que lleve los residuos salinos hasta el mar, pero la empresa ICL Iberia (Iberpotash) se desentiende a la hora de acometer esta importante inversión. Los vertidos en la emblemática escombrera del Cogulló se han parado… pero continúan devastando otros lugares de la comarca. 

Lo más patético de todo ello es que el gobierno de la Generalitat, con el consejero de Territorio y Sostenibilidad, Damià Calvet, al frente, se llena la boca con la defensa de los valores ecológicos y la lucha contra el cambio climático. Sí: se hacen proyectos, se anuncian leyes, se aprueban medidas correctoras que después no se ejecutan, se echa la culpa al gobierno central o al Tribunal Constitucional porque velan por el respeto escrupuloso del ordenamiento competencial… pero nada de nada. 

Todo es gesticulación vacía para ir pasando los días, las semanas y los meses sin atacar, de raíz, los graves problemas medioambientales que sufre Cataluña. El gobierno del presidente Quim Torra no es eficaz ni es creíble. Está instalado, desde hace un año y medio, en una situación de precariedad y provisionalidad permanentes, no transmite ningún tipo de seguridad ni de solvencia y, además, está carcomido por las profundas divisiones estratégicas entre JxCat y ERC. 

El proceso independentista ha trastornado a la sociedad catalana y ha secuestrado la vida política del país. Hemos perdido siete años preciosos, justo en el momento que había que afrontar el desafío de los estragos destructivos que provoca el cambio climático. Como siempre, llegamos tarde y lo hacemos mal.