Angela Merkel avisa a los alemanes que mejor ni plantearse visitar España durante este verano y el terror del sector turístico catalán se vuelve pánico al darse cuenta de que esto también los afecta. De golpe y porrazo, los ojos del gobierno de la Generalitat y de instituciones económicas catalanas giran hacia el turismo nacional, que no es el de aquellos señores de Tremp o Mollerussa que deciden pasar unos días en la Costa Brava, sino el de los señores provenientes de Madrid, la zona cero de la Covid-19 según informa TV3, o de los subvencionados andaluces, parásitos incapaces de vivir de nada que no sea el PER. Es el de estos españoles que sólo saben expoliar.

Les imploramos que nos visiten. Sabemos que, como dice Joan Canadell, presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, los originarios del Reino de España provienen de un lugar que es paro y muerte, pero a pesar de esto sabremos resignarnos y aceptar su dinerito en esta tierra de promisión, de vida y futuro que es Catalunya.

Somos tan generosos que permitiremos que estas bestias con forma humana que son los ñordos, dejen sus dentaduras postizas sucias en las mesillas de noche de nuestros hoteles de Salou o de l'Empordà. Somos comprensivos. Sabemos, porque nos lo ha dicho nuestro presidente, que sois una pobre gente, que no dáis nada más de sí.

Os esperamos con los brazos abiertos, dispuestos a cualquier sacrificio para salvar un sector industrial que representa el 12% del PIB catalán y el 14% del empleo. Al fin y al cabo estamos, aunque nos pese, acostumbrados a vuestra presencia, ya que que los españoles en Catalunya son como la energía: no desaparecen, se transforman. Nos reservaremos para nosotros, eso sí, algunos rinconcitos con encanto, no tanto para esconderlos a quienes vengáis desde Ñ, si no porque no los invadan los pixapins. No en vano, el cosmopolitismo capitalino es el peor peligro para nuestra esencia catalana

El principal motor económico del país está en manos de estos españoles que ayer sólo nos robaban, pero que ahora nos matan a golpe de virus y pandemias. Dependemos de España. Y no parece que en el resto del Estado hayan entendido nuestro sofisticado sentido del humor ni nuestras bromas. El turismo nacional en Catalunya bajó entre septiembre del 2017 y el septiembre del 2019 un 4'2%, exactamente lo mismo que subió en el resto del Estado, y resulta alarmante contemplar como, según la patronal hotelera Cehat, el 40% de las plazas ofrecidas por el Imserso en Catalunya quedaron desiertas.

Parece que nuestras imaginativas propuestas de promoción turística, como por ejemplo decorar con cruces amarillas las playas y los balcones con esteladas, o crear espacios para la aventura a través de disturbios vistos con cierta aquiescencia por el Gobierno de la Generalitat, no han sido bien entendidas más allá del Ebro.

Hay que construir complicidades, y para qué España vea que compartimos su sentido de la ironía, hemos decidido hacerle un guiño, y si ellos nos envían 1714 miles de mascarillas, nosotros también haremos juegos con los números, que ya se sabe que nunca son casualidad. Esto si, sin ninguna referencia histórica, que con estas cosas no se juega. Mejor un gesto algo más demoníaco, como por ejemplo una paga extra de 666 euros a sanitarios, policías y bomberos. Ya se sabe que somos una tierra de correfocs y demonios.

También de sardanas, bastoners y geganters. Manifestaciones populares de la cultura tradicional que, como dice nuestra consejera del ramo, Mariàngela Villalonga, muestran lo mejor de lo mejor de la generosa raza catalana. Queremos compartir nuestro hecho diferencial y por eso prometemos corregir nuestro defecto de cambiar de lengua y pasarnos al castellano si nos da la sensación de que vuestro aspecto no es suficientemente catalán o nos parecéis extranjeros.

Os pedimos que volváis otra vez para ver a todos aquellos familiares y amigos que dejasteis de visitar en 2017, en 2018 y en 2019. Que aquellos que formáis parte del 20% de visitantes que llegaba aquí para hacer negocios o razones profesionales antes del 1-O, paseéis de nuevo por nuestras calles. Y puestos a pedir, no seáis muy tacaños; no sea caso que provoquéis la ruina de los patriotas catalanes de quienes dependen nuestras cajas de solidaridad. Se sienten felices de poder vivir la experiencia de un verano sin guiris. Tanto, que han decidido gastar sus ahorros en multiplicarse para llenar, ellos solitos, todos los hoteles catalanes entre julio y septiembre.