Un estudiante de Periodismo me comentaba, hace unos días, que le costaba de entender que el debate político y mediático de los últimos años estuviera secuestrado por cuestiones y detalles de todo tipo vinculados al 'proceso' independentista. Lo comentaba a raíz del episodio de las pancartas que han ido colgando y descolgando del balcón del Palacio de la Generalitat. "A veces pienso que estoy soñando". No, no es un sueño. A pesar de que muchos firmaríamos donde fuera para que nos dijeran, al despertarnos un buen día, que el tema está resuelto y cerrado. A favor de unos o de los otros. Tanto da. Pero que, finalmente, los periodistas podrían volver a informar de cuestiones más relacionadas con las necesidades cotidianas de los ciudadanos.

Un periodista, más veterano que mi amigo estudiante, Rafael Jorba, también clamaba en un artículo reciente para que se acabe esta pesadilla. "¡Ya basta de este color!" lo titulaba. Y me venía a la cabeza el mítico '¡Basta ya!' con que un tercer periodista, Josep Cuní, ponía fin al griterío que se había apoderado de una tertulia que moderaba, con una cuarta periodista por enmedio, Pilar Rahola.

Sin embargo, por debajo de este protagonismo absoluto del 'proceso' en nuestros medios de comunicación y nuestras vidas hay otro periodismo. Lo he constatado al participar como miembro del tribunal de los Premios Montserrat Roig al periodismo y la comunicación social de Barcelona que concede el ayuntamiento. Este viernes decidiremos quienes son los premiados. Os aseguro que es una inyección de ilusión y confianza en que no sólo 'otro periodismo es posible' sino que existe. Existe a pesar de que lo conocemos y hablamos poco de él. Por eso se necesitan premios como el que lleva el nombre de una periodista que lo representa perfectamente.

El número total de candidaturas que hemos evaluado supera el centenar. Nuestros medios de comunicación –los convencionales y potentes y los más modestos y de base- han hablado de las cuestiones que pocas veces, o nunca, abren los informativos de radio o televisión u ocupan las portadas de los diarios, en papel o digitales.

Quizás todos los ciudadanos tendrían que ser jurados de premios como el Montserrat Roig. Entonces quizás nos daríamos cuenta que hay un periodismo y unos periodistas que se preocupan por el alzheimer, la pobreza, el autismo, el cáncer, la dependencia, los colapsos en urgencias, el racismo, la inmigración maltratada, los refugiados olvidados por las administraciones, la soledad de la vejez, los desahucios, los sin techo, las capacidades diferentes, la desigualdad de género, la salud mental, el acoso en la escuela o por Internet, la memoria histórica, los colectivos LGTBI, la segregación escolar, la precariedad laboral, los menores no acompañados, los abusos sexuales a menores y mujeres, la fibromialgia, el cambio climático, la solidaridad y la cooperación con las mil y una necesidades de un Sur del cual el Primer Mundo ha abusado siempre y lo continúa haciendo...

No, no estamos durmiendo. No estamos soñando. Existen muchos colores. Y hay muchos periodistas, jóvenes y veteranos, que nos dibujan una realidad que se afana por emerger bajo los gritos que nos ensordecen, entretienen y despistan.