La semana continúa dejándonos momentos memorables. Algunos han pasado desapercibidos intencionadamente como el ingreso en prisión del quinto hijo de los Pujol Ferrusola por el caso ITV. El heredero frustrado con ínfulas de estadista, de quien todos se burlaban por sus pocas luces, tendrá que cumplir dos años y medio de cárcel en Can Brians por tráfico de influencias, cohecho y falsedad documental. O lo que es lo mismo, por haberse aprovechado de su doble apellido ilustre para favorecer empresarios afines al régimen pujolista a cambio de cobrar comisiones ilegales. Es ésta una práctica de arraigada tradición entre la clase política, igual que las puertas giratorias, que estos días han tenido como protagonistas a un nutrido elenco de ecosocialistas que se han resituado como asesores en fundaciones políticas y empresas.

Otro hecho relevante que ha quedado rápidamente silenciado por la vorágine mediática de Julen, Venezuela y el culebrón procesista que nunca acaba es la conferencia que cada año organiza el Colegio de Periodistas con el alcalde/alcaldesa de Barcelona. Desde que tengo conciencia periodística y soy colegiada recuerdo los actos de cada enero para hacer balance de la gestión hecha y aguantar estoicamente la lluvia de preguntas, algunas de ellas tan impertinentes como necesarias. Sin embargo, este año no solo se ha modificado el formato sino que se ha escogido como conductora a una vaca sagrada del periodismo barcelonés que poco puede presumir de independiente cuando cobra del Ayuntamiento para dirigir la revista municipal Barcelona Metrópolis.

Milagros Pérez Oliva es para la izquierda lo mismo que Mònica Terribas es para el procesismo. Las dos están en todas las salsas y lo acaparan todo, como si en este país pequeño no hubiera más periodistas válidas para hacer de presentadoras, cosa que me preocupa mucho. En esta coyuntura tan higiénicamente poco democrática –porque el periodismo crítico con el poder está desaparecido o censurado- estaba cantado que el interrogatorio a la hAda Colau sería un masaje y tendría más de autobombo que de autocrítica. Así pues, a nadie decepcionó ni la actuación de la conductora ni la de la alcaldesa. Está demostrado que si no pinchas, el otro no sangra, por eso la única noticia –si es que se puede calificar así- fue el anuncio que el ideólogo de los comunes substituirá al deslucido Pisarello como número dos.

Colau hizo un balance triunfalista de su accidentada gestión al frente del consistorio barcelonés. También era previsible que utilizase el altavoz que le brindaba gratis el Colegio de Periodistas porque estamos en periodo electoral y las encuestas dibujan una gran incógnita para repetir como alcaldesa. Colau, que es muy espabilada, pasó de largo sobre los navajazos internos para asegurarse un buen lugar en la lista. También ignoró el malestar que hay en algunos cuadros de su partido críticos con las maneras de hacer del núcleo duro y con el impuesto revolucionario que el maridísimo cobra a unos sí y a otros no bajo amenaza de despedirlos si no pagan. Es sorprendente como el “ara no toca” del nada honorable presidente Pujol ha hecho escuela.

Una muestra más que el poder deslumbra incluso al más puro es la conexión del tranvía que la regidora Sanz se apresuró a recuperar después de ver los resultados del último barómetro. Janet Sanz es un animal político y hAda Colau haría bien en tenerla vigilada si no quiere tener una sorpresa. La regidora ecosocialista rescató el proyecto del tranvía sin decir nada a la regidora de movilidad y confiando en que con Tete Maragall sería más fácil conseguir el apoyo republicano. La negociación se ha hecho a contrarreloj y con una enfadada Mercedes Vidal en un discreto segundo plano. El acuerdo aprobado en el pleno es más una declaración de intenciones, pero al menos supera el principal escollo, el político. Una vez más la suerte sonríe a los audaces.