Hoy, ¿estamos en agosto, o en abril...? Cataluña vive el sexto día crítico. El lunes, el presidente Quim Torra anunció con solemnidad procesal que nos encontramos ante los "diez días más importantes del verano" si no se quiere retroceder y volver al confinamiento de abril. Quedan cuatro días, pues. El miércoles vencerá el plazo. Veremos si el jueves estamos en agosto o definitivamente hemos vuelto a abril, aquel fatídico abril. Desde los mayas y sus apocalípticos pronósticos que no vivíamos un sinvivir así. Torra, con un catalán de Pompeu y usando el tono amenazador de Lucifer en los Pastorets, dijo y redijo que el momento es crítico, que la situación es complicada. Después, en inglés, el presidente dijo lo contrario, que Cataluña es segura y que los turistas podían venir a pasar las vacaciones sin miedo. No sé si los turistas saben catalán, pero muchos catalanes saben inglés y entienden la contradicción. Con una mano Torra dijo que estamos al borde del precipicio, y con la otra invitó a dar un paso adelante. Y se quedó tan ancho. Desconozco si nos toma por tontos o en realidad lo es él. Intuyendo como cierta la versión catalana del discurso, cuesta disculpar la inglesa, o al revés. ¿Nadie asesora este hombre?

El mundo, con contadas excepciones -de países en su mayoría gobernados por mujeres-, ha gestionado la crisis sanitaria de la Covid-19 como mejor ha sabido y, desengañémonos, no ha sabido demasiado. Queda claro que no estábamos preparados para una sacudida de estas características. Algunos países parecen haber aprendido la lección y, tras una gestión deficiente de la primera ola, llevan mejor la segunda. Ya hemos comentado aquí y más de una vez el caso catalán. Después de llorar hasta el agotamiento por la retirada de las competencias, una vez estas nos han sido devueltas, no hemos sabido hacerlo mejor. Y es que Cataluña no está en lo que tiene que estar. Vivimos anclados en una eterna crisis política, la del proceso, que no nos deja ver la periferia, y en la periferia pasan cosas. Queda claro que no sabemos hacer dos cosas al mismo tiempo y eso nos debería obligar a concentrarnos en una. Y después de la una, la otra. Es una cuestión de prioridades.

Cantaba Sabina: "Quién me ha robado el mes de abril", convertida ya en una especie de himno de un mes que, como en la película Groundhog Day (día de la marmota), igual estamos condenados a repetir una y otra vez, tantas veces como hagan falta hasta que aprendamos la lección.