El expresidente de la Generalitat, José Montilla, ha afirmado que "es una evidencia que el procés y las reacciones que este ha provocado no han aportado nada de positivo para la sociedad catalana. No estamos mejor. Ni tenemos más y mejores competencias y recursos para las políticas públicas que el país necesita, ni la sociedad catalana está más cohesionada, ni los anhelos compartidos de un autogobierno más sólido y eficaz se han abierto camino".

Montilla ha hecho pública una declaración sobre la Diada del 11 de Septiembre en la cual afirma que "la Diada Nacional tiene que ser uno de los símbolos que contribuyan a expresar la unidad del país, en toda su pluralidad, alrededor de nuestras instituciones de autogobierno. Cuanto más se convierta en la expresión política de una parte del país, menos logrará su carácter de fiesta nacional del conjunto de hombres y mujeres que conforman la sociedad catalana. Creo que hay que hacer un mayor esfuerzo para evitar la devaluación de este y de los otros símbolos comunes: la senyera, la Generalitat y el Estatuto".

El expresidente catalán afirma que "es evidente que hoy, como en los últimos años, la Diada está muy condicionada por los acontecimientos que se han producido en Cataluña impulsados por el mismo Gobierno de la Generalitat y por quienes consideran que la única fórmula para mejorar nuestro autogobierno es la independencia".

Montilla denuncia que con el proceso independentista "más allá de los horizontes idílicos y las opciones ideológicas, legítimas por otro lado, lo que tenemos son años de tensión, retroceso, división y sufrimientos personales, especialmente de aquellos que se encuentran en prisión o lejos de sus familias como consecuencia de sus actos y de los acontecimientos que hemos vivido", añadiendo que "la nuestra es hoy una sociedad malhumorada, con más desconfianza y cuestionamiento hacia nuestras propias instituciones y con menos capacidad para ejercer un liderazgo en España y en Europa que en otros momentos sí que hemos sabido desarrollar".

Para Montilla, "nos hace falta con urgencia que haya un gobierno efectivo, con un presupuesto, un programa y una agenda pública adecuados para ocuparse de las cosas concretas del día a día. Un gobierno que prepare el país para los riesgos que tenemos en el horizonte. Una nueva recesión internacional especialmente en Europa, por ejemplo, no es una previsión osada. Cataluña necesita volver a tener peso en el funcionamiento de España. El "nosotros solos" puede ser emocionalmente una buena opción. Pero en términos racionales es un inconveniente. Hemos perdido influencia, prestigio y reputación".

Por todo ello, el expresidente de la Generalitat afirma que "requerimos, ahora y de nuevo, actos de coraje. El primero, reconocer honestamente el fracaso de la vía escogida para defender un proyecto político. Nunca más no se puede caer en el error de creer que saltarse el marco jurídico es un buen camino. En segundo lugar, entender que el procés ha expresado un malestar basado en la existencia de problemas reales de nuestro autogobierno que, no tengo ninguna duda, tienen solución en el marco democrático. Sin estos actos de coraje no lo solucionaremos", remachando que "creo que hace falta que los responsables políticos y todo el mundo que tenga capacidad de influir en la sociedad catalana se conjuren en la consecución de un objetivo que todos compartimos: evitar que se consolide en Cataluña una sutil división entre dos bloques separados por la incomprensión y por la incompatibilidad de proyectos políticos. Si no trabajamos para evitarlo, podemos perder el bien más preciado conseguido desde la recuperación de la democracia: la unidad civil del pueblo de Cataluña, hoy ya gravemente afectada y cuestionada".