Aprendiz de todo, milita en la izquierda transformadora y los movimientos sociales, entre los cuales el de la renta garantizada de ciudadanía y el de la educación pública. Es promotor de Cortum Club Radio (Ona de Sants, 94.6 FM) y forma parte de Federalistes d’Esquerres.


Dices, refiriéndote simbólicamente a “los lazos” amarillos, que nos han colocado por delante las pasiones, y nos han robado la cartera…

Los lazos amarillos, como cualquier otra bandera que intente utilizar los sentimientos, lo que han hecho es intentar gobernarnos a través de las pasiones. Entre lo racional y lo pasional (naturalmente, no primando solo la racionalidad), la pasión debe quedar en el ámbito de la intimidad. Igual que he militado por la laicidad (Cataluña laica, Europa Laica, la Liga por la Laicidad…), considero que el sentimiento nacional debe ser como el religioso, musical o estético. Uno tiene todo el derecho del mundo a tener sus pasiones, pero eso no quiere decir que nos debemos gobernar por pasiones. Todo el mundo tiene derecho a sentir lo que sea. El problema aparece cuando eso se traduce a política.

¿En consecuencia, los sentimientos no son algo baladí en la construcción del nacionalismo sino, quizás, su piedra angular?

Sin duda. Es la base, la jugada maestra del neuro-marketing, interpretado de manera torticera e interesada, y la gran victoria del capitalismo. Es decir, ahora que ya tengo una sociedad que tiene una auto-percepción de derechos, de gobierno racional y justo, voy al mundo de las pasiones, paras sublimarlas y que todo el mundo, como el eterno adolescente, sienta el ego como centro de su vida y, por extensión, de las relaciones sociales. Así, la gente acaba construyéndose un universo de pretendidos derechos, como el de la identidad. 

En lo racional hay reglas de juego, procedimientos, fórmulas capaces de regular hasta la resolución de los conflictos ¿Es posible, desde esta perspectiva, hacer frente de algún modo al espacio de la irracionalidad?

Veo que se puede entender lo mismo que a las religiones. Se puede discutir con alguien religioso hasta que aparece el pensamiento mágico o la superstición, que acaba reconociendo su creencia en un hecho que, a ojos racionales, el paradigma científico actual o la cantidad de conocimiento que poseemos, es refutable. Pero ante el “creer” no se puede argumentar nada. Así se acaba, rompiendo la baraja, o llevándose la pelota a casa, volviendo a la personalidad que no ha madurado. Una sociedad madura debe permitir la interacción entre las individualidades para tender a crear una comunidad de consenso. Con la magnificación de la individualidad, el capitalismo ha conseguido reducirnos al átomo, a la unidad social indivisible. Por ahí se cuela mi privacidad, mis derechos, mi yo. Si a lo ello se le suma el pensamiento mágico y la instrumentalización de los mitos estamos perdidos. “Nadie sale de su casa, coge un fusil y dispara a su vecino si antes no han manipulado sus mitos”, dice el escritor nigeriano Ben Okri.

¿Tiene, en este sentido, el nacionalismo catalán mucho de catolicismo?

Desde luego. No es casual, que se nos remitan a 1714, al Antiguo Régimen de los privilegios católicos. Todos conocemos lo que representó el carlismo, y la herencia que de él ha recibido el nacionalismo. Ahora, se trata de mantener las esencias de aquello, actualizado, utilizando las eficaces técnicas de control de masas. Todo lo cual facilita uno de los sueños húmedos del capitalismo: tengo todo este rebaño de individualidades, que los mantengo aislados a través de las preferencias, les educo en las redes sociales, les vendo que son únicos e irrepetibles, que sus deseos pueden convertirse en derechos… ¿A que nos remite esto? A un modo de sociedad opuesta a la sociedad cartesiana, racional.

¿Y con estos mimbres, se va construyendo la Identidad, con mayúsculas…?

Nos venden que debemos tener una identidad, que ella debe corresponderse con un conglomerado que está fabricado por alguien. Si se delega la creación de la identidad, la reinterpretación de la historia y el contar y filtrar la actualidad, permites que se construya el marco en el que nos movemos. Y si la identidad va a bandazos, serás un mal lo que sea: un mal catalán, un mal barcelonés… Cada uno se construye la identidad que le dé la gana, sin llegar a trascender condicionando la vida de los demás. 

¿Cómo nace, crece y se desarrolla todo esto? ¿Es producto de una conspiración? ¿Está acaso prefabricado?

Hay que huir de las teorías de que hay alguien, en un lugar obscuro, conspirando. En el caso de Cataluña, me parece más bien que hay un conjunto de personas que, aprovechándose de un sistema público, han dispuesto de recursos materiales, y un momento determinado, cuando las condiciones sociales les resultaron propicias, se lanzaron a por todas. Nuestro sistema electoral dio cierta preponderancia al voto rural, periférico o interno, con sus identidades, y esto ha contribuido a condicionar gobiernos. Ello, junto a una izquierda acomplejada, con cuestiones como el derecho de autodeterminación de los pueblos, ha desencadenado una dinámica de ver quien la tiene más grande. Aquel plan de Pujol, dentro del “peix al cove” (que también es otro tópico), con no me deis la Hacienda, prefiero que seas tú el malo recaudando, y mientras tanto podemos vivir de esto, hace que no parece que haya una operación orquestada, pero si una siembra, adaptada para recoger la cosecha cuando se considere oportuno.

Sin embargo, los hechos parecen poner de manifiesto, como decía Manuel Vázquez Montalbán que, de éxito en éxito, el “Procés” ha desembocado en una catástrofe final…

Aquí volvería a entrar ese factor de no inteligencia si perspicacia, que caracteriza al “Procés”. En este caso, han llevado la curva de la perspicacia al máximo nivel, de modo que, como no tenían ninguna experiencia de lucha (¿Cómo iban a luchar, si vivían como Dios?), de repente se encuentran en la calle, unos medios de comunicación a su servicio y un presupuesto pagado con nuestro sudor, pues estupendo. Pero viven en el día a día, ponen el equipo a chutar pero no saben dónde está la portería. Así hasta que el flautista les lleva hasta el precipicio y dice “dirección Bruselas” y ahí se quedan. En el caso de Hamelin eran unos seres que carecían de recursos para salir de aquello, pero estos siguen teniendo medios de comunicación, financiación pública y personas incondicionales que, aunque sus propios líderes han reconocido que todo era una ficción, como han sabido tocar las pasiones, el pensamiento mágico sigue funcionando.

Y a partir de aquí ¿Qué?

No es fácil el diagnóstico. Solo veo fotogramas de esta película. Se ven vehículos que iban a una gran velocidad y cargadísimos de gente que, si se frenan de golpe, los pasajeros se vienen encima y te chafan. De modo, que están frenando despacito. Algunos están en cárceles, otros haciendo el ridículo, (el “Dioni” catalán), de gira mundial, que algún día acabará, por ejemplo, en Qatar. Todo esto tendrá su efecto, aunque tardío. Saben que no pueden volver a hacerlo que se hizo, y que tampoco pueden cortar de golpe. Pero siguen haciendo su trabajo de zapa. Ahora tenemos esta “Ley Aragonés”, que recortará los pocos derechos que nos iban quedando.

Si el “Procés” pervive y la realidad social, económica, sigue llamando tercamente a la puerta ¿Por dónde podrán reventar las costuras?

Esta será, sin duda, otra de las espoletas que acabará estallando. Una es la del desencanto. Otra la del robo de los derechos sociales, que se traduce en no llego a fin de mes, no tengo escuela, ambulatorio… Y otra es la que protagonizan quienes han diseñado y pilotado esto: lo han intentado todo y se les ha jodido el negocio, nadie los quiere a su lado…. Tiempo al tiempo para ver como muchos de ellos acaban declarándose federalistas, y los esperamos con mucho gusto. Pactarán un concierto fiscal: dame la pasta que yo la reparto, y poco más.

¿Y cómo casa el business friendly con el espíritu de campanario, el carlismo con el neoliberalismo?

Es lo del tonto de la gorra. Alguien a quien se le da una gorra para que se sienta jefe de algo. El capitalismo de las grandes corporaciones, el que conforma la opinión pública, necesita sus Salvinis ¿Quién nos iba a decir hace aún poco que alguien como Trump podría ocupar la presidencia de los EE.UU.? 

¿Conclusión?

Que no nos dividan por unas identidades que deciden otros, que el capitalismo no descansa. Y que, de una vez, nos plantamos recuperando nuestros derechos, o este expolio llegará a exprimirnos del todo.