Ejerce de médico desde hace cincuenta años: cuarenta de actividad clínica y gestión sanitaria, y diez años jubilado haciendo de activista en defensa de la sanidad pública. No es epidemiólogo y por eso puede hablar con más firmeza -dice- sobre las cuestiones de política sanitaria y global.


Bill Gates hacía tiempo que decía que los virus son un gran peligro para la humanidad. ¿La Covid-19 lo ha demostrado?

Esto también lo digo yo desde hace años en mis charlas y artículos de información y educación sanitaria. El virus nos sobrevivirán a la especie humana, son organismos muy simples que son capaces de hacer mutaciones rápidas y sobrevivir a los cambios de su medio; así se hacen resistentes a las vacunas, a los tratamientos y a las defensas inmunológicas humanas. La Covid-19 lo ha demostrado, pero ya teníamos ejemplos anteriores que nos avisaban (vacas locas, ebola, sida, epidemias alimentarias...).

¿Cómo ha cogido esta pandemia de coronavirus Covid-19 el sistema sanitario catalán?

El sistema sanitario catalán y español es un buen sistema para hacer frente a las enfermedades con equidad, porque es un sistema mayoritariamente público y universal, financiado por impuestos, a diferencia de sistemas privados como los de los Estados Unidos y otros países.

Sin los recortes de los presupuestos en varios ámbitos sociales, incluido el sanitario, puestos en marcha por el gobierno de la Generalitat presidido por Artur Mas y con Boi Ruiz como consejero de Salud, ¿se habría podido encarar mucho mejor esta crisis?

Era un sistema bueno, pero debido a las políticas nefastas neoliberales (recordamos Artur Mas y Boi Ruiz), aprovechando la crisis del 2008 provocada por el sistema financiero, se quiso usar este ámbito de servicios públicos para hacer negocios privados, y empezaron los recortes. Se debilitó el servicio público, cosa que hizo externalizar y privatizar recursos, precarizar los profesionales y perder calidad (sobre todo en accesibilidad, listas de espera de todo tipo y resolución). Ahora, en 2020, la emergencia de la pandemia de la Covid-19 nos ha cogido con unos servicios adelgazados y unos profesionales con malas condiciones de trabajo. Por lo tanto, sin los recortes, con un buen servicio público, habríamos ido mejor en esta crisis. Aún así, hay que decir que es admirable la profesionalidad y el esfuerzo actual del personal sanitario.

¿Se está pidiendo a todo el personal sanitario –médicos, enfermeras...– unos esfuerzos y unos riesgos personales excesivos?

Yo creo que se pide, una vez más, responder con profesionalidad, y esto se está dando (y la ciudadanía lo ha percibido) a pesar de las condiciones que hemos dicho de los servicios precarizados, con carencias de material y de gestión.

¿Cómo valora las medidas que se han adoptado para hacer frente a esta crisis y el ritmo con el que se han ido tomando?

Las medidas que se proponen están basadas en la incertidumbre del comportamiento de este nuevo virus, pero con todos los conocimientos y la transparencia de los técnicos de salud pública. Pueden haber dudas y cambios de protocolos, se podrá opinar científicamente y discrepar en el debate, pero una vez establecido el camino, la ciudadanía y los profesionales clínicos tenemos que seguir disciplinadamente las recomendaciones y los protocolos. En un barco, para que llegue correctamente a buen puerto, sólo puede haber un capitán.

¿Cómo valora el debate político abierto sobre la actuación de los gobernantes políticos ante la pandemia? ¿Es posible que se den planteamientos políticos coincidentes entre los partidos de gobierno y los de la oposición y los que gobiernan en España y los que lo hacen en Cataluña? ¿Es muy difícil que se logre la unidad de acción entre todos ellos en este combate?

Politizar (en el mal sentido de la palabra) por intereses partidistas, corporativos o personales oportunistas este tema de la Covid-19 es de miserables, y esta actitud los desacredita. Ya he dicho que se puede discrepar de criterios científicos (cosa que es difícil, ahora), pero, al final, las decisiones de los responsables actuales (los representantes democráticamente elegidos para gobernarnos) se tienen que asumir y seguir.

¿Qué es lo que más lo preocupa de la situación límite que estamos viviendo estos últimos días y de la que se ve a venir en el futuro inmediato?

A mí, y supongo que a mucha gente, el que nos preocupa es la incertidumbre del tiempo que durará esta situación, y que al final las consecuencias económicas vuelvan a recaer en las personas con más precariedad.

¿Corremos el riesgo de que nuestro sistema sanitario acabe bloqueándose y deje sin atender pacientes de enfermedades diferentes de la Covid-19, que la atención a los que la sufren perjudique la que tienen que recibir personas afectadas por otras patologías?

No lo creo, en procesos importantes. En procesos leves (de hecho cada año lo hemos hecho con la gripe común) quizás será la ocasión de ser responsables de nuestra salud personal y volver a los remedios de la abuela.

¿Esta pandemia hará más entendedora la idea que usted ha repetido a menudo que la salud es una cosa más que la carencia de enfermedades?

Esta puede ser una consecuencia positiva de esta situación. Un virus microscópico nos puede hacer ver que en realidad aquello que importa para las personas es la salud. La sanidad y la medicina clínica asistencial están hoy escoradas hacia el diagnóstico y el tratamiento de la enfermedad. La sociedad y la vida están demasiado medicalizadas, cuando los verdaderos determinantes de la salud son económicos, sociales y culturales: la pobreza, el paro prolongado, la mala vivienda, la mala alimentación, la poca educación, los malos hábitos personales, el género, la contaminación ambiental, etc. Todo esto condiciona la salud y es motivo de enfermedad y pérdida de autonomía.

Estos determinantes crean las desigualdades, las diferencias de calidad de vida y de esperanza de vida. Si no cambiamos el paradigma y asumimos que lo que es importante es la salud (personal y colectiva) y aplicamos salud a todas las políticas públicas enfrentándonos a los negocios de unos cuántos a favor de los derechos de la mayoría, la salud continuará precaria, las epidemias y las intoxicaciones continuarán creciendo y el sistema sanitario actual se hará insostenible para hacerle frente.

De hecho es lo mismo que el cambio climático. La causa es la misma: la globalización neoliberal. Aquí también tenemos que decir "rebelión o extinción".

Pone en cuestión el sistema económico y social actual. ¿Se puede combatir una pandemia de estas características dentro del marco de un modelo neoliberal basado en la competencia y no en la solidaridad?

Sí, pongo en cuestión el sistema económico y social (ya en crisis), y no se pueden combatir las pandemias y otros determinantes de la salud con un modelo social enfermo y que sólo piensa en la enfermedad instaurada (negocio) en vez de pensar realmente en la salud de los ciudadanos.

Hace falta un nuevo "pacto social", como pasó después de la Segunda Guerra Mundial. El miedo al comunismo dio lugar, entonces, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la constitución de la Organización de las Naciones Unidas y la creación del Estado del bienestar (con derechos sociales y económicos). Ahora tenemos que aprovechar también el miedo y la concienciación de la ciudadanía para plantear el camino: desglobalización (producción local, ecológica y sostenible) decrecimiento selectivo (no tantos indicadores económicos y más indicadores de conocimiento), cooperación en lugar de competencia, solidaridad en lugar de individualismo, defensa de aquello que es común, público, por encima de aquello que es privado. Podéis decir que soy un soñador, pero ahora ya no somos los únicos.

¿Qué recomendaciones consideraría útiles para hacer llegar a la ciudadanía en estos momentos de incertidumbre y angustia que estamos viviendo?

Que piensen en el futuro, en nuestros hijos, que hagan hegemónica la defensa de la salud y de la vida, que no sacralicen la lucha contra la enfermedad ya instaurada. Que defiendan, como hace muchos años nuestros bisabuelos, en los pueblos donde vivían, "el común".

Es una pregunta que nadie osa contestar, pero que todos nos hacemos: ¿Cuánto tiempo puede durar esta situación de emergencia social? ¿Tendremos que hacernos a la idea que estaremos mucho tiempo confinados en casa?

No lo sé. Puede ser mucho tiempo. Pero habrá que seguir luchando, por la vida.