Analista electoral de La Vanguardia, doctor en ciencias de la información y profesor de periodismo en la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de tres libros: Relato electoral de España 1977-2008, Retrato electoral de Cataluña, y El poder catalán en su laberinto.


¿Por qué esta reacción tan negativa a una repetición electoral, como la que se ha producido en España?

Seguramente, estamos ante el típico divorcio entre opinión pública y opinión publicada. Es cierto, porque lo que vemos en las encuestas, incluidas las del CIS (que menciono, porque sé que sus máximos directivos comparten esta visión más optimista) de que votar es un acto que, sobre todo para los que no pudimos hacerlo durante muchos años, no supone ninguna molestia, sino al contrario. Lo que ocurre, es que la sociedad no es un cuerpo militante y, por lo tanto, el entusiasmo por votar que podemos sentir algunos, desde una perspectiva ideológica e incluso existencial, no lo comparte todo el mundo. La idea que llega es que se vota porque ha habido una incapacidad de ponerse de acuerdo para formar un gobierno. Percepción que tiene una cierta lógica. Hay que decir, sin embargo, que las coaliciones en Europa se hacen alrededor del centro, y hay que tener en cuenta la complejidad que supone la gobernabilidad según con que socios.

Sin embargo, sin ir más lejos, los “chalecos amarillos” en Francia, reclaman más participación electoral…

Se ha hablado muchas veces de listas abiertas, que iban a ser la panacea de la participación. Aquí las tenemos para el Senado, y era muy común que cuando no se disponía de papeletas con los nombres ya marcados, salía el primero de la lista, por orden alfabético. Es un ejemplo de que, al final, la gente tampoco está tan volcada en fórmulas participativas. Tenemos la experiencia de Suiza, un modelo ejemplar, en el que también hay cosas que no se ponen a consulta o que, cuando así se hace y no interesan los resultados, la clase política hace algunos retoques. Fue muy sonado el famoso referéndum sobre las cuotas de emigración, que no afectaba solo a gente procedente del sur sino, sobre todo, a los alemanes y otras personas del centro de Europa que iban a trabajar a Suiza. La consulta salió afirmativa a poner barreras (más, paradójicamente, donde menos emigración había), cosa que suscitaba problemas con la UE y para la propia economía. Y, finalmente, se hicieron trampantojos con el reglamento, etc. para paliar sus efectos. Suena muy bien consultar a la ciudadanía, pero supone que ésta debe estar muy al loro de todo, y eso a veces no es posible.

¿Por qué no se enseña más y mejor que es esto de las elecciones en las escuelas?

Creo que si hay un déficit de aprendizaje con respecto a lo que es el voto, a cómo funciona el sistema electoral porqué, por ejemplo, sacan más votos uno y tienen menos escaños. Cosas que a veces producen tensión social, como en Cataluña. En España, tenemos la gran suerte de que el censo es prácticamente automático. Eso permite que, en casos como el del 2004, cuando el gobierno mintió sobre la autoría del atentado de Atocha, mucha gente cambió el sentido de su voto. Eso no pasa en EE.UU., porque hay que cumplir mil y un requisitos para que, sobre todo si eres afroamericano o según de que clase social, lo tengas muy difícil. Y recuerdo que en aquéllas elecciones hubo personas, no precisamente indocumentadas, que me preguntaron que había que hacer para votar. Eso es la prueba fehaciente de que existe ya no un déficit de entusiasmo democrático, sino de cómo funciona la mecánica democrática.

Y así, llegamos a la próxima cita electoral del 10 de noviembre próximo ¿Qué retrato se puede hacer de ellas, a fecha de hoy, 2 de octubre?

Hoy, el PP está subiendo a costa de las otras formaciones de derechas. Seguramente VOX perderá más de los que se dice, porque es un voto difícil de confesar, Ciudadanos quizá se recupere porque su candidato dialécticamente no es malo, aunque va un poco sobreactuado y padece algún déficit de credibilidad por los bandazos que ha dado. Pero, cuando se recupere, puede ceder votos al PP, que ahora puede estar en torno al 20% ¿Qué pasa en la izquierda? Pues que el efecto Errejón está en la luna de miel con el electorado y puede llegar a un millón de votos. Ahí hay un votante del PSOE que podría desplazarse a Más País. Por eso, aunque el PSOE capta votos de Ciudadanos y hasta de formaciones de más a la derecha, puede quedarse más bien como estaba o incluso un poco por debajo. Podemos puede resistir, y Errejón podría llegar a un 8%. Pero aún faltan muchos días y pueden pasar muchas cosas.

¿Y qué decir de las próximas elecciones autonómicas en Cataluña?

Todo es muy volátil, a pesar de que formalmente hay cierre de fila. Lo que no ha variado es la competencia descarnada por la hegemonía nacionalista entre Esquerra y los herederos más cínicos de Convergencia, por decirlo de algún modo, que encarna Puigdemont. Digo esto porque tienen un lenguaje y unas propuestas estratégicas muy agresivas, pero luego, como vimos con Pujol y al principio con Mas, son los más pragmáticos y dejan a los que se lo han creído en la barrera. Saben que hay un resorte interno en la sociedad catalana que funciona, porque es muy difícil aceptar haberse equivocado. Como Esquerra ha acariciado esa hegemonía, pero ve que se les puede ir con mucha facilidad, no quieren perder rueda y mantienen el discurso de a ver quién la dice más gorda. Hay un momento “presos” y otro “exilio, simbolismos, casa de la república…". Actualmente, estamos en el de los presos, y cuando salga la sentencia todavía más. Tiene como emblema a Junqueras y ahí aparece una clara ventaja para Esquerra que, además, dispone de una buena implantación territorial. Dispone de los números para poder consolidarse como fuerza hegemónica del nacionalismo. Pero tiene el problema de que el nacionalismo es eso, nacionalismo. Aunque se llame de “esquerras”, el grueso de sus votantes son nacionalistas. Ese es un resorte tan volátil que, en el momento en que pase el “momento presos”, puede llegar el “momento Waterloo”…

¿Hasta cuándo el frente nacionalista?

Para formar gobierno sí, hasta que haya una situación en la que no sumen. Si algún día eso se rompiera, porque surgiera una famosa tercera vía, un catalanismo moderado, que se llevara esos 200 0 300.000 votos de los que tanto se hablan y que los sondeos y las elecciones los reflejan. Si ese espacio se desgaja del independentismo perdería la mayoría. Entonces más que el último en “apagar la luz” podríamos asistir a quien es el primero en pactar para no perder el poder. Aquí el poder es la clave. No solo el mensaje de TV3 sino los funcionarios, cargos de confianza, redes clientelares… En el momento en que esto cambie de manos, pierde su fuerza como catalizador de una fuerza política. Aparece una curiosa paradoja, porque se presenta el “Procés” como un movimiento contra el poder, antisistema…, y resulta que quienes lo promueven llevan 30 años gobernando, incluido el período del Tripartito, en el que condicionaban TV3 y un conjunto de elementos de poder territorial, con lo cual no hubo una ruptura, a pesar de lo que dijo Marta Ferrusola.

¿La cuestión catalana se está convirtiendo en crisis territorial española?

El tema catalán es un tema español. Y si alguna explicación a lo que ha pasado, políticamente hablando, tanto en España como en Cataluña, viene de la crisis territorial catalana. Entre otras cosas, porque ha coincidido con la famosa crisis económica que arranca en 2008, que somete a una conmoción, con un retroceso considerable en niveles salariales, de vida. El factor catalán, más allá de las explicaciones socio-económicas sobre la radicalización de ciertas clases medias, pervierte aún más el eje racional de competición izquierda-derecha de lo que ya hizo Aznar para captar voto transversal. En el plano territorial, Ciudadanos se situó en la extrema derecha y, al final, salió Vox, porque Ciudadanos y el PP competían para ver quien la decía más gorda. Como aquí, en Cataluña, con la República. Así, al elector se le va calentando la cabeza, en una deriva populista, patriótica en el sentido más “Trumpista”: “Nosotros primero”.

¿Hasta cuándo?

Previsiblemente, este tema va a durar mucho tiempo, porque ha impregnado los espíritus. Aunque TV3 dejara de alimentar ese relato, hay que tener en cuenta que la mitad de la sociedad catalana vive en un universo paralelo, en el que unos por desprecio y otros por ignorancia, no ven la otra mitad del país, que no comulga con su modelo y, por tanto, no es posible ni factible, imponer un nuevo régimen.