Farmacéutico y actor. Trabajó como director de investigación, hasta que, a través de un curso, accedió al mundo del teatro. Compaginó trabajos de I+D en España y EE.UU. con su formación como actor. Desde hace 15 años, promueve talleres de teatro en las cárceles catalanas. 

¿Cómo es el paisaje de las cárceles catalanas, a finales de 2019, más allá de Lladoners?

El paisaje en las cárceles en el 2019 y desde que yo empecé a ir por allí, hace 15 años, sigue siendo cárcel ¿Y qué quiere decir cárcel?: que no se cumple el objetivo prioritario, que figura en la Constitución, de rehabilitación, de reinserción. En todo este tiempo, yo no he visto por allí a nadie encerrado, perteneciente a una familia económicamente bien situada y de una cierta relevancia social. Solo presos con discapacidad, que fue lo que me sublevó y me llevó a montar obras, y personas procedentes de familias desestructuradas, drogodependientes y con problemas derivados de no haber tenido un entorno lo suficientemente sano, capaz de ayudarles a superarse. Generalmente con una defensa precaria.

¿Víctimas, en fin?

Sí. Víctimas sociales, porque alguna responsabilidad debemos de tener todos de este estado de cosas. Porque si allí solo va un tipo de gente, a las que socialmente estamos maltratando con malos sueldos, con falta de formación y apoyo, o porque son discapacitados intelectuales. Cuando, de pequeños, manifiestan que no pueden seguir el curso, en vez de ayudarles les castigan. Para mi es definitivo lo que dice uno de los presos en su monólogo: “Es que el mundo lo manejan los más fuertes, a la fuerza y a palos; igual hay otra manera, pero yo no la he visto”. Este preso lleva 17 años encerrado. Saldrá pronto, pero lo que le espera son dificultades para encontrar trabajo, o un centro de acogida. Podría estar en un tercer grado, pero no cumple las condiciones por no disponer de un centro o una familia de acogida.

¿Lo que molesta, lo innombrable…?

Los deshechos, sí. La basura la clasificamos. A los que enviamos allí, ni eso. Nos los quitamos de delante y se acabó. Hay personas que han cometido algún delito puntual y que si dispusieran fuera de un entorno que les pudieran prestar apoyo, se recuperarían.

¿Y cuál es el papel de las administraciones públicas responsables de las cárceles?

Hay educadores, trabajadores sociales… Eso a veces funciona, otras menos. De cualquier modo, son recursos precarios.  Hay gente que, como en cualquier otro ámbito, que es mejor o peor. Pero como la finalidad es el almacenamiento, no se le pueden pedir peras al olmo. Los presos no votan, las familias no cuentan y, entonces, lo que se oye en la calle es que los encierren y ya está, que no den problemas ¿Cuándo un preso roba para subsistir, porque no tiene donde caerse muerto, como pueden ser los menas, que se puede hacer? ¡Que vengan, que damos acogida a los emigrantes, dice alguna personalidad desde la izquierda! Y resulta que no nos atrevemos ni a hacer un centro porque los vecinos protestan.

¿Cuál es el papel de las ONG’s en las cárceles?

Yo voy a través de una ONG, que es Justicia y Pau, que tiene un compromiso con los derechos humanos. Hay voluntarios, que dan soporte y acompañamiento, y contribuyen a paliar las deficiencias. Este rol, más bien caritativo, también suele ir acompañado de proselitismo religioso, incluido el islamismo. Cosa que entre algunos católicos que monopolizaban ese espacio es considerada competencia desleal. Pero, en cualquier caso, mejorar la situación en las cárceles es cosa de todos y, en consecuencia, es a la Administración pública a quien corresponde hacerlo. Teniendo en cuenta que los problemas no empiezan y terminan en los muros de la prisión. Cuando los presos salen no saben adónde ir. Faltan centros capaces de acogerlos y ayudarles a reinsertarse en la sociedad.

¿Las cárceles, más que purgatorio, infierno?

En algunos casos, puede ser purgatorio, pero en otros muchos, incluso cuando pudiera estar libre tiene que estar esperando el recurso de una ONG que le acoja, porque la Administración no le ofrece una salida. La mitad de los presos actuales, con un soporte de educadores, trabajando, podría estar en un centro abierto, e incluso resultaría más barato. Pero no hay ningún político que se atreva a hacerlo. 

¿La gestión de las prisiones catalanas es competencia del gobierno de la Generalitat?

Sí. Y aunque no conozco la situación en otros lugares, hay que decir que las cárceles catalanas están consideradas como de las mejores. Muchas instalaciones son nuevas, pero también hay otras muy viejas, como la de mujeres de Wad Ras, donde hay presas recluidas con sus hijos y celdas con 6 reclusas. Cuantitativamente, han mejorado las cárceles en los últimos años, pero no son una prioridad social, porque no da votos ¿Alguien ha oído a algún político decir algo constructivo sobre los presos y las cárceles?

¿Cuándo entran algunos peces gordos, se pone de moda la cárcel?

Algo de esto fue lo que me animó a montar en el Teatro de la Gleba la obra “Nadie lleva lazos por ellos”. Cosa que ha suscitado un rebote, incluso entre gente que se considera muy avanzada, haciendo valer que esto es muy provocador, y va a hacer que nos pongamos en contra a los más independentistas. Sí, es provocador, pero en el sentido más positivo de la palabra. Provocar que la gente que esta fuera, y se considera buena mire con otros ojos a los que siguen dentro. Asumiendo el grado de responsabilidad que nos corresponde en que haya gente privada de libertad.

Han corrido ríos de tinta sobre la prisión preventiva de los presos nacionalistas, y nadie se acuerda de la que soportan otros presos ¿Se miden la cosa con un doble rasero?

Igual que fuera hay una sociedad en la que los más tienen son privilegiados frente a los que tienen menos, también en las cárceles hay privilegiados. Millet, el prohombre catalán que ha robado millones, se va de rositas, mientras hay gente que por cualquier delito ordinario se tira diez años en las cárceles. Nuñez y su hijo, que habían defraudado millones, enseguida tuvieron en tercer grado. Lo mismo Pujol junior, Urdangarín, Etc. etc. La cárcel no es ajena a la dinámica de relaciones, amistades, favores, que hay en la sociedad. En consecuencia, no es difícil deducir que, los pocos presos de buen nivel social y los del “Procés” gozan de privilegios. No están, desde luego, como algunas presas que, lavando ropa durante 6 hora diarias, a lo largo de seis días a la semana, cobran 125 euros al mes. Trabajo esclavo.

¿De qué va la obra “Nadie lleva lazos por ellos”?

Empieza hablando de la cárcel, haciendo alusión a Oscar Wilde, que fue condenado a dos años de trabajos forzados, formalmente por homosexual, pero en realidad por haberse atrevido a plantarle cara a la aristocracia conservadora victoriana. “Las cárceles solo destruyen a las personas”, dijo Oscar Wilde. También nos referimos a Rafael Alberti, que hablaba de las decenas de miles de presos del franquismo, muchos de ellos condenados a muerte. De pasada, hacemos alusión a noticias sobre figuras relevantes que entran en la cárcel, incluidos los independentistas catalanes. Y se dice que, si hubiera que ponerse un lazo amarillo por personas injustamente encarceladas, siempre habría que llevarlo. Cosa que se podría hacer extensible a los graves problemas sociales de que adolecemos, y que han pasado a un segundo plano con el independentismo.

A través del cine y la televisión nos hemos familiarizado con una visión terrible de las cárceles, sobre todo en su versión Made in USA ¿Son así nuestras cárceles?

En lo que yo conozco, formalmente no. Pero el espíritu destructivo de la cárcel sí que se asemeja. Por ejemplo, es una realidad que los presos tienen cero autoestima, y que a ello contribuye todo el sistema penitenciario. A los funcionarios se les trata, por obligación, de Don fulanito. Y con las manos detrás. Domina el principio de autoridad sobre el de rehabilitación. Y hay gente con discapacidades y enfermedades mentales, que están apartados del resto de los presos, pero cuando no responden al tratamiento o sufren ataques sicóticos, son devueltos al régimen común. 

¿Este panorama es similar en toda Europa, sin ir más lejos?

No. Esta el ejemplo de Holanda, donde existían unas políticas como las de aquí: construir cárceles y gente a la cárcel. Un círculo vicioso que acabó rompiéndose segmentando a los reclusos y buscando soluciones en función de las diferentes problemáticas. Centros de trabajo, espacios de asistencia, lugares de rehabilitación fueron habilitados y con ello lograron que más de la mitad de los presos abandonaran las cárceles. Ahora, Holanda alquila cárceles a países fronterizos porque le sobran plazas.