Periodista. Licenciada en la UAB. Ejerce la profesión desde hace 30 años, 19 de ellos en Catalunya Radio, como redactora de los servicios informativos. Feminista de largo recorrido, ha militado en el Movimiento Democrático de Mujeres y forma parte de Federalistes d’Esquerres.


Las mujeres en los medios de comunicación social ¿Qué se puede empezar diciendo sobre la cuestión?

Para empezar, que los puestos de Dirección en los medios de comunicación están copados por hombres. Cosa que, claro, se nota en el tratamiento de la información. Cuando hay mujeres implicadas en situaciones graves de violencia machista, violaciones, prostitución…, las noticias no están tratadas desde un punto de vista feminista, entendido como búsqueda de la igualdad y de acabar con el machismo. Y esto afecta a todas las informaciones.

¿Esto ocurre del mismo modo en los medios públicos que en los privados?

Ocurre exactamente igual en medios públicos que en privados. En medios considerados progresistas y en los de derechas. El tratamiento es exactamente el mismo. Hay una falta de conciencia en la profesión periodística que se ve mucho, por ejemplo, en las noticias sobre violencia machista. Las noticias sobre violencia machista se han tratado hasta ahora como sucesos, como algo privado sobre lo que no hay que dar demasiados detalles, porque, “bueno, es un hombre al que se le ha ido la cabeza y ha matado a su mujer”. Pero cuando esto se repite setenta veces al cabo del año, cabe preguntarse cómo es posible que haya tantos hombres a los que se les va la cabeza y no hay mujeres a las que les pasa lo mismo. Entonces, las periodistas que tenemos esta conciencia feminista, nos estamos organizando. Teniendo en cuenta el éxito del 8 de marzo del pasado año, hemos creado una red a escala de España de periodistas feministas, para incidir en el lenguaje, en el tratamiento de las noticias.

¿Existe un lenguaje atávico en el tratamiento de género en los medios de comunicación?

Los medios tienen unos libros de estilo, que en general no se renuevan. No hay una separación entre los libros de estilo y el lenguaje que supuestamente se debería utilizar. Por eso, las periodistas que tenemos conciencia de que las cosas tienen que cambiar respecto al tratamiento de las noticias que afectan a las mujeres, queremos cambiar esto. Porque lo que está pasando es que estamos en una situación, que las periodistas feministas calificamos de “terrorismo machista”, en que haya cada año tantas mujeres asesinadas. Extremo de un terror diario que vivimos, que nos obliga a mirar a los lados cuando salimos de casa, cuando vamos por la calle…. Se está agudizando la sensación de acoso y los asesinatos. Y lo más grave que está ocurriendo en los medios es que todavía a los asesinatos no se les llama asesinatos. Según nuestros libros de estilo, no podemos decir que una mujer ha sido asesinada hasta que no haya una sentencia firme.

¿Es tratamiento de la violencia machista no se manifiesta transversalmente en el entretenimiento, el deporte, la cultura, los programas infantiles... de los medios, más allá de las noticias?

Todo esto está incrustado. Consideramos de lo más normal un presentador mayor y una copresentadora joven y raro lo contrario ¿Cuántas presentadoras mayores hay? En la ficción, la violencia sobre las mujeres está en auge. Que las mujeres son el objeto de violencia de los hombres violentos, se está viendo clarísimamente en la pornografía. En la época del destape o el erotismo había una especie de pornografía light (siempre de mujeres, claro), que ahora adquiere perfiles cada vez más extremos. En Barcelona se celebra un salón del porno, donde se pueden ver violaciones en grupo y nuestros niños y jóvenes se están educando en una pornografía ultra-violenta, a través de Internet.

¿Las noticias, entendidas como mercancía, no es algo que está contribuyendo poderosamente a revalorizar y promover lo morboso, en detrimento de cualquier otra consideración?

La mercancía está en el tratamiento. El que una mujer sea asesinada se da como algo truculento. Cuando, por ejemplo, se produce un crimen contra una mujer, los reporteros preguntan a los vecinos de la víctima si el criminal saludaba. Así, sale siempre esto de “era una persona muy normal, siempre saludaba…” ¿Es que a los asesinos se les diagnostica en relación con si saludan o no a los vecinos? También pasaba esto con los etarras. Los vecinos siempre decían “si es un chico muy majo”. El problema está en que, en lugar de tratar la noticia como un fenómeno social, se maneja como una mercancía: vamos a buscar el efecto más sensacionalista, la vida privada de la mujer, si había denunciado o no maltratos… Algo que carece de importancia y que, en el fondo, culpabiliza a la víctima. En cambio, lo que no se hace es analizar el porqué de las cosas; porque la mujer, por ejemplo, no había denunciado, o porque el hombre es un maltratador o un asesino.

¿Puede pasar, como en otros ámbitos, que los avances en el feminismo, puedan ser frenados e incluso revertidos?

A raíz de la convulsión del pasado año en el ámbito de las mujeres, se han visto cambios positivos. Algunos medios de comunicación se han puesto las pilas, se han creado editoras de género, y hay que hacer que esto se consolide. Pero, al mismo tiempo, se está produciendo una contraofensiva muy reaccionaria contra los derechos básicos de las mujeres. La eclosión de la ultraderecha, el fuego enemigo, plantea explícitamente cosas como rebajar las medidas que contempla la ley de violencia de género o prohibir el aborto.

¿Y el fuego amigo?

Lobbies que están moviendo miles de millones de euros, como el de la prostitución en España (la prostitución en España no es ilegal, en contra de lo que está diciendo. Ilegal es el proxenetismo), disfrazando a mujeres de “prostitutas empoderadas”, promueven el negocio por los platós de televisión, crean opinión pública. Algún partido político de izquierda, con intenciones supuestamente buenistas, está haciendo el caldo gordo a estos lobbies, que han llegado a participar en la organización de las movilizaciones, y están recibiendo subvenciones públicas. El Ayuntamiento de Barcelona está concediendo subvenciones a organizaciones, tras las cuales no se sabe quién está.

¿Se hace valer eso de que “cada uno hace lo que quiere con su cuerpo”, para justificar o avalar estas prácticas dudosas?

Cada uno hace lo que quiere con su cuerpo en una situación de libertad. Si resulta que las mujeres que hoy son más libres para vender su cuerpo son las mujeres inmigradas sin papeles, las mujeres madres de familias monoparentales que se han separado de sus maridos, las mujeres empobrecidas por muchas razones… ¿Estas mujeres son las más empoderadas para ofrecerse cada día a 20 o 30 hombres, cobrando 5 euros, contrayendo enfermedades, abortando, drogándose…?

¿En cualquier caso, no estamos asistiendo a una deconstrucción de algo insostenible en la relación entre los hombres y las mujeres?

Hasta ahora, cuando se ha sabido algo muy grave que se ha callado durante décadas, la primera reacción es culpar a la víctima. La primera pregunta es ¿Por qué no los has dicho durante todo este tiempo? Estamos asistiendo a un boom en el que la gente está saliendo del armario. Contando las barbaridades que se han cometido con las mujeres, con los niños…, por instituciones como la Iglesia Católica. Por una cuestión de poder sobre las personas más vulnerables. Pero, curiosamente, quienes ahora más denuncian, por ejemplo, la pederastia, son hombres de 50 años. Son muy pocas las mujeres agredidas cuando eran niñas que se atreven a denunciarlo.

¿Qué están haciendo las periodistas feministas para cambiar el rol de los medios en el tratamiento de las cuestiones de género?

Durante todo el año pasado hemos venido trabajando, tanto en Cataluña como en el resto de España, en la idea de mejorar todo lo que tiene que ver con las mujeres y el periodismo. Yo formo parte de un grupo que se denomina “Comunicadoras 8 M”, en el que estamos tanto periodistas como técnicas, etc.

¿El nacionalismo, como ocurre en otros ámbitos, trata de llevarse el agua del movimiento feminista al molino de su causa?

El independentismo ha intentado capitalizar la lucha feminista y se ha llegado a comparar la situación en Cataluña con la de una mujer maltratada. El feminismo es plural, afecta a los derechos de todas las mujeres. Y el feminismo de obediencia nacionalista, no muy organizado, está supeditado a las directrices que marcan los hombres de sus partidos. Y también hay que decir que en Cataluña el movimiento feminista es más débil, como consecuencia de la polarización social provocada por el “Procés”. Cosa que también ocurre en el sindicalismo y en otros ámbitos de la sociedad catalana.