Fue maestra en una escuela de adultos, y ahora es escritora. Narra cuentos, y con la novela “S’ha acabat” ganó el primer premio de narrativa de un concurso convocado en el Baix Llobregat. Próximamente, editará una recopilación de relatos breves. Colabora en Cortum.


Tradicionalmente, la izquierda hablaba, como mucho, de “incorporar la mujer a las luchas”. Ahora, como dice José Sacristán, las mujeres nos salvan, a todos, hombres y mujeres, o estamos perdidos… ¿Están pasando los hombres el testigo del cambio a las mujeres?

No es que los hombres hayan dicho “bueno, les toca a ellas…” En el 2017 hubo un cambio de paradigma, un punto de inflexión. Durante mucho tiempo, el movimiento feminista era una cosa que estaba ahí. Se celebraba el 8 de marzo, pero le faltaba consistencia. Con la denuncia que empieza en Hollywood, las mujeres se plantean muchísimas cosas. Recuerdo que hace unos cuarenta años, las mujeres del PSUC, que era entonces el partido mayoritario en la izquierda, decían, haciéndose eco de sus compañeros, que primero derrocamos la Dictadura y luego ya vendrán las reivindicaciones feministas. Cosa que recuerda aquello del 36, de que primero vamos a ganar la guerra y luego ya haremos la revolución. Los hechos nos han demostrado que, por el contrario, hay cosas que se pueden hacer simultáneamente. De hecho, yo siempre había pensado que el movimiento del 8 de marzo era burgués, porque las reivindicaciones laborales no estaban presentes en él. Yo he trabajado en una escuela de adultos de la UGT. Por tanto, tengo mucha conciencia de las reivindicaciones laborales. Ahora hay propuestas diferentes que hacen referencia a la liberación de la mujer. Rompedoras, sí, pero todavía parciales. Por ejemplo, ante una mujer iraní retenida en el aeropuerto de El Prat, con amenaza de retornarla, el movimiento feminista no ha actuado.

¿Entre los muchos frentes abiertos en las luchas de las mujeres, cual o cuales son especialmente significativos?

En el ámbito hogar, privado, (aunque ya sabemos que lo privado es público) resulta difícil legislar. Pero no, por ejemplo, en la cuestión de la igualdad salarial y los derechos laborales que, a mi juicio, es el mayor problema que afecta a las mujeres. Es también urgente equiparar entre hombre y mujeres las 16 semanas de permiso por natalidad, porque así se paliaría el pretexto de dejarlas de contratar, porque dentro de poco no podrán trabajar por maternidad. Se han hecho famosas las sufragistas que reclamaban el derecho de voto para las mujeres y, ahora, las actrices, el mundo de la ópera se han levantado contra los abusos de los hombres. Todo ello es muy importante, desde luego, pero algo sesgado respecto a las cuestiones relacionadas con la explotación laboral.

¿Cómo se puede explicar que, a estas alturas, haya fuerzas políticas, como la Lega de Salvini o aquí Vox, que hacen casus belli de las reivindicaciones femeninas y hasta del propio papel de la mujer en la sociedad?

Sobre todo, por razones ideológicas, claro. Resulta sorprendente que haya fuerzas políticas que, solapada o abiertamente, se pongan del lado de los violadores y los maltratadores, achacando a las mujeres la responsabilidad de tales actos; que estén en contra del aborto y hasta del divorcio, etc. etc. etc. Algo que es producto de un ambiente, de una herencia nefasta…, que algunos incluso la modificarían para ir a peor. Porque esto de las conquistas femeninas es, desde luego, reversible. Ahora, en Afganistán, donde han pactado EE UU y los talibanes, es muy previsible que las mujeres vuelvan a ser tratadas de la peor manera. Aquí mismo y no hace mucho, siendo ministro Gallardón, se intentó revertir la ley del aborto.

¿Y el papel de la Iglesia Católica respecto a las mujeres?

Terrible. Hace poco, algún cualificado portavoz de la Iglesia seguía calificando de asesinato el aborto, y así sucesivamente. Fui a un colegio religioso donde había monjas muy mayores, que hablaban catalán porque no sabían castellano. Con ellas no cantábamos el Cara el sol, como mis compañeras que iban a la pública. No tengo mal recuerdo de aquello. Sin embargo, ya en el Instituto, una compañera quedó embarazada y un cura nos advirtió, cosa que se me quedó grabada. Así las cosas, llegamos a la cuestión de las identidades de género, la libertad sexual…, ahora tan a la mode. Todo esto ha estado escondido. Y sale a la luz reivindicando múltiples y variadas identidades. Me parece normal que esto se vaya solucionando, sobre todo en relación con los niños en las escuelas.

¿Por esta puerta no acabarán colándose grandes intereses privados, como los relacionados con la industria farmacéutica o las cirugías de cambio de sexo?

No me lo había planteado, pero a veces he leído algo de psiquiatras que dicen “esto se cura con…” Y sí que está de moda lo de operarse de los pechos, los labios… De todos modos, soy partidaria de que, en algunos casos, la Seguridad Social pague el cambio de sexo.

¿Y la prostitución?

Este tema es motivo de confrontación en el acuerdo del PSOE y Podemos. En principio, se puede estar de acuerdo en que cada persona es dueña de hacer con su cuerpo lo que quiera, pero las mujeres que han sido prostituidas no han elegido ese camino. Forman parte de redes, donde no se puede tener la capacidad de decidir ser prostituta o no ¿Que hay mujeres que ejercen la prostitución, digamos de lujo? Claro, siempre lo ha habido. Está el sindicato este de prostitutas, que más bien parece estar promovido por los propios proxenetas. Hasta ahora, la mayoría de las mujeres defendían que la prostitución se tenía que terminar. Y cuando, aparentemente, se reprimía, los castigos iban dirigidos a las mujeres, y no tanto a los proxenetas, y los usuarios. En cualquier caso, la prostitución, con sus secuelas de explotación, esclavismo y hasta de muerte es algo execrable. Hace poco leía una noticia sobre la muerte de una mujer asesinada por el proxeneta al considerar que estaba invalidada para ejercer, por haber sido operada de cáncer de pecho. 

¿La escuela sigue siendo la gran asignatura pendiente en la cuestión de igualdad de género y cuestiones colaterales?

En la escuela no se está haciendo todo lo debería hacerse, porque para hacer políticas de igualdad también hay que discriminar, positivamente. Por ejemplo, hay que potenciar más a las niñas para que no caigan en los estereotipos. Hace ya algunos años, un sindicato llegó a plantear la conveniencia de separar niñas y niños, porque en la co-educación las niñas salían perdiendo. Se demuestra, por ejemplo, que los maestros preguntan más a los niños que a las niñas.

Se decía que la educación dependía de la escuela, la familia y la calle ¿Sigue siendo esto cierto?

La televisión ha sustituido a la calle y la familia, a los 9 0 10 años, es substituida por los amigos. La sexualización de las niñas es bestial. Seguramente, ellas mismas combatirán los estereotipos, pero cuando sean más grandes. En un equipo de baloncesto del Bajo Llobregat, solo una jugadora protestó porque eran obligadas a llevar camisetas cortas, cuando las de los chicos son largas. Lo solucionó comprándose tres tallas más grandes. De todos modos, a pesar del entorno hostil, que les empuja a reproducir y magnificar los roles femeninos, las mujeres son ahora más libres. No necesariamente se puede asociar la estética feminizada a la supeditación. Soy optimista en este campo ¿Qué se maquillan? Pues que lo hagan. Otra cosa es, por ejemplo, el caso de las chicas que no ponen reparos a que su chico les mire el móvil, “porque me quiere”. Eso no es querer. Es sumisión, control…

¿Tiene algo de razón Plácido Domingo cuando dice que le acusan por cosas que cuando sucedieron eran habituales, a su juicio?

Le ha costado reconocerlo, y eso es lo más grave. Porque, en su caso, resulta evidente que, además de aprovecharse de su condición masculina, lo hacía de su posición de poder. Acosaba a mujeres que, en su trabajo, dependían de él. Lo de Polanski, por ejemplo, clama al cielo. Juzgado, condenado y le siguen dando premios… Claro que era un estado de cosas, donde campaban a sus anchas el dinero, el poder y, en consecuencia, los abusos. Se sabe lo que pasó con Marilyn Monroe, con Marisol y con tantas otras. Mujeres solas, que seguramente pensaban que los que les pasaba era solo a ellas. Hay que denunciar todo eso y, en la medida de lo posible, evitar la rivalidad entre nosotras que, evidentemente, es utilizada por el estado de cosas dominante y de los que de él se aprovechan.