Profesor de geografía e historia, dirige un Instituto de Enseñanza Media, y es miembro de la Junta de Federalistes d’Esquerres. También tiene publicadas tres novelas. La última, “La muerte de Naín”, negra y criminal, que se desarrolla en Santa Coloma de Gramanet.
 

Según el último sondeo del Centro de Estudios de Opinión (CEO), el federalismo crece significativamente en Cataluña…

Esta encuesta del CEO hay que cuestionarla, igual que todas las anteriores. Porque ahora sea algo más favorables al federalismo, no es más creíble que las que hacía hace seis meses o un año. Depende mucho del sesgo de la muestra. Si lo hago más en Olot o en Badalona. El federalismo es la opción que, poco a poco, va saliendo del armario, pero aún no hemos dado el paso, porque el peso de la historia es muy grande. Cuando el federalismo llegó al poder, en la primera República, acabó como el rosario de la aurora, porque era demasiado débil, prematuro, algo todavía no asimilado por la sociedad. Y esa mala experiencia es lo que marca el federalismo, asociado además a la izquierda. Mientras no demos el paso a que el federalismo sea también algo de la derecha no tendremos futuro.

¿Porqué, realmente, lo de acabar como el rosario de la aurora, teniendo una referencia tan significativa y de éxito como la de EE.UU.? ¿Por lo del Cantón de Cartagena?

Es fundamental el referente de Cartagena. EE.UU. era un país nuevo, que se construyó por la emancipación de las colonias. Estaban obligados a federarse si querían avanzar. Nosotros venimos de un pasado mucho más viejo, con experiencias centralizadoras, y en el momento en que se intenta construir un Estado adaptado a las nuevas circunstancias, hay unas entretelas de poder que no permiten que se de ese paso. De ahí las guerras carlistas y la historia del XIX. Y en medio de esa pugna, las nuevas corrientes de progreso no acaban de enraizar en el pueblo, en la ciudadanía, con una clase obrera todavía incipiente, un campesinado marginado…, con lo cual se queda en un movimiento de élites. Y en esas estamos. Cuando se pudo conseguir, en el breve período de la II República, acabamos nuevamente en un enfrentamiento. En este caso por culpa de las fuerzas tradicionalistas.

Sin embargo, España contaba desde antiguo con una monarquía compuesta, que fue capaz de articular muy diversas realidades…

Si, una monarquía compuesta que sirvió para estructurar el poder, pero no hay Estado moderno, Estado-nación, digamos. Los reinos eran patrimonio de las diferentes dinastías y de las aristocracias. Cuando se intenta desarrollar un nuevo Estado, el patrón que se tiene a mano es el francés. Cosa que es difícil de asimilar por los sectores reaccionarios y también por quienes apelan al nacionalismo incipiente del siglo XIX. España se empieza a construir de verdad con las invasiones napoleónicas y la guerra de Independencia.

En España, el federalismo se percibe como algo asociado a la izquierda. Para que prospere, dice, sería necesario que también fuera cosa de la derecha…

Me sorprende la actitud de políticos de la derecha que, en privado, dicen unas cosas y, en público, otras. Por ejemplo, yo he oído a Rivera decir en una conversación privada que suena bien la música del federalismo. En cambio, ahora aparece como martillo de herejes. El exdirector de ABC, José Antonio Zarzalejos, es monárquico, de derechas, y federalista. Y es muy importante que esta gente salga y se moje en favor del federalismo, porque no hay otra alternativa. Los países en que, como el nuestro, tienen diferentes territorios, sensibilidades, culturas…, se tienen que estructurar de una manera federal. Y si queremos solucionar los problemas del mundo, tenemos que ir a una federación mundial, que parece una utopía, de las películas (la Federación en Star Wars, o en Star Trek), pero que no es nada descabellado, si queremos hacer frente a problemas que son realmente de toda la Humanidad.

¿En todo caso, como dice Joan Botella, el federalismo acabará llegando por puro sentido común, por la realidad de las cosas?

Llegará, pero no siempre de manera racional. En EE.UU. llegó, pero tras una guerra civil. Los republicanos y federalistas, que creemos en una república federal como mejor forma de gobierno, quizá pecamos de “buenismo”. En algún momento, igual tendríamos que dar un golpe en la mesa. Para que el federalismo llegue necesitamos lealtad, porque el federalismo no es solamente una teoría política, sino una técnica. Técnica, que a veces tiene que ejercerse por los caminos más inverosímiles que uno se pueda imaginar.

Y, además, el federalismo es también un principio de convivencia…

El federalismo es sinónimo de convivencia entre iguales, que no significa igualitarismo. En un momento determinado, se producen asimetrías y no pasas nada. Tienen que existir y, de hecho, existen en la España autonómica. Sin embargo, es también igualitario porque todos compartimos derechos y deberes, que es el fundamento de la democracia. Federalismo, de verdad, y democracia son también inseparables.

¿Asociar federalismo y república no puede resultar nocivo para ambos, sobre todo en estos momentos?

Apelar a la República como concepto abstracto de éxito no vale. Véase Corea del Norte. Y monarquía, como algo decadente, obsoleto, tampoco. Los países europeos con mayor desarrollo social y económico son monarquías. Allí nadie se rasga las vestiduras por eso ¿Significa esto que renunciemos a ser republicanos? No. Pero lo que no vamos a hacer es imponer nuestros principios, desde una minoría o una circunstancia que no está avalada, justificada, o que resulte oportuna. Eso es el federalismo: convivir. Pero entre una República, presidida por ejemplo por Aznar, y una monarquía como la de Felipe V, lo tengo claro.

¿También en el federalismo, hay algo de serlo sin saberlo?

Claro. Se lleva dentro, pero no se llega a ver como algo necesario. Esto es lo que aparece en algunas encuestas: que hay federalistas que no saben que lo son. Salia, por ejemplo, en la encuesta del CEO que casi dos tercios de los votantes de Cataluña en Común se inclinan por una opción federalista. Probablemente, la mayoría del tercio restante también lo son, pero se llaman de otras maneras. No escuchan y se camuflan bajo conceptos como “confederal”, que no existe, o como “soberanistas”.

¿Y para cuando la salida definitiva del armario?

Cuando hace diez años, las encuestas reflejaban que el independentismo era un 15% parecía imposible que pudiera llegarse a donde ahora estamos ¿Qué pasa? ¿Qué la gente de pronto ha visto la luz? No. Lo que ha ocurrido es que la gente se ha apuntado a un carro porque determinados líderes y todos los mecanismos que dependen de ellos se han puesto en marcha. Seguramente también vamos a necesitar algo de eso, al servicio de la idea federal. Quizá ya está viniendo de la mano del Presidente Sánchez, y en el resto del Europa si conseguimos que haya fuerzas dispuestas a trabajar en un proyecto federal europeísta, en el que nos sintamos cómodos, y desde la lealtad.

Hay teóricos que consideran federal el Estado de las Autonomías, en particular por su alto nivel de descentralización ¿Qué opinión te merecen?

Lo es. Hay también quien habla de un proceso federalizante. Cosa que significa ir progresando hacia una estructura reconocida como federal. Porque lo que tenemos no está reconocido en la Constitución, ni el desarrollo legal posterior, con lo cual el asunto se convierte en una guerra de banderías, en la que cada uno tira para su lado e, en función de quien esté gobernando y de los intereses de las élites dominantes en cada territorio.

En cualquier caso, son las diferencias, los agravios comparativos, los que parecen primar en el debate territorial.

Las desigualdades económicas son, en realidad, entre ciudadanos y no entre territorios. Cuando se dice que Cataluña está financiando a los jornaleros andaluces, que viven todos del PER ¡Cuidado! Porque se empieza por ahí y acabas por explotar vilmente a las capas más bajas de tu sociedad. Esto lleva al enfrentamiento. El Estado autonómico aún no lo ha superado. Todavía no nos hemos puesto de acuerdo en el modelo de financiación.

¿Dónde anidan las resistencias de fondo a la reforma territorial?

Creo que más en el corazón que en la razón. Si realmente se mirara a la cartera, las cosas irían mejor. Seguimos identificándonos más como pueblo que como ciudadanos y así nos va. Lo que los federalistas tenemos que hacer en este momento, estemos donde estemos, es seguir persistiendo, sin caer en la trampa de enamorarnos de nosotros mismos.