Feminista y militante comunista de larga trayectoria en el PSUC. Sindicalista y federalista convencida, forma parte de Izquierda Unida y de Comuns Federalistes. Participó en la creación de las primeras vocalies de mujeres en barrios.

Parece que se está preparando una ley relacionada con la libertad sexual. ¿A que responde?

Ya existe un anteproyecto de la denominada Ley Orgánica de Libertad Sexual, que integra varias cuestiones, como por ejemplo, para entendernos, la de "cuando es no, es no", las manadas y sus interpretaciones jurídicas, las violaciones, los acosos, etc. Hasta aquí, una cosa bien construida y de gran interés. Pero, junto a esto, aparece lo que podríamos denominar la "ley trans", que gira alrededor de la llamada "libre elección sexual", o "autodeterminación sexual". Es decir, ahora soy hombre, pero me quiero convertir en mujer y, además, no me quiero someter a la ley del 2007, una de los más avanzadas de Europa en el tratamiento de cuestiones relacionadas con el cambio de sexo.

¿De qué manera esta parte se incorpora al anteproyecto?

Esto es una cosa que se registró ya el 2018, sobre todo por parte de Podemos, y a iniciativa del colectivo trans y de algunas familias problematizadas por cuestiones relacionadas con la identidad sexual de sus hijos. Cosa, todo se tiene que decir, que es muy relativa, porque no faltan casos de padres y madres que, por ejemplo, cuando ven que su hijo, en vez de jugar con una pelota, lo hace con muñecas, deducen que es una niña y optan por hormonar-lo. Este ámbito, muy minoritario (según estadísticas, el 0,4 de la población) es sobre todo masculino. Para empezar, resulta muy complicada una operación de cambio de sexo femenino al masculino. Cosa que no lo es tanto para los trans masculinos que se operan para disponer de una vagina, generalmente reconstruida con el escroto. También una barbaridad. Pero bien, si tú quieres operarte, pues te operas.

¿El anteproyecto coincide con los que interpretan la libertad sexual como una cosa estrictamente individual, susceptible, como las patrias nacionalistas, de poder autodeterminar-se, sin más ni más?

En el anteproyecto se plantea la "autodeterminación sexual", que implica, por ejemplo, que un hombre se declare mujer y ya está, incluyendo la reversibilitat. O sea, una temporada hombre, y otra, mujer. De este modo, un hombre con todos sus atributos puede decir que es mujer, y asunto acabado. En Australia se ha aprobado una ley que, de alguna manera, va por este rumbo, y también en Inglaterra. Las consecuencias de esto, inquietantes, ya se están empezando a ver. Por ejemplo, en el deporte, donde hay hombres que empiezan a competir con mujeres. Lo más positivo es que también están apareciendo movimientos en contra de estas leyes.

La cosa, que a veces coincide con posiciones de la extrema derecha e incluso con el liberalismo conservador, parece un complot orientado a cargarse el movimiento feminista…

A las mujeres, que somos el 52%, nos siguen esclavizando, nos violan, nos mutilan, nos utilizan como mercancía sexual, nos discriminan laboralmente (en conjunto ganamos un 22% menos que los hombres), nos asedian… Y esto no cuenta. El feminismo es cosa pasada, y cada cual hace lo que uno quiere con uno mismo, con su cuerpo, como si los humanos fuéramos individualidades aisladas y no consecuencia de las interrelaciones sociales. Muy en linea, está claro, con la filosofía y la práctica de los intereses de mercado.

¿Asaltado el Estado del bienestar por los cuatro lados, está llegando la hora de la "industria del cuerpo", una mina de negocio de largo recorrido, del cual forman parte las compañías farmacéuticas, los gabinetes quirúrgicos…?

Todo esto es altamente inquietante. Hormonas, operaciones de cambio de sexo, e incluso de las cuerdas vocales… Está claro que las farmacéuticas están muy interesadas en esta deriva, que constituye una fuente de negocio inagotable. De aquí sus esfuerzos para crear modas que normalizan la manipulación del cuerpo, muy particularmente entre las mujeres jóvenes. Una ley de libertad sexual malentendida puede contribuir poderosamente a promover el mercado de la estética corporal, que ya resulta peligroso y alarmante, además de absurdo, en la medida en que ofrece pretensas soluciones a problemas inexistentes. Desde el cabello hasta los pies, pasando por los ojos, los labios, los pechos… y, por supuesto, los órganos genitales, todo resulta operable y hormonizable. Y todos sabemos cuál es, en muchos casos, el monstruoso resultado.

Así, al gusto posmoderno, todo se vale si tiene como objetivo desviar la atención de los problemas reales. En este caso, la misma condición femenina…

Todo esto está muy ligado al ningueno de las mujeres. Mediante un lenguaje creativo, al estilo posmoderno, las mujeres somos cis (cisgénero). No podemos permitir que después de tantísimos años de lucha del movimiento feminista ahora nos digan "portadoras de útero", "progenitoras gestantes" y cosas por el estilo. Hay que entender que estamos en un sistema capitalista y neoliberal, al cual le molestan nuestras reivindicaciones, que actúa para doblarnos por cualquier vía. Hasta ahora lucha de clases y feminismo han ido muy unidos, pero a la vista de los hechos hay que reconocer que todo esto también afecta una parte de la izquierda. Una izquierda que se ha creído que el lenguaje transforma las cosas, y esto no es cierto. La retórica, casi siempre vacía, no arregla nada. La teoría queer, adoptada con alegría por una izquierda guai, es neoliberalismo crudo y pelado. Elimina las clases, incita al individualismo…

Una izquierda que también comparte la idea que cada cual hace el que quiere con su cuerpo, cosa que nos trae directamente a la prostitución…

Esto es una gran mentira, y me sorprende que una izquierda pueda santificar estas cosas. Ahora tenemos la posibilidad de sacar adelante una ley abolicionista de la prostitución, pero resulta que hay grupos de presión que están proponiendo no abolir sino regular la prostitución. ¿Cómo? De las maneras más diversas. Se inventaron un sindicato, porque las prostitutas, como que son "trabajadoras sociales", pues tienen derecho. La única manera de acabar con la prostitución y con el pastel que está muy ligado es abolir la prostitución. Un 90% de las mujeres que son atrapadas con cualquier pretexto por las bandas criminales de tráfico acaban dedicándose a la prostitución. La prostitución da más dinero que las armas y las drogas. Y de redes de proxenetas hay por todas partes. Su objetivo es domesticar el ganado, mediante acoso, extorsión, robo, violencia física, drogas, amenazas… Y casualmente resulta que estas mujeres que se prostituyen son pobres.

¿De alguna manera se está trabajando en la promoción de una iniciativa legal abolicionista?

Sí, pero una ley de abolición de la prostitución tiene que contemplar cuestiones como la transición hacia la formación y la ocupación, las relaciones con la judicatura, la policía, etc. En esta dirección están trabajando muchas entidades, asociaciones y colectivos. Somos el país de Europa que tiene más prostíbulos. Hay que mirar lo que se ha hecho en algunos lugares, como Suecia, desde hace casi veinte años, con resultados positivos. Allá se multa los usuarios de la prostitución. Noruega también está muy avanzada, y también Francia, donde tienen un debate abierto desde hace años.

¿La otra cara de la moneda donde se encuentra, especialmente?

En Alemania, que es un horror. Legalizada plenamente, la prostitución, que se presentó como otra profesión cualquiera, funciona con mecanismos puros de mercado: tarifa plana, ofertas, regalos, promociones… Es un negocio en el cual las mujeres son una mera mercancía. Una cosa que se encubre con el terrible eufemismo de "trabajadoras sexuales". No tiene nada de extraño, entonces, que a la hora de revisar la Ley de Violencia de Género el grupo parlamentario de Catalunya en comú invite un par de presuntos proxenetes a los debates.

La lectura del género, mediante estereotipos, ¿no resulta especialmente reaccionaria?

Está claro. Los humanos, que como tales pasamos por etapas de indefinición en muchos ámbitos, incluidos el de género y el sexual, no podemos ser clasificados en función de nuestras inclinaciones, sobre todo a la infancia y la adolescencia. No se puede decir que, si eres hombre y te gusta bordar, eres una mujer en un cuerpo de hombre. Es una inmensa tonteria decir esto, a estas alturas. Ya se habla de la "ideología de identidad de género". Estamos muy arreglados. Las mujeres hemos avanzado tanto que hay una conjura para borrarlas. Pero no lo conseguirán, porque seguiremos luchando por las que fueron, las que somos y las que vendrán.