Tras presidir la federación de Entidades Catalanas de Acción Social (ECAS) entre los años 2009 y 2017, Teresa Crespo es ahora vocal de esta organización que reúne a casi un centenar de asociaciones que atienden a unas 800.000 personas en situación de riesgo o exclusión social en Catalunya. Es miembro de la red de Mujeres Directivas y Profesionales de la Acción Social (DDIPAS) y de las asociaciones Atlántica y Ventijol.


¿Qué impacto está teniendo la pandemia de la Covid-19 en las personas en situación de riesgo y exclusión social?

Desafortunadamente el impacto está siguiendo la tónica general. Tenemos un problema estructural y las personas más débiles son las que al final también han sufrido más el impacto de la pandemia. La pandemia ha sido un efecto totalmente inesperado. Esta sorpresa, esta incertidumbre tan grande, este desconocimiento de lo que pasaba y lo que pasaría y, sobre todo, la rapidez con que pasó han sido factores impensables. El impacto ha sido muy duro sobre todo en las personas débiles y viniendo de una crisis como la de 2008 que aún no habíamos superado. Teníamos un estado del bienestar débil. La etapa de recortes dejó a muchas personas en situación de total dependencia y sin cobertura de los mínimos vitales. Y se ha sumado la crisis de ahora. Gente que no tenía ahorros y gente no tan pobre que tenía un trabajo y algunos ahorros que ya no los tiene. El impacto ha sido muy grave por falta de recursos públicos y por la sorpresa y rapidez como se ha producido. En el paro estábamos intentando superar el que causó en 2008. No estábamos aún en la situación de 2010 y ahora se calcula que el paro es aproximadamente del 20%. Hay que añadir los casi 800.000 ERTEs que no sabemos cómo acabarán. Algunos ya dicen que cerrarán empresas y, por tanto, habrá más parados. Muchas familias han pasado el confinamiento en viviendas donde vivían hacinadas, sin ventilación, sin sol, sin las condiciones mínimas para hacerlo con dignidad. Y la alimentación. Muchas personas no tienen subsidio de desempleo, muchos inmigrantes se encuentran en una economía informal, sin prestaciones, y si no trabajan no tienen dinero. Mucha gente se ha encontrado con que no tenía cómo alimentar a sus hijos. Esto ha triplicado muchos bancos de alimentos, muchos servicios de comedores de ayuntamientos como el de Barcelona, ​​de Cáritas o de Cruz Roja e, incluso, de entidades que no pensaban que ésa era la mejor manera de ayudar a la gente pero , claro, si no podían comer era la respuesta más inmediata. Es una situación nueva, diferente y gravísima, de la que no está claro cómo saldremos. Se decía que volveríamos a la nueva normalidad y pensábamos que sería diferente de la anterior. Ahora no sé qué decir. Si no cambiamos algunas de las cosas que hacíamos antes no saldremos bien de esta situación.

La pobreza infantil en nuestro país es una de las más elevadas de los países de nuestro entorno...

Han crecido las desigualdades en este tiempo. Los ricos son más ricos y los pobres son más pobres. Estamos hipotecando el futuro de los niños. La solución ha sido cerrar las escuelas y teleformación, pero nuestro plan tecnológico es muy débil. Se calcula que en Catalunya hay unos 70.000 chicos que no tienen ni un ordenador en casa ni conectividad. Estamos creando dos tipos de población: la que tiene acceso a las nuevas tecnologías y la que no lo tiene. Estamos creando una desigualdad más creciente. Los niños se han encontrado, de repente, encerrados en casa, sin tener un espacio para jugar, para inter-relacionarse y muchas veces en viviendas que no cumplen las condiciones mínimas. Ahora se dice mucho que las escuelas abrirán sí o sí porque los niños necesitan esta inter-relación, esta comunicación para crecer como personas. Ojalá se pueda encontrar el modelo adecuado. Cada día nos dan un modelo diferente en televisión. Van cambiando y no sabemos qué pasará, pero hay que buscar la equidad, el acceso a la educación. No sólo sufrimos los que somos adultos sino los que mañana lo serán.

ECAS y otros colectivos hace tiempo que denuncian el índice elevado de pobreza en nuestra sociedad. El agravamiento de esta realidad ¿hará que los administradores públicos se tomen más en serio el combate contra la pobreza?

El nivel de pobreza, de desigualdad, de falta de alimentos interroga a los poderes públicos. A veces, sin embargo, desconfío un poco de que se quieran buscar las soluciones verdaderamente transformadoras. En el tema de los alimentos, nosotros ya decíamos en 2008 que los bancos de alimentos no eran la solución a largo plazo. Era sólo asistencialista. 'Tienes hambre, te doy de comer'. Nos encontramos que en 2020 la solución ha sido la misma que en 2008. Desde ECAS y desde la campaña Pobreza Cero pedimos medidas transformadoras, proactivas, que provoquen cambios. Y no veo tan claro que se quieran plantear. Hace falta más inversión. Ahora sufrimos los años de recortes. ¿Hay voluntad de más inversión? ¿Problemas de presupuestos? Los hemos vivido tanto a nivel estatal como catalán. Cuesta llegar a un acuerdo político que esté por encima de los intereses de partido para hacer un presupuesto social que responda a las necesidades actuales. Si esto no se consigue difícilmente tendremos unas políticas sociales adecuadas. En el ayuntamiento de Barcelona se ha llegado a un Pacto por Barcelona, ​​que ya veremos en qué queda, pero, por lo menos, ha habido un acuerdo de todos los partidos que ha dicho hacia dónde debe ir la reconstrucción de la ciudad. Habría que plantear lo mismo en los otros niveles. Hay que cambiar cosas. Es necesario que los que más tienen paguen más, una redistribución de la riqueza. El modelo liberal y de mercado que tenemos no da los instrumentos y la capacidad de transformar para que haya una equidad mayor en la sociedad y si cada vez hay más diferencia difícilmente podremos conseguir una, que es la que muchos deseamos, donde todos tengan, al menos, los mínimos cubiertos. Hay que reconocer el derecho a la ciudadanía. Hay unos derechos, como el derecho al trabajo, a la alimentación, a la vivienda, que todo el mundo ha firmado pero de los que los gobiernos, muchas veces, se olvidan. Y últimamente se han estado debilitando. Hay que levantar la bandera de los derechos de la ciudadanía y las políticas sociales deben fortalecer, reconocer y recuperar algunos de los derechos que se han ido perdiendo o debilitando.

La Renta Garantizada de Ciudadanía costó mucho de aprobar en el Parlament y no parece que acabe de funcionar bien. El Ingreso Mínimo Vital aprobado por el gobierno español ha recibido críticas porque no acaba de arrancar. Estas dos prestaciones ¿servirán para suavizar el impacto de la crisis actual en los colectivos más débiles?

No. Ni una ni otra se han gestionado mínimamente bien. Dicen que son para que nadie se quede atrás pero la Renta Garantizada llega a un 7% de la población que necesita cubrir los mínimos vitales y el gobierno español calcula que el Ingreso Mínimo Vital llegará a dos millones trescientas mil personas cuando el propio decreto de su creación calcula que un porcentaje bastante elevado de la población que lo necesita quedará fuera de su cobertura. Aparte, todos los problemas que ha habido. Se ha tenido que hacer la solicitud vía telemática, por la pandemia, y mucha gente no sabe cómo ponerse delante de un ordenador. Sólo aceptan a la gente a partir de los 23 años y, por tanto, entre los 18 y los 23 años quedan en el limbo. Toda la población migrante que no tiene regularizada su situación no tiene derecho a ninguna prestación de este tipo. No ha habido coordinación entre la administración autonómica y la estatal. Ni una ni otra resuelven todas las situaciones de necesidad que hay en el país. La Renta Básica quizás es utópica pero resolvería mucho mejor este tema y habría que estudiarla en el futuro. Y evidentemente hay una necesidad de cambio fiscal del que nadie habla.

Muchos multimillonarios lo son más ahora que antes del estallido de la pandemia...

Hay algunos de estos millonarios que defienden la Renta Básica en el sentido de que la falta de paz social puede generar una situación de crisis que les puede perjudicar. Bill Gates y otros dicen que quizá sí que hay que pensar en un tipo de cobertura que asegure la paz social. Lo que me extraña es que no haya más levantamiento social protestando por la situación. Hablas con gente, que viene a las entidades, que te dice que no tiene nada para dar de comer a sus hijos. Es para volverse loco.

Ante las dificultades para atender las necesidades urgentes de muchas personas, se han puesto en marcha iniciativas ciudadanas en los barrios y poblaciones con mayor incidencia de la pobreza. ¿Son útiles estas iniciativas?

Creo que sí. Hay muchas, de comunidad, de proximidad. Son pequeñas chispas. El ayuntamiento de Barcelona y otros potencian estas iniciativas. En el proyecto Lliures, en el que participa ECAS, que financia iniciativas sociales de base, hemos recibido un centenar de proyectos y todos son de este tipo: iniciativas comunitarias pequeñas que buscan crear redes de ayuda, de participación. Lo que pasa es que todo este proceso participativo es mucho más lento, no se puede hacer de un día para otro. Hay que crear contactos, hay que ir trabajando... La urgencia que tenemos hoy difícilmente podremos resolverla sólo con redes participativas. Necesitan recursos. Normalmente no los tienen y si las administraciones no se los dan, no podrán salir adelante. Las administraciones deben creer que la participación de base, la comunidad, tiene un potencial que hay que aprovechar. Creo que la perspectiva está cambiando en este sentido y las administraciones se van dando cuenta de que necesitan esta participación.

¿Qué administración tiene más responsabilidad para combatir la pobreza sobrevenida con esta crisis? ¿La municipal? ¿La autonómica? ¿La estatal? ¿La europea?

Ha costado pero al final parece que Europa ha cambiado ahora la política de 2008. Ya veremos cómo se aplica. Ha cambiado pero aún tiene que hacerlo más. Venimos con un retraso muy alto desde 2008 y no será fácil salir de la situación de ahora. Hay gente muy hundida, que ya está fuera del sistema. Hay mucha gente que está tan lejos del sistema que ya ni votará, que no tiene ninguna esperanza de que los poderes políticos le escuchen. Esto es grave. Los políticos tienen que volver a escuchar a la base y darles respuesta.

Que se evite el colapso o que la dureza de la crisis afecte menos a los sectores más humildes ¿es independiente de que nuestros gobiernos locales, municipales o estatales sean de derechas o izquierdas?

La política debería ser siempre buscar el bien común, de la comunidad, el bienestar de todos, gobernar para todos. No todos los partidos tienen esta prioridad. Cada uno sabrá qué partidos pueden escuchar mejor la situación actual y potenciar más las políticas sociales, con más inversión, con priorización de las ayudas a la gente más débil, más vulnerable, potenciar el empleo... Tenemos un paro que si no lo resolvemos no podremos salir del pozo. Un 20% de paro es mucho. Entre los parados la pobreza es mucho más elevada que en la población media. Luego está el problema de los trabajadores pobres. Actualmente, en Catalunya hay un 12% de los trabajadores que son pobres, porque su salario no llega para cubrir sus necesidades mínimas. Esto tiene que cambiar. Estamos viviendo de las reformas laborales de la época del PP. El PP no buscó soluciones sociales. Buscó que la empresa funcione. Que también lo tiene que hacer pero hay muchas maneras de que la empresa funcione.

Ha dicho que le extraña que no haya más levantamientos, más protestas. ¿Teme que pueda haber un estallido social?

Hay momentos en que pienso que la gente aguanta mucho. No es que predique la revuelta porque creo que lo que hace falta es diálogo y buscar soluciones. Hay que buscarlas muy en serio. Si no hacemos las cosas de forma diferente a como las hemos hecho estos últimos años no saldremos de ésta. Hay problemas estructurales: el paro, la vivienda, la discriminación de los migrantes... Hay cuatro o cinco problemas que no somos capaces de abordar para cambiarlos. Vamos haciendo acciones paliatives y ya está y así no cambiaremos nuestra sociedad.

Dentro de unos meses, cuando miramos hacia atrás ¿veremos estos días como una pesadilla o viviremos en una sociedad más injusta y empobrecida?

No sabemos cómo estaremos dentro de unos meses. Cuando pareció que salíamos de la fase más grave pensé si seríamos capaces de cambiar, de hacer una sociedad diferente, más solidaria, más dedicada al bien común, que cumpla la agenda 2030, con un medio ambiente más sano... Estas cuestiones retratan una nueva sociedad. Parecía que íbamos hacia aquí. Ahora no lo tengo tan claro. Mucha gente busca recuperar lo que ha perdido y poco más y “los que están mal, puede que no hayan trabajado lo suficiente”, dicen algunos. Desde la Plataforma Pobreza Cero decimos que hay un nuevo contrato social, que quiere decir que se debe pactar otra manera de funcionar la sociedad, una economía que sea productiva pero verde y saludable, una movilidad que respete el medio ambiente, una vivienda que sea reconocida como un derecho no como un bien de consumo y de negocio como es ahora, un turismo que sea no invasivo sino convivencial con los ciudadanos del país, ... Hay una serie de puntos que deberíamos ir cambiando. Quizás es soñar despierto. No llegaremos a la sociedad que queremos pero sí que deberíamos ir replanteando y recordando muchos papeles que todo el mundo ha firmado y después quedan en papel mojado. Es hora de que cambiemos el modelo socioeconómico. Es mundial y dominante y no lo cambiaremos pero podemos modificarlo algo. Quiero creer que recuperaremos un estado del bienestar que no tenemos y los derechos que hemos perdido con la ley mordaza, la reforma laboral, el recorte de la ley de la vivienda... Han ido recortando la libertad y la autonomía de la ciudadanía . Tenemos que recuperarlo.