Licenciada en Geografía e Historia. Profesora en el Instituto Montjuic, de la Zona Franca, e imparte un máster en solución y gestión de conflictos. Es fundadora y forma parte de Cortum. Milita en el PSC.


Entre otras muchas cosas, el confinamiento ha impactado en la naturaleza de nuestras relaciones personales ¿En qué sentido puede modificarlas?

Las relaciones entre las personas tienen diferentes grados. No es lo mismo una relación de pareja o familiar, que la profesional, de amistad, o de relación social por vínculos ideológicos, políticos, o derivadas de cualquier otra circunstancia. Pero todas ellas pueden ser más menos transparentes o auténticas, por decirlo de alguna manera. Incluso dentro de la familia. No hace falta ir muy lejos para comprobar que hay familias muy complicadas.

¿Dónde nos aprieta más el zapato de las relaciones personales, en situaciones como la derivada del confinamiento?

Mi entorno familiar es bastante estable. Cosa que, a la luz de la pandemia, no parecen serlo tanto en las relaciones profesionales o de amistad. Porque, por ejemplo, el confinamiento ha contribuido a que, de repente, aparezcan amigos con los cuales no te relacionabas desde hacía mucho tiempo. Esto me ha dado que pensar. Porque no es lo mismo trabajar con personas día a día, la broma, la buena relación…, que encontrarse en una situación un poco estresante. En situaciones así, las personas cambian y ves en ellas facetas en las que no te habías fijado. Esto me ha llevado a percibir que las relaciones no son tan inalterables como pueden parecerlo, sino que, por el contrario, como dice Bauman puede ser líquidas, y mucho. Nuestras relaciones, más de lo que creemos, pueden ser muy superficiales, cogidas con alfileres, y cuando llega una crisis se caen.

¿En tal sentido, el confinamiento pone de manifiesto que nos relacionamos más bien de modo convencional, e incluso más atentos al postureo que a la autenticidad?

En el trabajo se compite, por presentar un proyecto, ser el mejor… Ello comporta que, a veces, que la relación pierda autenticidad. La fidelidad, el compromiso por las partes, que es muy importante, no es exactamente igual el mismo entre las personas. Cede a veces ante el interés, y propicia pequeñas traiciones, porque todo el mundo parece ir a lo suyo. Sin embargo, con compañeros o personas con las que no se compite, las relaciones son más sanas, más transparentes. Se está en un lugar diferente, y ello contribuye a evitar los roces. En el mundo de la Educación, donde ya trabajo, esto está muy claro. Más últimamente, como consecuencia de por dónde ha ido el Departamento de Educación. El Decreto de Dirección hace que la gente tenga que ser, a veces un poco pelota. Un interino, en muchos puestos de trabajo no es una persona libre, y yo lo entiendo.  Tiene que agachar la cabeza, estar de acuerdo y tragar cosas, que yo no trago. Cuando surge algún conflicto, suelo implicarme porque, les digo, yo soy funcionaria y no me pueden tocar. Todos no estamos en el mismo plano y, en consecuencia, no podemos actuar igual y tener el mismo compromiso.

¿Y, hablando de relaciones personales, qué decir de su deterioro generalizado en Cataluña, como consecuencia del nacionalismo?

Yo tengo muy buena relación con los compañeros del Instituto. Soy la mediadora del Centro, y desde años me ocupo de la formación de los mediadores. Intento no entrar en conflicto con los nacionalistas, pero veo que las cosas que dicen algunos, a veces dicen resultan hirientes. En algunas ocasiones, he contestado, porque yo, personalmente, me he sentido ofendida. La respuesta a esto suele ser lo de “tú no me entiendes”. Cosa que también se puede utilizar al revés. El “no me entiendes”, no es ningún argumento. Cuando se entra en polémicas de Historia, me suelo callar. Esto hace que con algunas personas mantengo una relación profesional superficial. Hay rayas rojas que impiden o dificultan la libre expresión de lo que cada uno opina. Con ello, claro está, se contribuye a hacer crónicas las cosas. Al acantonamiento en las trincheras.

No se puede profundizar más...

Se cortan las amarras y tú eres independentista y yo federalista. Intento no bañarme en aguas turbulentas, y cuando se entra en debate, viene el insulto, el agravio político…, “los eñe” ¿Cómo los eñe? Estoy en algunos chats, pero no participo. No soy de discutir y prefiero callarme. Puede resultar una decisión equivocada, pero como yo y mis compañeros compartimos un mundo laboral, no quiero trasladar un problema que han generado otros, fuera del ámbito de la Enseñanza, al mundo de mi realidad profesional, donde yo tengo una misión determinada. En la Enseñanza se ha mezclado el trabajo con un interés político concreto. Lo profesional conlleva hacer las cosas de una determinada manera, seas abogado, médico, profesor o lo que sea, más allá de la manera de pensar de cada uno.

¿De todos modos, no resulta sorprendente y hasta alarmante el anclaje de los nacionalistas en sus convicciones más allá de las circunstancias, incluida una tan contundente como la pandemia?

Me choca que personas con las que se puede hablar de literatura, música, viajes o lo que sea, de forma cabal, dejan de hacerlo cuando se toca el tema innombrable. Todo hay que pensarlo y hablarlo sosegadamente. A veces, cuando el corazón anula la cabeza se convierte en algo que puede enfrentarte al otro. Es como una especie de tabú que predetermina el conocimiento, el lenguaje y hasta la forma de relacionarse. Cualquier cosa tiene que pensarse y hablarse sosegadamente. Algo que se como mediadora y que enseño a mis alumnos es que cuando se está alterado, cuando está actuando con la parte reptiliana del cerebro, lo que hay que hacer es calmarse, contar hasta diez, respirar pausadamente, chuparse un caramelo… Así, la parte racional puede intervenir, contribuyendo a la calma. Esto, tan fácil y tan sencillo que enseñamos a los niños, para algunas personas resulta imposible. 

Resulta fácil recurrir a lugares comunes, latiguillos, mentiras prefabricadas…

Sí, se enarbolan, repetidamente, argumentos muy manoseados, tópicos: la Historia (largo de hablar), nos roban… En un Estado nadie roba a otro ¿Dónde se ha visto? Es como en una familia. Si solo aporta dinero el padre o la madre ¿Qué pasa con los demás? Cada vez que se pone el plato en la mesa, hay que decir “me robas”. En una familia se comparten las cosas. Se comparten los beneficios, los problemas, las deudas… Y también se comparten las esperanzas y las ilusiones. Cuando se nos achaca, haciendo valer unas cuentas que aburren y que casi nadie entiende, que el resto de España roba a Cataluña, habría que recordar algo tan simple como el modo en que benefició Franco a una parte de los catalanes. Además, el crecimiento de un territorio se enriquece con la diversidad. El sentimiento troncal solo es encerrarse en uno mismo…

¿En cualquier caso, la epidemia puede estar contribuyendo a poner cada cosa en su sitio, empezando por la propia vida, que siempre y en cualquier circunstancia, está por encima de todo?

Si, por ejemplo, de las banderas. Hace ya algunos años, cuando empezó todo esto, alguien me preguntó que pensaba de ello. La Historia es susceptible de interpretación. Tiene muchos matices y un margen de análisis y comprensión. Puede verse desde un prisma más de izquierdas o derechas, más liberal. Es normal, pero nunca una bandera puede estar por encima de las personas. Y, en este momento, con el coronavirus, las personas se han impuesto a las banderas. Todas las manifestaciones, la ocupación de la Meridiana, los CDR’s…, han desaparecido ¿Por qué? Porque han puesto por delante de sus impulsos políticos e ideológicos su vida, la vida de su familia, de su comunidad. 

¿Un baño, en fin, de sano realismo?

Resulta que, por añadidura, descubres que tu vecino, aunque sea charnego, es buena persona y encima te ha ayudado en un momento determinado. La lección que debemos de sacar del confinamiento es que la vida, las personas, están muy por encima de todo. La Historia nos enseña que la bandera era el estandarte de un conde, de un duque, de un príncipe… Algo que no creó el pueblo. Es obra de alguien que defendía sus intereses y al que le importaba muy poco los que estaban debajo. Las personas, sea cual sea su origen, religión, raza, sexo…, han de estar siempre por encima de las banderas. Encerrarse en pequeños mundos es muy insano. Y me da pena que gente muy maja opte por ello. Las personas no pueden reducirse a si llevan barratina o cachirulo.