En Grecia, la oratoria, el arte de la elocuencia en la expresión oral y escrita, se consideraba una habilidad brillante. Si la oratoria tuviera forma humana sería la de Maria Bohigas. «A beber y a celebrar que nos dedicamos a un vicio todavía no condenado por la sanidad pública. Todo llegará... y entonces, entre todos, continuaremos el combate», proclamó en la fiesta de los 60 años de Club Editor, anteriormente Club de los Novelistas.


¿Si se lo tuviera que explicar a alguien, en que diría que consiste su trabajo?

Me ocupo de convocar el público alrededor de unas obras literarias. Un editor literario se asemeja a un evangelista. Tiene que convencer a los otros de una verdad increíble: que toda la buena literatura –aquella que la gente devora con curiosidad y placer por más siglos que pasen– es una exploración de los aspectos primordiales de la vida. Una mina para cualquier persona que se haga preguntas.

Pero la mayoría de la gente no cree que la ficción pueda darle alimento. ¿La literatura se enseña bien, en la escuela y en la universidad?

Lo explican como un conjunto de textos con valor patrimonial sin plantear la gran pregunta: ¿por qué alguien escribe? ¿Qué pasa en esta forma de comunicación tan especial, qué libertad da la página en blanco que anula el tiempo y el espacio y te permite decir toda la verdad –tu verdad– a gente que no conoces? La literatura es una forma de confesión y por eso es tan alimenticia: la trampa artística del me lo invento permite que no hagas trampa con las palabras, y se puede decir que la literatura es el contrario del discurso político: por eso es subversiva.

¿Qué aprendió en el suburbio francés donde vivía de pequeña?

En los suburbios de París donde yo vivía aprendí a reconocer una alondra (había campos), a distinguir el lirio de los valles (había bosque), a defenderme si hacía falta con insultos y tortazos (había niños), y aprendí que los vecinos no piaban por más que gracias a la acústica de las cañerías de un bloque de pisos cada anochecer escucháramos llantos y golpes en el mismo apartamento.

 

Obres publicades pel Club Editor


¿Qué le enseñaron los padres en casa y enseñaría a sus hijos?

Soy incapaz de responder esta pregunta en una entrevista: haría falta un libro. Porque más allá de lo que los padres te enseñan, hay todo aquello que recibes y que casi nunca es lo que ellos pretenden transmitirte. La primera cosa que te enseñan los padres es la contradicción. Uno de los libros importantes que he publicado se llama Mis padres y el autor es Hervé Guibert. Habla de una manera extraordinaria de esta primera experiencia del mundo: que las manos de los padres son las primeras del mundo que te arrullan pero también las primeras que te castigan. Y que el vínculo afectivo de los hijos con los padres pasa por esta confusión.

La moral aquella de la época de Mercè Rodoreda que el que no era maricon se drogaba, ¿cree que perjudicó la tarea de los escritores? Ella vivía en Ginebra y las malas lenguas sólo la consideraban la madame de un escritor casado.

Rodoreda tuvo problemas que tienen que ver con la libertad que no se concede a una mujer de vivir como le dé la gana. El exilio hizo que mucha gente dejara atrás la familia: te vas apresuradamente de tu país, no sabes qué te espera en el otro lado de la frontera, ves normal que la familia se espere en casa mientras tú te buscas la vida en otro lugar. Y la vida resulta que te hace cosas sorpresivas, y nacen nuevos amores. Es lo que le pasó a Rodoreda, a Joan Prat, a Armand Obiols, a Pere Calders… y todos acabaron separándose y dejando hijos atrás, pero sólo a Rodoreda se la han criticado. ¿Por qué? Pues porque en lo que se decía adulterio sólo era culpable la mujer.

Su pareja comparte la pasión por la literatura. ¡Y vive lejos del país de origen! ¡Con Maria Bohigas es muy difícil desatar la persona del personaje!

Sí, desde el 2013 somos dos los editores de la casa, y somos compañeros en todos los sentidos: de trabajo y de vida, que es lo mismo cuando haces libros como los que hacemos, y como los hacemos nosotros. Tenemos la oficina en casa, una oficina que tiene la cocina en el centro, esto del logo no es broma. Y los dos podemos decir que no somos de aquí, o que no somos sólo de aquí: Alejandro Dardik es un pintor argentino que vino a vivir en Barcelona hace treinta años y se ha embarcado en un proyecto editorial fundado por dos retornados del exilio en América, Xavier Benguerel y Joan Sales.

 

Dibuixos d'Alejandro Dardik

La literatura catalana no es local.

La puedes leer desde un marco que no es Cataluña ni España, sino lo que conforman Roberto Arlt y Horacio Quiroga y Dostoievski y Beckett y Víctor Català y Blai Bonet… Puedes dedicarte a hacer libros en catalán sin que el catalán sea tu lengua materna, porque te interesa aquello que expresa esta literatura.

¿No encuentra a nadie que le guste tanto como Eva Baltasar, que como Rodoreda se hurga muy adentro de ella misma?

Al contrario. Diría que todos los libros que publico son libros en los que el autor hurga muy adentro. Los de Marc Cerdó, por ejemplo. Malas compañías, Corazón mentiroso son libros que de una herida íntima hacen una gran comedia. Marta Marín-Dòmine en Huir era lo más bello que teníamos, en que hace un camino precioso para explorar el impacto de los recuerdos de un padre en la vida de una hija. Es un libro que quiero, y se ve que los lectores también: salió en enero y vamos por la tercera edición. Todos son libros milagrosos en los que la vida interior de los personajes es trepidante como una gran aventura —y ya lo es, una aventura, la vida interior.

¿Qué pensó cuando leyó Permagel, de Eva Baltasar, que entrevistamos el año pasado en este espacio del Especial Libros?

Pensé que aquel libro era un regalo que me caía del cielo. El sueño de todo editor, que te llegue por correo una obra llena de personalidad y de talento literario, de una autora para descubrir. La decisión de publicarlo fue de las más evidentes que haya tomado en la vida, ¡uno sí! como una casa. Visto con perspectiva, la sensación de privilegio por el hecho de haberlo publicado no hace más que aumentar cada día.

Los próximos autores que publicará son internacionales. Explíqueme en una o dos frases qué la seduce de alguno de ellos.

De internacional también es Eva Baltasar, que se está traduciendo a muchas lenguas, o Joan Sales, o Mercè Rodoreda, que puedes leer en más de cuarenta idiomas… Alice Munro me excita porque sus personajes hacen cosas que parece que no acaben de decidir ellos. Y si lo piensas, es lo que pasa en cualquier vida: las grandes decisiones, las que lo cambian todo, las tomas sin pensarlo mucho, casi sin querer, son la expresión de una parte profunda de ti que escapa a la luz de la razón y a menudo a la ética. Lees la Munro con la sensación de que alguien muy distraído te explica anécdotas, y resulta que construye una reflexión moral increíblemente sólida. Charlotte Delbo para mí es una autora imprescindible, de aquellas que te modifican, que hacen que no mires nunca más la gente con los mismos ojos. Sus libros te recuerdan una cosa esencial: que, incluso en circunstancias extremas, hay personas que actúan de manera respetable.

¿A quien le encantaría haber descubierto que ya ha sido publicado?

Esto no se lo diré…

 
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