La Federación Catalana de Fútbol (FCF) puede convertirse muy pronto en un polvorín vista la determinación con la que un núcleo de clubes, capitaneados por el CF Gavà, ha iniciado una serie de acciones dirigidas a desgastar y poner contra las cuerdas el actual presidente, Joan Soteras, el hombre de paja puesto por el ex-presidente Andreu Subies a finales del verano pasado. La guerra acaba de empezar.

Después de seis años al frente de la catalana, Subies traicionó el candidato de Villar, a quien presuntamente había jurado fidelidad, para aliarse con Luis Rubiales a cambio de la vicepresidencia primera de la Federación Española (RFEF). Un cargo que le obligó a residir en Madrid, eso sí, después de dejarlo aquí todo atado y bien atado, traspasando la presidencia a su directivo de más edad y rango, Joan Soteras, mediante unas elecciones en las qué era imposible competir. Convocadas por sorpresa, retorciendo las normas y controlando la junta electoral por el aparato federativo construido por Subies, una superestructura de mando y de poder que incluye el entorno mediático y el feudalismo federativo como modelo de gobierno, el candidato Joan Soteras atropelló su único rival, el presidente del Gavà, Iván Carrillo.

El novato consiguió apenas el número de avales suficientes, mientras que el candidato oficial casi llegó al millar de 1.200 posibles. La junta electoral restringió cualquier margen democrático anulando los necesarios para que Soteras fuera proclamado presidente, tal como estaba previsto.


UN REINO QUE SE HUNDE

Seis meses después, el mundo feliz en el cual Joan Soteras reinaba con soberbia y sobreprotección desde la sombra del todopoderoso Andreu Subies se está derrumbando. La Audiencia Nacional lo ha cazado prácticamente con las manos en la masa, a él, al ex-directivo Josep Contreras y al ex-secretario de la FCF, Albert Baza, cosa que ha arruinado el prestigio de la Federación. La instrucción, además, ha destapado graves indicios de delitos penales de suficientes peso como para que el mismo Rubiales antepusiera la defensa de su presidencia a la presunción de inocencia aplicada sobre su vicepresidente Subies, del cual ya se ha deshecho fulminantemente.

Joan Soteras, por lo tanto, se ha quedado sin escudo y sin padrino, al frente de una presidencia y una Federación que Andreu Subies vuelve a necesitar como el aire que respira para las operaciones de defensa de su causa y contra los peligrosos enemigos que se está ganando. Cómo sea, Soteras tiene que mantener a salvo el único refugio que le queda a Subies.


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